Agarrado a la vida

Mi padre siempre ha sido un hombre de salud férrea, casi insultante para las personas que le rodeamos porque apenas le he conocido un simple resfriado. Es un hombre robusto, alto, fuerte y según las mujeres bien parecido. Vivió la época de la guerra civil siendo apenas un niño y aunque no pasó hambre por la situación privilegiada que tenía mi abuelo (era guarda forestal de ICONA), sí que sufrió carencias propias de la situación que les tocó vivir.

Padre

Ha pasado el resto de su vida luchando por cosas que le llegaron casi impuestas en el concepto de la época, se vio enseguida con una familia amplia que dependía de él, de un trabajo, una casa y seguramente de unas inquietudes que no ha llegado a desarrollar. Recuerdo que cuando yo tenía unos 3 años, me sentaba encima de él para que me enseñara a leer y a escribir, de hecho, llegué a 1er curso de lo que entonces era EGB sabiendo leer y escribir perfectamente, cosa impensable para cualquier niño, con lo cual me gané automáticamente el cariño de una profesora que no paraba de darme besos y decirme lo guapa y lo lista que era.

Mi padre por aquella época era una persona severa, incluso de mal genio, pero yo le veía con otros ojos, con la admiración de una persona que continuamente tiene un libro entre las manos y se encuentra en una continua búsqueda de algo apenas identificable. No puedo decir que hayamos tenido una relación fluida con él, ni siquiera recuerdo cuando empecé a dejar de darle el beso de buenas noches, pero sé que con sus ojos azules y su pelo blanco, una parte de nosotros sigue estando en él.

Me planto de manera selectiva en lo mejor que me ha dado, no el cariño físico pero sí en el silencioso, en notar su preocupación cuando hemos tenido un problema, en sus largas jornadas laborales para que no nos faltara de nada. Me quedo con sus discursos de Navidad y sus sesiones de guitarra, en definitiva me quedo con la persona que es, y aunque crea que a veces se ha equivocado, no sé si yo lo hubiera hecho mejor.

Ha estado un mes muy enfermo, el ni siquiera ha sido consciente de esa gravedad, y es posible que precisamente haya sido eso lo que ha hecho que su recuperación haya sido asombrosamente positiva. Estos días de hospital han sido duros para mí porque por primera vez en mi vida le he visto vulnerable. Ya no es aquel padre severo, es otra persona, alguien distinto al que apetece conocer de manera retroactiva, sin emitir juicios de valor, sin condenas y entendiéndolo desde que apenas desarrolló la capacidad de pensar.

Ahora sé que es mayor, y que un día se irá, pero sé que de momento sigue aferrado a la vida y mantiene las ilusiones que hacen falta para seguir hacia adelante.

Me quedo con una de sus frases » cuando quieres a alguien no hace falta darles las gracias, porque lo que hace, lo hace sin esfuerzo», para mí es un referente y lo admiro profundamente.

Desde aquí quiero dar las gracias a todos los que me habéis ayudado en éste proceso, y lo escribo desde la emoción de saber que no estoy sola, que cuento con muchos de vosotros y que tenéis una calidad humana que supera incluso las expectativas de cualquier persona hubiera depositado en un momento así. Ojalá que nunca tenga que devolveros la dedicación que habéis tenido en momentos tan delicados como el que he pasado con mi padre, querrá decir que en vuestras vidas estos episodios de tristeza no existen.

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