El hablar del hermano Ser

Cuando empecé el curso de psicología de la autorrealización conocí, gracias a mi maestro, el Trabajo de Gurdjieff y de algunos alumnos suyos, como Ouspensky y sus Fragmentos de una Enseñanza Desconocida. La obra de Gurdjieff está reunida en diez libros bajo el nombre de “Del Todo y de Todas las cosas”, estos libros se estructuran en tres series (3+3+4):  “Relatos de Belcebú a su nieto” compuesto de tres libros, “Encuentros con Hombres Notables” de tres libros y  La Vida es Real sólo cuando Yo Soy, obra inacabada de 4 libros. También realizó coreografías sobre los movimientos y las danzas sagradas y compuso alrededor de 300 piezas músicales.

Gurdjieff fue un Maestro esotérico controvertido que enseñó un nuevo camino basado en sus investigaciones realizadas tras sus viajes con los Buscadores de la Verdad por los lugares tradicionales de la antigua tradición esotérica. Después de retornar de sus viajes por Asia, y de tomar contacto con la mítica Hermandad Sarmung, formuló su doctrina del Cuarto Camino basada en la unión de los tres caminos tradicionales: el camino del fakir, el camino del monje y el camino del yogui. El camino del yogui está cimentado fundamentalmente en el dominio del cuerpo físico, el camino del monje se centra en la devoción a lo Superior y el desarrollo del cuerpo afectivo, y el camino del yogui en el desarrollo del cuerpo mental y la búsqueda de la Verdad. El Cuarto Camino pretende el dominio simultaneo de los tres cuerpos, tal como Antonio Blay describe tan acertadamente con su triada de la Inteligencia – Amor/Felicidad – Energía.

En el libro de Encuentros con Hombres Notables, donde se muestra la vida de Gurdjieff desde su infancia, aparece una nota de los traductores que resume muy bien algunas de las peculiaridades del Maestro Armenio. He aquí la nota:

«LA OBRA de Gurdjieff es múltiple. Pero, cualquiera que sea la forma a través de la cual él se exprese, su palabra es siempre una llamada.
Llama porque sufre por el caos interior en el cual vivimos.
Llama para hacernos abrir los ojos.
Nos pregunta por qué estamos aquí, qué es lo que queremos, a qué fuerzas obedecemos. Nos pregunta sobre todo si comprendemos lo que somos.
Quiere que lo cuestionemos todo.
Y porque insiste, y su insistencia nos obliga a contestar, se establece entre él y nosotros una relación que es parte integrante de su obra.
Durante casi cuarenta años esta llamada resonó con tanta fuerza que, desde todos los continentes, unos hombres acudieron a él.
Pero acercársele era siempre una prueba. Frente a él, toda actitud parecía artificial. Fuese ella de excesiva deferencia, o por lo contrario de pretensión, desde el primer instante se veía destrozada. Caída la actitud, no quedaba sino una criatura humana despojada de su máscara y sorprendida por un instante en toda su verdad.
Experiencia despiadada e imposible de soportar para algunos.
Éstos no le perdonaban haber sido desenmascarados y una vez fuera de su alcance, buscaban justificarse por todos los medios. Así nacieron las leyendas más extravagantes.

Gurdjieff

El propio Gurdjieff se divertía con esos cuentos. Llegaba incluso a provocarlos si era necesario, aunque no fuera sino para deshacerse de los simples curiosos, incapaces de comprender el sentido de su búsqueda.
En cuanto a los que habían sabido aproximarse a él y para quienes este encuentro había sido un acontecimiento decisivo, toda tentativa para describirlo les parecía irrisoria. Por eso los testimonios directos son tan raros.
Sin embargo, la persona misma de Gurdjieff es inseparable de la influencia que no ha dejado de ejercer. Es legítimo, pues, querer conocer lo que fue su vida, por lo menos en sus líneas esenciales.
Por eso, los alumnos de Gurdjieff han estimado necesario hacer públicos estos relatos, concebidos al principio para ser leídos en voz alta en un círculo restringido de alumnos y de invitados. Gurdjieff habla en ellos del período menos conocido de su existencia: su infancia, su adolescencia y las primeras etapas de su búsqueda.
Pero si Gurdjieff se relata, es para servir su verdadero designio. Vemos claramente que no se trata de una autobiografía en el sentido estricto de la palabra. Para él, el pasado no merece ser narrado sino en la medida en que es «ejemplar». Lo que él sugiere en estas aventuras no son ejemplos para imitar exteriormente, sino toda una manera de ser frente a la vida, que nos toca directamente y nos hace presentir una realidad de otro orden.
Porque Gurdjieff no era, no podía ser, solamente un escritor. Su función era otra.
Gurdjieff era un maestro.
Esta noción de maestro, tan corriente en Oriente, prácticamente no ha sido recibida en Occidente. No evoca nada preciso, su contenido es de lo más vago, por no decir sospechoso.
Digamos que, según los conceptos tradicionales, la función del maestro no se limita a la enseñanza de las doctrinas, sino que significa una verdadera encarnación del conocimiento, gracias a la cual el maestro puede provocar un despertar y, por su presencia misma, ayudar al alumno en su búsqueda.
Él está allí para crear las condiciones de una experiencia a través de la cual el conocimiento podrá ser «vivido», tan totalmente como sea posible.
Es la clave misma de la vida de Gurdjieff.
Al regresar a Occidente, trabaja sin descanso para constituir a su alrededor un círculo de hombres decididos a compartir con él una existencia enteramente dedicada al desarrollo de la conciencia. Él les expone sus ideas, anima y apoya su búsqueda y los lleva a la convicción de que, para ser completa, su experiencia debe ser realizada simultáneamente sobre todos los aspectos del ser humano: es la idea misma del «desarrollo armónico del hombre» de la cual él quería hacer la base de ese «Instituto» que durante muchos años se esforzó por construir.
Para alcanzar esta meta, Gurdjieff debió librar una lucha encarnizada a través de las dificultades acumuladas por la guerra, la revolución, el exilio, la indiferencia de unos y la hostilidad de otros.”

Para finalizar un monólogo impactante de la película basada en la obra «Meetings With Remarkable Men» (Encuentros con Hombres Notables) dirigida por Peter Brook:

“En nuestra Orden
tenemos dos hermanos muy ancianos
uno se llama, Ser.
y el otro: Dice.
Ellos viajan constantemente
de un monasterio a otro, predicando.
Una, o dos vez al año,
vienen aquí.
Eso es siempre…
un grandísimo evento.
Cuando el hermano Dice habla…
es como el sonido
de los pájaros en el paraíso.
El hablar del hermano Ser
tiene el efecto opuesto,
él habla de mala manera,
e indistinguible.
La fuerte impresión que deja
el hermano Dice…
se evapora rápidamente
hasta que no queda nada.
El hermano Ser,
apenas causa impresión,
Pero lo que dice, penetra en el corazón,
y permanece allí.
Entonces llegamos a la conclusión…
de que los sermones del hermano Dice,
vienen directamente de su mente.
y actúan en nuestras mentes.
pero los del hermano Ser
vienen directamente de su ser.
y actúan en nuestro ser.”

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