Música libre a través de manos libres

Este es un post difícil para mi, hablar sobre la música es algo que nunca se me ha dado nada bien, no le presté la atención que se merecía, pero como principalmente mi motivación de este blog es plasmar lo que tiene que enriquecerme interiormente pues prefiero encauzarme en esta ardua batalla que no quedará en un simple intento. Hablar sobre la música es decir poco sobre ella, nunca se podrá hablar lo suficiente porque la mente no es el instrumento más adecuado para entender el tono y el ritmo, para eso tenemos al corazón, y no me refiero a ese maravilloso órgano que desprende una melodía minimalista, me refiero al mundo de los sentimientos, que es mucho mundo.

Desde pequeño he visto a mi padre disfrutar con la música clásica, mientras la escuchaba imitaba a un director de orquesta y se sentía uno con la música, aun lo sigue haciendo cuando requiere la ocasión y aunque de pequeño me hacia sentir ridículo, cuando supe cual era el origen real de esa afición empecé a entender un poquito más y a sentirme más a gusto mientras lo veía mover sus brazos enérgicamente al compás de la música. Sus abuelos, es decir mis bisabuelos, estuvieron muy relacionados con la música, mi bisabuela que se llamaba Rafaela – de hecho mi padre se llama Rafael por ella – era cantante de zarzuela y mi bisabuelo era cantante de ópera y pianista. Mi abuelo, padre de mi padre, creció rodeado de la aureola de la música y sabía tocar un poco el piano, cuando mi bisabuelo murió mi abuelo heredo su piano que permaneció durante un tiempo en la Torre Llampada pero como pasaron bastante hambre durante los comienzos de la dictadura española no tuvo más remedio que cambiar el piano por una bicicleta, la necesitaba para trabajar. Como muy bien decía A. Maslow hasta que no cubres tus necesidades elementales no puedes pretender enriquecer tu vida con necesidades más trascendentes, es la pirámide de Maslow, que le vamos a hacer. Así que el interés por la música en mi familia fue decreciendo generación en generación, pasando de ser profesionales y virtuosos de la música a tener un total desconocimiento de ella, como es mi caso.

Cuando conocí a mi Maestro me enteré que tenía una relación intensa con la música, de hecho es Grado Superior de Violín por el Conservatorio de Música de Barcelona, poco después, cuando formamos el grupo de Trabajo en mayúsculas, conocí a un compañero que era músico, había trabajado en la orquesta de RTVE y tuve el honor de escucharle tocar la flauta travesera en un cursillo de fin de semana que se celebró en Asturias a principios de este año. El día que conocí a mi maestro me preguntó si me gustaba la música clásica, yo por supuesto le dije que si, en aquel entonces no sabía de lo que es capaz un personaje por representar su papel, pues bien, me recomendó una sinfonía de Anton Bruckner, la sinfonía nº 8 dirigida por Sergiu Celibidache, un extraordinario director de orquesta Rumano que le iba como anillo al dedo. No tardé en localizar el CD, como todo aquello que me propongo, divina Voluntad, divino tesoro. Ahora, hace escasos días, me compré una guía visual de música clásica con el propósito de introducirme en ella hasta donde llegue.

Celibidache

A Antón Bruckner (1824 – 1896) no se le ha hecho justicia hasta hace poco tiempo, no es tan conocido por el público profano como lo son otros, Mozart, Beethoven, y tantos más que han extendido a las personas de a pie el gusto que ya tenían los doctos. Bruckner nació y murió en Austria, sus estudios musicales llegaron hasta los cuarenta años y no fue hasta esa edad que empezó sus labores creativas con su primera obra, la Misa de Réquiem en Re menor, eso es una de las cosas de su vida que me dan fuerza, se puede empezar a ser creativo más allá de la cuarentena, en cualquier ámbito que te propongas.

Bruckner estuvo muy influido por Wagner, en aquel entonces Viena estaba dividida entre Richard Wagner y Johannes Brahms, y Antón se decantó por el primero, así que algunos que eran muy críticos con Wagner se cebaron bastante con el bueno de Bruckner. La admiración por Wagner se inició en 1865, cuando se queda maravillado escuchando Tristan e Isolda en Munich, y a partir de ahí adoptó algunas de las innovaciones de Wagner en sus obras. De hecho la perspectiva de la música de Wagner y Bruckner era muy avanzada para su época en contraposición con la música de Brahms que era más conservadora, más propia del romanticismo. Bruckner expandió la longitud y la gama armónica de temas y su desarrollo, a las clásicas ya existentes. Tuvo algunos alumnos, entre ellos  Hugo Wolf, Gustav Mahler y Hans Rott – la música de Mahler tuve ocasión de conocerla años atrás, gracias a un amigo alpinista.

Bruckner

Bruckner compuso nueve sinfonías, la última inacabada, también música de cámara, música religiosa y obras corales a capella. Bruckner era una persona religiosa, de carácter retraído, y es considerado un místico, de hecho el índice de cambio gradual otorga a su música su afamado carácter trascendental o sobrenatural, su adagio de la nº 8 es un buen ejemplo que al escucharlo te eleva a niveles espirituales. Por eso no me sorprende que Celidibache haya sido un especialista en interpretar a Bruckner, el director rumano fue espontáneo y extravagante al dirigir sus orquestas, su interés estaba primordialmente en crear, en cada concierto, las condiciones precisas para que se diera lo que el llamaba una «experiencia trascendental». Celidibache estuvo muy influenciado por el Zen. Un maestro Zen definió al director como “música libre a través de manos libres”.

3 comentarios sobre “Música libre a través de manos libres”

  1. A mi la musica me favorece para entrar» en situaciones de alegria, o de paz ..sobre todo cuando el dia se presenta un poco embrollado..,debo clasificarla para cada momento..siento que las notas musicales «entran» de un modo preciso justo ahi donde descubro «el cortocircuito» y ..AHHH!! luego me ayuda a traer de nuevo la calma….yo soy bastante exigente con los autores …pero no es solo el clasico…tambien lo moderno y contemp…y a veces la letra de una cancion, puede ayudarme a «ver mas claro» por el momento que estoy pasando….Bueno , para mi la musica es mi compañera inseparable……pero tambien el silencio…Que es «la otra musica»

  2. Descubrir a Brukner fue como encontrarme sumergida en mi propia alma. escucharlo me transporta a un tiempo espacio que solo mi interior conoce. Mis emociones se mimetizan con cada cadencia con el devenir de una música del alma

  3. Hola Emilce. Celebro tu descubrimiento y tus sensaciones con la música de Bruckner. Aprovecho para desearte a ti y a todos los lectores unas felices fiestas.

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