Un cajón de calcetines

Cada semana es la misma historia, una y otra vez el mismo proceso, el mismo ritual de doblar la ropa. Olor a suavizante inunda el comedor mientras me hago la tarea más amena y comparto la experiencia con alguna película de turno. Interminables anuncios que amenazan al más osado y paciente espectador. Repeticiones que no pueden presumir o tildarse de clásico, actores desconocidos, protagonistas de un domingo por la tarde y de los que no conseguiré recordar ni siquiera el nombre.

Calcetines

Acepto resignadamente lo que hago e intento que la ropa adopte una forma encajable en el armario y entonces, de repente, aparecen ante mí unas piezas pequeñas y con forma un tanto extraña. Busco la mejor manera de doblarlas y recuerdo que mi madre siempre hacía una especie de inserción de una pieza en la otra, como si fuera engullida. Entonces me asalta una duda…., mi suegra los dobla de otra manera, no están tan recogidos pero quedan más planos en el cajón, quizás….más curioso?, no lo sé. El problema se presenta de repente!, algunos calcetines me quedan desenparejados y tengo la oscura teoría de que mi lavadora se los queda. No tiene sentido, si todo va a parar a sus entrañas como es que ya no salen?… es entonces cuando los dejo apartados y van a parar al cajón especial de calcetines perdidos, donde se van amontonando con la esperanza de que algún día la dichosa lavadora decida vomitarlos.

Podría guardar junto con esos calcetines algunos de mis sentimientos de rabia, impotencia, inseguridad… quizás a la espera de que apareciera la sensación contraria a todo eso, algo que equilibre la balanza y me haga sentir que todo está en su sitio. Que todo se conserva mejor que el pequeño caos que hay montado en mi cajón de calcetines.

Pero tengo que aprender a querer mi naturaleza y esperar de manera espontánea que todo se coloque en su sitio, que las cosas tienen un sentido y que cuando menos te lo esperas tu pequeño puzzle se completa. Entonces te das cuenta de que aquellas piezas que parecían insignificantes suponen un triunfo devastador.

4 comentarios sobre “Un cajón de calcetines”

  1. Doblar los calcetines como nuestra madre… la suegra los dobla diferente, tal vez una amiga de otra manera distinta a las dos mujeres anteriores… Si cambiáramos la forma en que doblamos los calcetines, ¿sentiríamos que estamos traicionando a alguien, o algo?
    ¡Atrevámonos! ¡Doblemos los calcetines de muchas maneras y quedémonos con la que mejor nos acomode!
    Y si luego decidimos cambiar de nuevo ¡cambiemos!

    Un abrazo

  2. El misterio de los calcetines, es comparable al de los mecheros, unos desaparecen, y otros sin saber de dónde, aparecen como por arte de magia. Que bueno sería, si como tu dices, pudieramos hacer lo mismo con algunos de nuestros sentimientos….muy ocurrente silvia, me ha gustado mucho, besillos.

  3. Gracias chic@s, a veces pienso en voz alta y es bonito ver que alguien vé esos sentimientos. Esta semana he tenido más calcetines desaparejados y casi no me caben ya en el cajón. Seguro que si lo saco encuentro más de una pareja.

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