El conocimiento embotellado

La humanidad ha avanzado mucho en los últimos siglos, sobretodo lo ha hecho en el conocimiento sobre su entorno, y mucha culpa de este avance la tiene para mi la capacidad que hemos demostrado para almacenar información, información representada por medio de signos o lo que es lo mismo mediante la escritura. El despegue hacia la sociedad de la información se inicio cuando pasamos de transferir el conocimiento de forma oral a transferirlo mediante la escritura en distintos tipos de soportes. De hecho la frontera entre la prehistoria y la historia viene marcada por el invento de la escritura, allá por el 3500 antes de nuestra Era. Al principio usábamos como soporte la piedra, pasamos por la arcilla, el papiro, el pergamino, el papel, hasta que en poco menos de unas décadas hubo una revolución tras otra y llegamos a los sistemas de almacenamiento basados en tarjetas perforadas, cintas, disquetes, discos duros, memorias de silicio ROM, CD-ROM, DVD, pen-drives, tarjetas de memoria SD, …

Piedra Roseta

La ciencia actual no sería la misma sin la capacidad de almacenar los conocimientos que han ido alcanzando diferentes personajes ilustres por medio de su observación y razonamientos. La ciencia se basa en un conocimiento progresivo y acumulativo, lo nuevo siempre tiende a sustentarse sobre aquel conocimiento científico que ha perdurado como válido, como aceptado por la comunidad científica, y si esté conocimiento base no hubiera perdurado en soportes posiblemente siempre tendríamos que estar en espera de que surgieran personas muy observadoras y racionales que volverían a “inventar la rueda”, lo más básico. Quiero poner como ejemplo a Eratóstenes (273 adC – 194 adC), un sabio griego que fue el tercer director de la antigua Biblioteca de Alejandría. Eratóstenes con sus razonamientos y sustentado con una base de conocimientos científicos menor que la actual fue capaz de medir la longitud de la circunferencia de la Tierra, sino hubieran perdurado algunos fragmentos de su obra Geografiká, Kleomedes no los hubiera recuperado 200 años después y no hubiera llegado a nosotros su maravilloso razonamiento.

Eratóstenes conocía un hecho significativo que se producía periódicamente en la ciudad de Siena que actualmente se conoce como Asuán, un día del año los objetos no originaban prácticamente sombra, además en el agua de los pozos se reflejaba la luz del Sol, esto le hizo pensar que los rayos del lejano Sol eran perpendiculares a la superficie de la Tierra. Gracias a las nociones geográficas de latitud y longitud, probablemente introducidas por Dicearco, sabia que esto significaba que Siena estaba situada aproximadamente sobre la línea del Trópico y su latitud era la de la eclíptica (plano de la orbita de la Tierra alrededor del Sol). Hoy sabemos que ese fenómeno dado en el Tropico de Cancer un día del año indica el solsticio de verano. Entonces a Eratostenes se le ocurrió que si ese mismo día tan especial en Siena pudiera conocer la sombra de una columna en otro lugar que se encontrase sobre el mismo meridiano, y si supiera la distancia entre los dos lugares, podría averiguar las dimensiones de la Tierra. Supongo que se inspiró en el método de los triángulos rectángulos semejantes de Tales de Mileto, que cuatrocientos años antes había medido la altura de la gran pirámide de Keops con este método. Escogió Alejandría como el lugar para medir la sombra y cuenta la leyenda que consiguió saber la distancia entre las dos ciudades con la ayuda de varias caravanas que hacían este recorrido y que lo midieron contando las vueltas que daban las ruedas de los carros.

El esquema que demuestra como midió Eratóstenes la dimensión de la circunferencia de la Tierra y por extensión también el radio de esta es el siguiente:

Eratostenes

El ángulo ? resultó de unos 7,2 º y la distancia l de unos 5.000 estadios, que gracias a Plinio hoy sabemos que un estadio equivale a 157,5 metros.  Por la semejanza de triángulos y aplicando una sencilla regla de tres midió la circunferencia de la Tierra:

?     ———– l
360 ———– x

Donde x equivalía a unos 250.000 estadios, es decir unos 39.375 km, que se aproxima mucho a las dimensiones que hoy conocemos; la circunferencia de la Tierra en el ecuador mide 40.075 km.

Humildemente tengo que decir que sino hubiera sido por los libros y por los profesores que estudiaron de los libros, y que me enseñaron a mi, no creo que yo hubiera sido capaz de llegar a las conclusiones que llegó Eratóstenes hace más de dos mil años, y no hablemos de otras, como las leyes de Newton o la teoría de la Relatividad de Einstein. Por eso pienso que la humanidad ha evolucionado gracias a ese conocimiento colectivo que fueron descubriendo grandes hombres y que quedaron plasmados en los libros, y que el hombre “medio” sería el mismo desde hace miles de años sin los libros. Y por eso doy gracias que de vez en cuando aparezca un lumbreras que nos ilumina con su inteligencia y su capacidad de penetración en los misterios de la Realidad, y gracias por los libros, gracias todas.

Un comentario sobre “El conocimiento embotellado”

  1. Es cierto que si no fuera por unos cuantos iluminados seguramente estaríamos a medio camino de donde estamos, en cualquier caso, tampoco sabemos como Eratóstenes, llegó a las conclusiones de las que nos hablas, seguramente alguien le pusiera en el camino a través de estudios o escritos y el acabara de concretar con un resultado muy útil para los tiempos que corren.
    Yo creo que en este mundo las conclusiones a las que los grandes autores, estudiosos, filósofos, científicos, etc. han llegado, no es más que la suma de pequeños pasos que otros dieron con anterioridad y a los que estos acabaron dando forma y resultado.

    Bienaventurados aquellos que son capaces de hacer útiles sus pensamientos.

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