Homoousion

Hoy voy a continuar el proyecto Umin el cual lo había dejado en los posts sobre los métodos de datación. En el post de hoy hablaré sobre El Evangelio de Juan dejando claro un poquito más cuál va a ser el hilo conductor de este proyecto. Sin ser cristiano considero este Evangelio como uno de los libros espirituales más fascinantes que existen porque contiene algunos pasajes muy bellos, aunque también se dan otros que probablemente fueron utilizados para llevar a cabo el propósito que tuvo la Iglesia Católica desde sus comienzos.

Lo primero que hay que recordar es como fueron escogidos en el Concilio de Nicea los Evangelios que formaron parte del Nuevo Testamento. En el libro “Mentiras fundamentales de la Iglesia “ de Pepe Rodríguez se comenta que según la tradición existen cuatro versiones:

1) después de que los obispos rezaran mucho, los cuatros textos volaron por sí solos hasta posarse sobre un altar.
2) se colocaron todos los evangelios en competición sobre el altar y los apócrifos cayeron al suelo mientras que los canónicos no se movieron.
3) elegidos los cuatro se pusieron sobre el altar y se conminó a Dios a que si había una sola palabra falsa en ellos cayesen al suelo, cosa que no sucedió con ninguno;.
4) penetró en el recinto de Nicea el Espíritu Santo, en forma de paloma, y posándose en el hombro de cada obispo les susurró qué evangelios eran los auténticos y cuáles los apócrifos.

De estos cuatro evangelios, tres son llamados sinópticos porque tienen muchos pasajes en común: Lucas, Mateo y Marcos; mientras que el Evangelio de Juan sigue una estructura totalmente distinta a los anteriores. A partir del estudio de los sinópticos por estudiosos alemanes del siglo XIX se comprobó que existían muchos pasajes comunes en Mateo y en Lucas que no estaban en Marcos, así esta fuente común entre los dos Evangelios se llamó fuente Q, la primera letra de la palabra alemana “Quelle” que significa fuente. Se han realizado intentos de reconstruir la fuente Q pero siempre resultarán conjeturas. Los estudiosos argumentan que Marcos es el Evangelio más antiguo porque lo menos frecuente es que Mateo y Lucas coincidan con Marcos pero cuando lo hacen coinciden casi palabra por palabra, entre otros argumentos. A los pasajes que sólo aparecen en Lucas se les llama fuente L y a las fuentes que sólo lo hacen en Mateo se les denomina fuente M.

Como he comentado antes el Evangelio de Juan va por libre, contiene muy pocos pasajes que aparecen en los otros tres, y se considera que parte de tres fuentes: la fuente de los signos, la fuente de los discursos y la fuente de la pasión. Este Evangelio se considera el más tardío de los cuatro, cuenta con algunas referencias geográficas incoherentes que dan a entender que quienes escribieron este Evangelio no habían estado en los supuestos lugares que piso Jesús.

Fuentes evangelios

Según Elaine Pagels es un libro que muchos cristianos gnósticos reivindicaban para sí y utilizaban como fuente principal para la enseñanza gnóstica. Los gnósticos eran unos cristianos que consideraban que Dios se encuentra dentro de cada uno de nosotros y no es necesario ningún intermediario externo para llegar hasta Él, es decir ninguna Iglesia ni ningún obispo. Pero está claro que si fue elegido como ortodoxo por la Iglesia en su primer concilio algo debieron encontrar en sus pasajes que contribuyeran a la supremacía de esta. Uno de los motivos pudo estar en el pasaje siguiente:

Tomás: ”Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?”
Jesús: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí”

Según E. Pagels con este pasaje se da a entender en su contexto contemporáneo que sólo se llega a Dios a través de Jesús, a diferencia del Evangelio de Tomás – un Evangelio apócrifo y gnóstico – que anima a buscar el conocimiento de Dios a través de nuestra propia capacidad. Investigaciones de Pagels sugieren que el Evangelio de Juan surgió en oposición al Evangelio de Tomás, como si dos sectas cristianas estuvieran en conflicto. Los movimientos gnósticos se resistían a que se formara una autoridad clerical ya que para ellos la salvación no dependía de ningún poder externo sino que se daba al conectar con la divinidad que todos llevamos dentro. Para la Iglesia primitiva era un mal negocio lo que los gnósticos proclamaban, era un peligro para la supervivencia de la autoridad clerical que los gnósticos estimularan la insubordinación ante el clero.

Pero no sólo por eso parece que fue elegido este Evangelio. En el Concilio de Nicea se discutió sobre el concepto Homoousion, que significa consustancial o de la misma naturaleza, es decir el Hijo es consustancial con el Padre o de la misma naturaleza que el Padre. Esta palabra fue utilizada dogmáticamente para expresar la divinidad de Jesús en respuesta al arrianismo, una de las corrientes cristianas que tenía más fuerza en aquella época y que era considerada por los protoortodoxos como corriente herética porque creían que Jesús era un ser humano no divino, una especie de profeta. De los cuatro Evangelios no existe ninguno que hable tan claramente sobre la divinidad de Jesús como lo hace el de San Juan. En los otros Evangelios llaman a Jesús “hijo de Dios”, “hijo de hombre” o “Mesías” pero en aquella época estas denominaciones indicaban roles humanos, no divinos. Mientras en Juan cuando Tomás reconoce a Jesús resucitado exclama: “¡Señor mío y Dios mío!”, o cuando los judíos intentan matar a Jesús lo justifican con la acusación “porque siendo tú, como eres, hombre, te haces a ti mismo Dios”, o cuando se dice que Jesús es el “Hijo Unigénito” de Dios, entre otros ejemplos. Para Pagels, si los Evangelios sinópticos se hubieran unido por ejemplo al Evangelio de Tomás, en lugar de al de Juan, los primeros tres Evangelios hubieran sido leídos de una manera un tanto diferente, se hubiera creído en un Jesús humano. El Concilio de Nicea culminó con la proclamación de que Jesús es “Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero”.

Así los proto-ortodoxos, que consideraban a Jesús divino y humano, siendo un solo ser, acabaron imponiéndose a las demás creencias cristianas que tildaron de heréticas. Para los proto-ortodoxos Jesús había transmitido su verdad salvadora a los apóstoles y había encomendado a Pedro que fundara su Iglesia. En el Evangelio de Juan después de su resurrección Jesús recuerda de nuevo su papel a Pedro cuando le dice: «apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas», donde apacientar en términos bíblicos es gobernar (Hechos 20,28). A partir de estos pasajes la Iglesia católica hizo especial énfasis en que los obispos y sacerdotes eran los auténticos sucesores de los apóstoles, preservadores de la verdad salvadora, proclamándose como los únicos intermediarios entre Dios y el hombre. Como en el siglo IV, política y religión eran inseparables, al Emperador Constantino le fue como anillo al dedo que una religión de estas características se empezara a imponer a las restantes y no dudó en apoyarla en el Concilio de Nicea, porque un imperio con múltiples religiones era un imperio fragmentado, más difícil de gobernar. Después del Concilio de Nicea el lema de Eusebio de Cesárea: “Un Dios – un emperador; un imperio – una fe (credo)” se unió al de Ignacio de Antioquia: “Un Dios, un obispo” para crear la unidad entre la Iglesia y el Estado que ha perdurado durante tantos siglos.

Un comentario sobre “Homoousion”

  1. Tengo un libro en que defiende a los proto-ortoxos como verdaderos iniciadores de la Verdad de los 27 libros que comoponen el Nuevo Testamento.

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