Una etapa ha terminado, y ha llegado la hora de que empiece otra

Una etapa ha terminado, y ha llegado la hora de que empiece otra

En estos tiempos que empiezan a ser convulsos, donde la crisis ya empieza a ser una realidad en muchos hogares y en muchas empresas, se hace complicado mantenerse sereno y con la mente clara, con la mente despejada. Hay múltiples escenarios que ya se dan y que se darán, desde el típico ERE porque el consumo ha bajado y hay que desprenderse de parte de la mano de obra para no caer en una sobreproducción, hasta compras y fusiones entre empresas para poder responder mejor en un mercado donde sólo los fuertes sobreviven, donde sólo algunos son capaces de darle al Capital lo que pide según su naturaleza: el máximo beneficio. En todas esas situaciones, situaciones de cambio, de incertidumbre, todo el mundo sufre en menor o mayor medida, todos son marionetas del Capital, incluidos aquellos que se ven muy arriba, muy importantes – que se ven libres -deben actuar de acuerdo a los postulados del Capital, sino están fuera del sistema; pero sobre todo sufren aquellos que no son propietarios de los medios de producción, que se encuentran con la única arma estratégica de pasar a la cola del paro y de buscar un trabajo que les proporcione ilusiones renovadas. Personalmente, esta situación no es lo que más triste me pone, sino el conflicto interior, ese miedo, que surge en estos periodos de crisis y que se manifiesta en el exterior de muchas formas, pero sobre todo con violencia, con esa irracionalidad que en tiempos tranquilos se mantiene oculta, postergada, controlada o reprimida, sobran las palabras. Un servidor se sorprende porque pensaba que estaba medianamente bien en ese aspecto y se da cuenta que no, que le queda mucho camino por recorrer, y lo único bueno de todo, es que en estos momentos se dan las circunstancias adecuadas para ponerse a prueba e iniciar una renovación interior de las de verdad, la vida es el laboratorio donde nos ponemos a prueba.

Ya estoy acabando un libro, cortito y directo, que se llama “Los Cuatro Acuerdos”. Al leerlo me doy cuenta que no se puede bajar la guardia; el conflicto, los estúpidos malentendidos, surgen cuando nos olvidamos que nosotros no somos esos pensamientos que resuenan en nuestro interior, el monólogo o el diálogo interior, las diferentes formas que se dan en nuestra consciencia, nos identificamos con unas, confundiendo nuestra identidad con ellas mismas y enfrentándonos con otras formas que rechazamos, nos tomamos lo que nos dicen esas formas, lo que nos cuentan esas ideas contrincantes, como algo personal, olvidando que todo lo que se da a nivel personal son parte de los acuerdos que fuimos asumiendo desde muy pequeños, de cada uno de nosotros, y que cada uno vivimos nuestro propio sueño, con nuestros acuerdos particulares, con nuestras creencias, con nuestro artificial modelo de nosotros mismos y del mundo. Mientras seguimos en ese sueño sólo hablamos con nosotros mismos, no vemos más allá, no hay nadie más, sólo formas en constante lucha, nos afiliamos a unas para enfrentarnos a otras. Cuanto tengo que aprender, afortunadamente siempre nos queda enmendarnos y comenzar de nuevo, sin seguir dándole vueltas a las ideas, sin seguir dándole vueltas al pasado, sin buscar enfrentar ese pasado imperfecto con un ideal perfecto y maravilloso que siempre está por darse y que nunca llegará.

En estos tiempos de crisis, de incertidumbre, donde el monólogo interior se acelera descontroladamente, toca apaciguar la mente, serenarse, retornar a la fuente, al centro, más allá de las representaciones – los objetos de la consciencia donde no somos – toca salir del sueño y darnos cuenta de que nos damos cuenta. Hasta otra, nos vemos en el silencio, donde no hay espacio ni tiempo para los papeles que creemos ser, donde no hay margen para esa imagen ficticia, volátil, inconexa con nuestra conducta exterior, que pretendemos vender de nosotros mismos a los demás.

Antes de que se me olvide, os dejo un enlace de un libro que también merece la pena leer, Juan Salvador Gaviota, con fotos muy bellas que ilustran la obra. Tengo mucho trabajo por delante, nos vemos.

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