La libertad de pensamiento

Soy una persona aconfesional, no profeso ninguna religión institucionalizada. Aunque soy muy respetuoso con las religiones, considero que las personas extremadamente dogmáticas que han alcanzado el poder han hecho y hacen mucho daño a la humanidad. Prefiero seguir una senda espiritual personal atendiendo a todo lo bueno que puedo encontrar en muchas religiones, líneas de trabajo espirituales o de crecimiento personal, buscando lo que nos une como seres humanos, no lo que nos separa. Me atrae el budismo porque uno de los fundamentos de esta filosofía es intentar no irritarse nunca con nadie, ni sentirse afectado, cuando contradicen sus textos, que para ellos no son dogma a diferencia de lo que sucede en el islamismo, judaísmo, cristianismo y otras religiones. Para la Shanga, o comunidad budista, por encima de lo escrito está el estado interno de la persona, la paz interior, además en el Budismo Tibetano S.S. Dalai Lama siempre ha estado interesado por los avances que la ciencia moderna está consiguiendo y dice que cualquier creencia budista que la ciencia demuestre como errónea entonces el budismo tendrá que cambiar en ese punto porque el budismo por encima de todo comparte con la ciencia la búsqueda de la verdad. Sin embargo el cristianismo a lo largo de los siglos ha sido muy intransigente con las personas que no creían en su doctrina, así muchas personas que se atrevieron a contradecir a la institución cristiana fueron torturadas y asesinadas. A diferencia de los budistas, el proselitismo en el mundo cristiano ha sido muy evidente, empezando por el apóstol Pablo que hizo grandes expediciones apostólicas desde Antioquía hasta Jerusalén para convertir a los gentiles al cristianismo – los gentiles eran paganos, es decir comunidades no judías, que se convirtieron al cristianismo – y acabando por los misioneros españoles que fueron a evangelizar a los habitantes del Nuevo Mundo sin respetar ni interesarse por la antigua cultura y creencias de los nativos.

Los católicos mediante la inquisición hicieron verdaderos estragos, menos fanatismo hubo entre los reformistas protestantes aunque no se libran del todo, es suficiente con recordar a Miguel Servet, el científico español que fue quemado por orden explicita de Calvino porque dudó del dogma de la Trinidad o las mujeres que fueron quemadas en la hoguera acusándolas de brujas, un ejemplo famoso lo tenemos en el Juicio de Salem donde fanáticos puritanos, un grupo protestante, acusaron y juzgaron aproximadamente a 200 personas y quemaron a docenas de ellas. Creo que siempre pondré en cuarentena la actitud de los que se empeñen en salvar mi alma con sus dogmas sin preguntarme siquiera, ellos lo tienen tan claro que no creen que sea necesaria mi opinión, prefiero esa frase que dice “cuando el alumno está preparado el Maestro aparece”, es el alumno según su nivel evolutivo el que tiene que decidir su búsqueda, no al revés. El año pasado El Vaticano dio a conocer un comunicado donde decía expresamente que solo a través de la Fé católica se puede alcanzar la Salvación, de eso al integrismo no hay mucha distancia, y no me convence.

Afortunadamente el cristianismo ya no asesina como lo hizo en siglos pasados pero todavía tenemos un serio problema en el mundo con el integrismo o fundamentalismo islámico. Considero que un signo claro de progresismo y normalidad en un país es que un país sea un Estado laico o a lo sumo aconfesional, un Estado cuyo gobierno no se adhiera a ninguna religión, ni se deje influir por ellas, y a la vez respete cualquier tipo de pensamiento que no atente a los derechos humanos. Cuando un grupo dogmático e intolerante adquiere tanto poder como para gobernar un país la cosa siempre acaba igual, sólo hay que remitirse a los hechos de la historia de la humanidad para saber que lo que estoy diciendo es cierto, nunca la civilización alcanzó tanto grado de desarrollo como cuando algunos gobiernos permitieron el libre pensamiento, así un buen ejemplo es el periodo de la Ilustración que fue considerado el Siglo de las Luces porque empezó a explicarse el mundo a la luz de la razón y no de las creencias, y un ejemplo contrario lo tenemos en la Edad Media, periodo oscurantista y retrogrado por antonomasia. Hoy en día algunos países siguen mezclando política y religión en sus gobiernos, y no tendría nada en contra de esta circunstancia si no fuera porque no suelen ser modelo de respeto de los derechos humanos.

Para este año deseo que en el Mundo estemos más cerca del artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos donde se proclama que “toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión”.

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