La era de los neo-siervos enchufados a máquinas de dopamina

Manifestación de mineros en la localidad asturiana de Mieres el mes de octubre de 1934.

Manifestación de mineros en la localidad asturiana de Mieres el mes de octubre de 1934. El ejército republicano ondeando la bandera tricolor asesinó a casi 3.000 personas y torturó a miles más.

Cuidado con la tendencia que hay últimamente para que se establezca La III República. República, Monarquía Parlamentaria y Dictadura tienen en común que el poder no emana del pueblo, son manifestaciones de un mismo ente: el Estado. El paso de una a otra sólo responde a lo que requiere la élite en cada momento, según la coyuntura histórica. Las votaciones en las elecciones estatales no cambian absolutamente nada en lo sustancial, nunca lo han hecho, porque las decisiones importantes de un Estado siempre las realizan los mismos, el alto funcionariado civil y militar, que nunca es elegido por el pueblo.

Los que proclaman una u otra tienen en común su estatolatría (adoración al Estado). La verdadera democracia tiene que partir desde abajo. Es en lo local – lo más cercano a las personas – donde tiene que empezar la democracia y fluir hacia arriba, esto es sólo posible si todas las personas mayores de edad se convierten en concejales (no representantes) de sus municipios y se organizan en asambleas, en lo que viene a llamarse Concejos Abiertos y que fue algo singular de los pueblos de la península ibérica desde la Alta Edad Media hasta el siglo XVIII, al margen de la Corona, Iglesia y Señoríos que se enfrentaron durante muchos siglos a las comunidades concejiles para acabar destruyéndolas. No hay que olvidar que en la batalla de las Navas de Tolosa de 1212 fueron las mesnadas concejiles (milicias de los vecinos de los municipios y aldeas) las que decantaron la balanza a favor de las fuerzas cristianas, esto no hubiera sido posible sólo con los ejércitos reales. Las mesnadas concejiles se enfrentaron al Estado musulmán porque querían conservar la libertad y autonomía de sus municipios, de su sistema asambleario, sus tierras y medios de producción comunales, y su derecho consuetudinario en oposición al derecho romano y patriarcal del Estado. El Estado español tardó siglos en conseguir lo que no pudo hacer antes el Estado musulmán, acabar con la libertad local de los pueblos de la península ibérica.

Hoy los Concejos Abiertos siguen existiendo – muy debilitados y desnaturalizados – para aquellas aldeas de menos de 100 habitantes, el Estado ya ha procurado que vayan menguando, con la reforma de la Ley Electoral del 2011 se pasaron de 1000 municipios que se gobernaban por Concejo Abierto a menos de 100. Es obvio que esto sólo puede funcionar óptimamente si los municipios están constituidos por pocos habitantes o habrá que encontrar otra fórmula para las grandes ciudades o volver a repoblar los miles de pueblos abandonados de la península. Fue la emergencia del Estado liberal la que, mediante las varias desamortizaciones del siglo XIX, se apropió de millones de hectáreas de tierras comunales y las vendió a particulares, para poder liquidar sus deudas contraídas en las contiendas militares, sobretodo en la batalla de Trafalgar. La mayoría de la población eran campesinos y al perder las tierras comunales se vieron obligados – después de oponer una resistencia digna pero estéril – a abandonar los pueblos y acudir a las ciudades para venderse como mano de obra asalariada de la industria que quería desarrollar el Estado, para ampliar su poderío militar e intentar recuperar su hegemonía internacional. La revolución industrial ya había sido llevada a cabo anteriormente por el Estado de Gran Bretaña.

La concentración en las ciudades creó auténticas mega-colonias industriales y dificultó que los ciudadanos – el proletariado como se llamó al excampesinado a partir de entonces – se organizaran y pudieran recuperar el gobierno local del pueblo. La ideología de la competencia, el dinero, los partidos políticos de izquierdas y derechas, el desarrollismo o culto ciego al progreso industrial que estaba tanto en la ideología derechista como en la izquierdista, la especialización, el trabajo asalariado obligado a punta de bayoneta por los Espadones, el individualismo promovido por la nueva industria de la prensa y el adoctrinamiento en las escuelas estatales y burguesas, hicieron el resto para disminuir la calidad humana de las personas e impedir cualquier opción de revolución popular.

La segunda república y el franquismo continuaron con el crecimiento de lo que se había fraguado en el siglo anterior: el desarrollo de la industria, de la banca y el control absoluto del Estado mediante la tecnología y la militarización. Hoy en día mercados y Estado van de la mano y son controlados por los mismos, quien crea que uno y otro están enfrentados que se lo haga mirar, los hechos ocurridos en los últimos años tendrían que ofrecer suficiente luz para entender que el Estado creó a los mercados y que siguen trabajando juntos para un mismo fin: la concentración del poder en unas pocas personas y la llegada de un nuevo mundo feliz huxleyano de neo-siervos enchufados a máquinas de dopamina.

Os invito a leer el siguiente artículo que desmonta algunos de los mitos de la II República española, la cual fue otra dictadura más de tantas del Estado y el capital.LA II REPUBLICA ESPAÑOLA FUE UNA DICTADURA DEL ESTADO Y EL CAPITAL

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