El mito de la tecnología que emancipa

Derrumbamiento del edificio Rana Plaza en Bangladesh

Derrumbamiento del edificio Rana Plaza en Bangladesh

Cada vez está más claro el mito del carácter emancipatorio de la tecnología y la industrialización como la izquierda pro-capitalista hizo creer a los asalariados, era el narcótico espiritual necesario para integrarlos en el sistema. Los hechos demuestran que el capitalismo – sea capitalismo de libre mercado o de Estado – basa la obtención del máximo beneficio en la explotación de la fuerza de trabajo y que un cambio en la estrategia y en las condiciones materiales y tecnológicas implica la necesidad de nuevas capacitaciones en los trabajadores, pero no su eliminación, destruyen puestos de trabajo pero los crean en otros lugares. Las revoluciones industriales acabaron con unas profesiones y crearon otras. Con la globalización muchas corporaciones trasladaron sus fábricas a países del tercer mundo, precisamente por los salarios más bajos y las precarias condiciones laborales. Ahora los países emergentes con peor tecnología que los países más desarrollados están imponiéndose en el mercado internacional, precisamente por la explotación salvaje que infligen a su fuerza de trabajo. Este es uno de los mitos que por ejemplo ha desmontado Félix Rodrigo Mora en su libro «Seis Estudios”, pero hay más autores que ponen en duda la productividad de la tecnología, hay que tener en cuenta sus costes ocultos que nunca se mencionan. La tecnología sirve sobre todo para el ámbito militar y para el control de las personas, también para someter a los trabajadores de forma mecánica a las directrices de la organización y a sus procesos de negocio, sin darle opción al desarrollo de sus capacidades espirituales. El software de las fábricas y de las oficinas es la manifestación del pensamiento de la dirección de una empresa.

En Europa se habla de que es necesaria su reindustrialización, de un nuevo Plan Marshall para reflotar a la economía del continente y poder competir con los países emergentes. En el 2010 la UE inició la estrategia “Europe 2020”, sin demasiado ruido se puso en marcha un plan para mejorar la productividad, reducir los costes e incrementar la competitividad que garantice el empleo y el crecimiento. ¿En la práctica como llevan a cabo esto?. Pues ya lo estamos viendo en los países del sur de Europa, tienen que destruir millones de puestos de trabajo y cuando las personas estén desesperadas y dispuestas a cobrar salarios de 645,30 € brutos mensuales (salario mínimo interprofesional) por 10 horas o más de trabajo entonces se iniciará la implantación de fabricas.

Sobre las condiciones laborales lamentables de los trabajadores en los países que ahora llaman emergentes, en los últimos días hemos conocido el suceso en Bangladesh del derrumbamiento del edificio Rana Plaza de ocho plantas, donde han muerto 340 trabajadores sin ningún tipo de seguridad en sus puestos de trabajo, sin posibilidades de sindicarse y un sinfín de atropellos más. Según activistas de una organización, entre las ruinas del edificio se encontraron etiquetas de El Corte Inglés y Mango, así como de otras empresas. Pero no es el único caso, por ejemplo en enero siete mujeres murieron en el incendio de la fábrica Smart Exports de Bangladesh que producía para empresas como Inditex. Bangladesh está dentro del grupo N-11, denominación usada por el banco de inversiones Goldman Sachs en el 2005 que incluía a los países que se presentaban como economías promisorias para la inversión y para un futuro crecimiento económico.

Hay que tener claro que la explotación del hombre por el hombre va a continuar indefinidamente, mientras sigamos en este sistema depredador fomentado y tutelado por los Estados de todo el planeta. Como dijo Simone Weil: “La fórmula de Marx según la cual el régimen engendraría sus propios enterradores recibe todos los días crueles desmentidos, y por otra parte uno se pregunta cómo Marx pudo creer que un régimen de esclavos pudiera hacer hombres libres. Todavía jamás en la historia un régimen de esclavitud ha caído bajo los golpes de sus esclavos. La verdad es que, según una frase célebre, la esclavitud envilece al hombre hasta hacerse amar, que la libertad es preciosa sólo a los ojos de los que la poseen efectivamente, y que en un régimen completamente inhumano, como es el nuestro, lejos de forjar seres capaces de construir una sociedad humana, modela a su imagen a todos los que están sometidos, tanto oprimidos como opresores.”

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