{"id":919,"date":"2009-05-24T15:21:37","date_gmt":"2009-05-24T13:21:37","guid":{"rendered":"http:\/\/www.upaya.es\/?p=919"},"modified":"2009-05-24T15:21:37","modified_gmt":"2009-05-24T13:21:37","slug":"tratando-de-entender-el-zen-ablay","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.upaya.es\/?p=919","title":{"rendered":"Tratando de entender el Zen (A.Blay)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><img decoding=\"async\" src=\"\/images\/zen2.jpg\" alt=\"Zazen\" \/><\/p>\n<p>Lo primero que nos dicen los maestros del Zen, cuando queremos interrogarles es: \u00abNo esperes en absoluto entender lo que es el Zen; es imposible\u00bb. Y si se les replica que alg\u00fan modo habr\u00e1 de acercarse a \u00e9l, empiezan a utilizar paradojas que llevan de uno a otro desconcierto.<\/p>\n<p>No obstante, buscando lo que se esconde detr\u00e1s de esta primera visi\u00f3n abrupta, podemos entresacar una serie de consecuencias que nos aproximan el Zen. [&#8230;]<!--more--><\/p>\n<p>El budismo sostiene que la causa de los problemas que nos aquejan, y de la distorsi\u00f3n interior que nos impide alcanzar el satori es la ignorancia que padece nuestra mente. La mente se detiene en los medios y olvida el objeto primordial, alej\u00e1ndose de la percepci\u00f3n directa de nuestra propia realidad. [&#8230;] Todas las operaciones de la mente son, por definici\u00f3n, transitorias, fenom\u00e9nicas, vienen y se van, se diluyen en el tiempo. Lo \u00fanico real es lo que est\u00e1 detr\u00e1s de todo fen\u00f3meno. Si buscamos algo s\u00f3lido donde asirnos, donde cogernos, es porque la experiencia de la vida diaria nos ha acostumbrado a depender de las ideas e intentamos hallar la realidad en las ideas. Ahora bien, la realidad, nuestra naturaleza esencial, no es ninguna idea, como no es ning\u00fan sentimiento, ni nada de lo que va y viene.<\/p>\n<p>Por lo tanto, nos vienen a decir los maestros de Yoga, si queremos llegar a descubrir esta realidad que hay detr\u00e1s de las formas, no tenemos m\u00e1s remedio que prescindir temporalmente pero por completo de nuestro razonamiento, de nuestro sistema l\u00f3gico de las ideas. [&#8230;] <\/p>\n<p>Lo que hay que superar en el proceso de investigaci\u00f3n de la realidad esencial es el pensamiento; lo que ha de subsistir en todo momento, en cambio, es la atenci\u00f3n lo m\u00e1s l\u00facida y amplia posible. S\u00f3lo as\u00ed tenemos la oportunidad de desvanecer nuestra ignorancia. [&#8230;]<\/p>\n<p>Estamos tan acostumbrados a manejar las realidades de nuestro mundo gracias a las ideas que de ellas podemos obtener, que nos parece que todo conocimiento posible lo hemos de adquirir s\u00f3lo y exclusivamente mediante las ideas pertinentes. En otras palabras, hemos llegado a la \u00edntima convicci\u00f3n de que \u00fanicamente con nuestras ideas y juicios podemos conocer la realidad. El Zen nos afirma que es precisamente este h\u00e1bito nuestro de apoyarnos exclusivamente en las ideas lo que nos impide percibir la realidad que est\u00e1 detr\u00e1s de ellas y que, en definitiva, es la \u00fanica Realidad. Nos agarramos a cada representaci\u00f3n mental creyendo que es ella misma realidad, cuando no es m\u00e1s que una forma de la Realidad. Por lo tanto, en la medida en que sigamos con esta adhesi\u00f3n a cualquier forma mental particular &#8211;por abstracta y elevada que \u00e9sta pueda parecer&#8211; seguiremos estando incapacitados para percibir nuestra Realidad esencial. Y lo mismo que decimos respecto a las ideas puede decirse de todos nuestros fen\u00f3menos ps\u00edquicos personales: sensaciones, emociones, sentimientos.<\/p>\n<p>Fij\u00e9monos en la mayor\u00eda de las cosas que nos proporcionan alegr\u00eda o pena durante el d\u00eda y veremos que, en efecto, casi siempre nuestras alegr\u00edas y nuestras penas dependen de lo que nos dicen o de las cosas que nosotros pensamos que ocurren. En una palabra: que siempre se deben a representaciones de la mente, a ideas. Nos dicen algo que va a favor de nuestros deseos, y autom\u00e1ticamente nos sentimos m\u00e1s tranquilos, m\u00e1s felices, m\u00e1s seguros, como si fu\u00e9ramos m\u00e1s nosotros mismos. Nos dicen algo que va en contra de nuestros deseos o que aumenta nuestros temores y, autom\u00e1ticamente tambi\u00e9n, nos sentimos inquietos, tristes, irritados. Por qu\u00e9 nos ocurre esto? Porque no vivimos directamente en nuestra realidad, sino que estamos siempre cogidos, agarrados a una idea b\u00e1sica que tenemos de nosotros mismos.<\/p>\n<p>A medida que hemos ido creciendo, se ha formado en nosotros una imagen mental, una representaci\u00f3n de nosotros mismos: \u00abyo soy fulano de tal, y tengo estas cualidades, y estos defectos; determinado tipo de gente me acepta, me admira y me considera importante, otras personas me son hostiles\u00bb. As\u00ed hemos ido construyendo una imagen de nosotros mismos con toda una serie de datos a favor y otros en contra. Al mismo tiempo, mientras \u00edbamos ampliando esta imagen mental o yo-idea, la \u00edbamos tambi\u00e9n proyectando en el futuro, forj\u00e1ndonos as\u00ed un ideal de nosotros mismos que esper\u00e1bamos realizar alg\u00fan d\u00eda: es el yo-idealizado, sue\u00f1o dorado de nuestro \u00abyo\u00bb que hemos compuesto reuniendo en \u00e9l las cosas que no tenemos y ansiando tener en ese futuro que jam\u00e1s llega.<\/p>\n<p>As\u00ed, resulta que, cuando actuamos en el mundo, lo hacemos en funci\u00f3n del yo-idea; siempre que pensamos, dir\u00edamos, de un modo razonable, es partiendo de esta idea b\u00e1sica de nosotros mismos que est\u00e1 en la ra\u00edz misma de todos nuestros razonamientos. Por eso, en el fondo, aunque nos parezca a veces que estamos buscando la verdad, con much\u00edsima frecuencia lo que estamos buscando es algo o alguien que nos confirme y ratifique en esta buena idea que tenemos de nosotros mismos y que adem\u00e1s la ampl\u00ede, es decir, que de alg\u00fan modo nos prometa que llegaremos a realizar en el futuro el ideal que nos hemos forjado. Y cuando pensamos en este ideal, al que damos el nombre de yo-idealizado, se presente bajo las apariencias que quiera &#8211;espiritualidad, inteligencia, poder, riqueza, etc.&#8211;, nos sentimos confortados y seguros.<\/p>\n<p>Pero es una seguridad falsa. Puede ser muy buena en un order relativo e incluso podemos aceptarla porque la necesitamos para vivir diariamente. Pero lo que no podemos hacer en absoluto es confundirla con el aut\u00e9ntico descubrimiento central, con la verdadera naturaleza de nosotros mismos. Porque as\u00ed no seremos nunca libres, es decir, no seremos jam\u00e1s nosotros mismos del todo, ya que estaremos siempre sujetos, pendientes, debajo de la idea que \u00abyo\u00bb tengo de \u00abm\u00ed\u00bb, y, por lo tanto, debajo de aquellas personas o situaciones que van a favor de nuestra idea y de las que van en contra. Nuestra vida, quer\u00e1moslo o no, seamos o no conscientes de ello, ser\u00e1 una vida de dependencia total.<\/p>\n<p>Y esto es lo que nos ocurre constantemente. Tenemos miedo de encontrarnos con determinadas personas, miedo a decir algunas cosas para no despertar oposici\u00f3n. Pero por qu\u00e9? No s\u00f3lo porque vemos en la oposici\u00f3n nuestro perjuicio social o el de otros, sino porque entonces nos sentimos desvalidos, m\u00e1s pobres, como si fu\u00e9ramos menos y se viniera m\u00e1s abajo nuestro yo. Y se debe tan s\u00f3lo a que nos vivimos \u00fanicamente en funci\u00f3n de la idea de nosotros mismos, que guardamos bien escondida dentro, en lugar de vivirnos directamente en funci\u00f3n de nuestro eje espiritual interior, que est\u00e1 detr\u00e1s de todas las ideas. Todo juego de ideas es un juego de ilusi\u00f3n comparado con la realidad. De este error b\u00e1sico se originan todos nuestros problemas. Por lo tanto nuestra atenci\u00f3n ha de ampliarse y profundizar hasta que sea capaz de percibir lo que hay m\u00e1s all\u00e1 de todo fen\u00f3meno, hasta que se pueda abrir a la fuente interior de donde surge todo impulso, todo sentimiento, toda idea y todo conocimiento.<\/p>\n<p>El Zen no niega que las ideas y raciocinios sean \u00fatiles y excelentes para otros fines, pero afirma que nunca nos pueden conducir a la realidad. La mejor de las ideas, dicen los maestros, es como un dedo que est\u00e1 se\u00f1alando a la luna: por mucho que miremos el dedo, nunca descubriremos la luna. Hemos de dejar de mirar el dedo y dar un salto en el vac\u00edo para poder descubrir qu\u00e9 hay m\u00e1s all\u00e1 del dedo. Las ideas son s\u00edmbolos, dedos que se\u00f1alan, indicadores, pero nunca son la realidad. Esa realidad es la naturaleza de Buda, nuestro propio ser. Las ideas pueden se\u00f1alar, apuntar hacia ella, pero si no salimos de las ideas, nunca llegaremos a la realidad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lo primero que nos dicen los maestros del Zen, cuando queremos interrogarles es: \u00abNo esperes en absoluto entender lo que es el Zen; es imposible\u00bb. Y si se les replica que alg\u00fan modo habr\u00e1 de acercarse a \u00e9l, empiezan a utilizar paradojas que llevan de uno a otro desconcierto. 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