{"id":1602,"date":"2014-01-20T23:38:08","date_gmt":"2014-01-20T21:38:08","guid":{"rendered":"http:\/\/www.upaya.es\/?p=1602"},"modified":"2014-01-20T23:44:19","modified_gmt":"2014-01-20T21:44:19","slug":"notas-sobre-la-supresion-general-de-los-partidos-politicos-simone-weil","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.upaya.es\/?p=1602","title":{"rendered":"Notas sobre la supresi\u00f3n general de los partidos pol\u00edticos (Simone Weil)"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">\n\t<img decoding=\"async\" alt=\"Simone Weil\" longdesc=\"Simone Weil\" src=\"https:\/\/www.upaya.es\/wp-content\/uploads\/simoneweil.jpg\" style=\"width: 247px; height: 314px;\" \/>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tNotas sobre la supresi&oacute;n general de los partidos pol&iacute;ticos. Texto incluido en los &Egrave;crits de Londres et demi&egrave;res lettres (Escritos de Londres y otras cartas), &Egrave;ditions Gallimard, 1957. Fechado entre diciembre de 1942 y abril de 1943.\n<\/p>\n<p>\n\t<!--more-->\n<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\n\t<strong style=\"font-size: 13px; text-align: justify;\">I<\/strong>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tLa palabra partido tiene aqu&iacute; el significado que tiene en el continente europeo. La misma palabra en los pa&iacute;ses anglosajones designa una realidad completamente diferente. Tiene su ra&iacute;z en la tradici&oacute;n inglesa y no es transplantable. Un siglo y medio de experiencia lo demuestra suficientemente. En los partidos anglosajones hay un elemento de juego, de deporte, que solo puede existir en una instituci&oacute;n de origen aristocr&aacute;tico; todo es serio en una instituci&oacute;n que es, en su origen, plebeya.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tLa idea de partido no entraba en la concepci&oacute;n pol&iacute;tica francesa de 1789, a no ser como un mal que hab&iacute;a que evitar. Pero existi&oacute; el club de los jacobinos. Al principio s&oacute;lo era un lugar de libre discusi&oacute;n. Lo que lo transform&oacute; no fue ninguna especie de mecanismo fatal. Fue &uacute;nicamente la presi&oacute;n de la guerra y de la guillotina lo que lo convirti&oacute; en un partido totalitario.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tLas luchas de las facciones bajo el Terror estuvieron gobernadas por la idea tan bien formulada por Tomski: &laquo;Un partido en el poder y todos los dem&aacute;s en prisi&oacute;n&raquo;. As&iacute; pues, en el continente europeo el totalitarismo es el pecado original de los partidos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tLa herencia del Terror, por un lado, y la influencia del ejemplo ingl&eacute;s, por otro, instalaron a los partidos pol&iacute;ticos en la vida p&uacute;blica europea. El hecho de que existan no es motivo suficiente para conservarlos. Solo el bien es un motivo leg&iacute;timo de conservaci&oacute;n. El mal de los partidos pol&iacute;ticos salta a la vista. El problema que hay que examinar es si hay en ellos un bien mayor que el mal, que haga que su existencia sea deseable.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tPero ser&iacute;a m&aacute;s adecuado preguntarse: &iquest;Hay en ellos una parcela, aunque sea infinitesimal, de bien? &iquest;No son acaso mal en estado puro o casi?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tSi son algo malo, est&aacute; claro que de hecho y en la pr&aacute;ctica solo podr&aacute;n producir el mal. Es un art&iacute;culo de fe. &laquo;Un buen &aacute;rbol jam&aacute;s dar&aacute; malos frutos, ni un &aacute;rbol podrido buenos frutos&raquo;.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tPero primero hay que reconocer cu&aacute;l es el criterio del bien.\n<\/p>\n<p>\n\tSolo puede ser la verdad, la justicia, y, en segundo lugar, la utilidad p&uacute;blica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tLa democracia, el poder de los m&aacute;s, no son bienes. Son medios con vistas al bien, estimados eficaces con raz&oacute;n o sin ella. Si la Rep&uacute;blica de Weimar, en lugar de Hitler, hubiera decidido por v&iacute;as rigurosamente parlamentarias y legales meter a los jud&iacute;os en campos de concentraci&oacute;n y torturarlos con refinamiento hasta la muerte, las torturas no habr&iacute;an tenido ni un &aacute;tomo de legitimidad m&aacute;s de la que ahora tienen. Ahora bien, algo parecido a esto no es totalmente inconcebible.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tSolo lo que es justo es leg&iacute;timo. El crimen y la mentira no lo son en ning&uacute;n caso.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tNuestro ideal republicano procede enteramente de la voluntad general de Rousseau. Pero el sentido de esta noci&oacute;n se perdi&oacute; casi de inmediato, porque es compleja y demanda un alto grado de atenci&oacute;n. Dejando de lado algunos cap&iacute;tulos, pocos libros son tan hermosos, fuertes, l&uacute;cidos y claros como lo es El contrato social. Se dice que pocos son los libros que han tenido tanta influencia. Pero de hecho todo sucedi&oacute; y sucede como si no hubiera sido le&iacute;do nunca.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tRousseau part&iacute;a de dos evidencias. Una, que la raz&oacute;n discierne y elige la justicia y la utilidad inocente, y que todo crimen tiene como m&oacute;vil la pasi&oacute;n. Otra, que la raz&oacute;n es id&eacute;ntica en todos los hombres, frente a las pasiones, que, casi siempre, difieren. En consecuencia si, sobre un problema general, cada uno reflexiona en soledad y expresa una opini&oacute;n, y si despu&eacute;s se comparan las opiniones entre s&iacute;, probablemente coincidir&aacute;n por el lado justo y razonable de cada una y diferir&aacute;n por las injusticias y los errores. &Uacute;nicamente en virtud de un razonamiento de este tipo se admite que el consensus universal indica la verdad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tLa verdad es una. La justicia es una. Los errores, las injusticias son indefinidamente variables. De esta manera, los hombres convergen en lo justo y lo verdadero, y en cambio la mentira y el crimen los hacen divergir indefinidamente. Puesto que la uni&oacute;n es una fuerza material, se puede esperar encontrar en ella un recurso para hacer que la verdad y la justicia sean aqu&iacute; abajo materialmente m&aacute;s fuertes que el crimen y el error. Se precisa un mecanismo conveniente. Si la democracia constituye tal mecanismo, es buena. Si no, no.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tUna voluntad injusta, com&uacute;n a toda la naci&oacute;n, no era en absoluto superior, a ojos de Rousseau &mdash;y ten&iacute;a raz&oacute;n&mdash;, a la voluntad injusta de un hombre. Rousseau pensaba, tan solo, que casi siempre una voluntad com&uacute;n de todo un pueblo era, de hecho, conforme con la justicia, por neutralizaci&oacute;n mutua y compensaci&oacute;n de pasiones particulares. Ese era para &eacute;l el &uacute;nico motivo de preferir la voluntad del pueblo a una voluntad particular.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tAsimismo una cierta masa de agua, aun cuando compuesta de part&iacute;culas que se mueven y chocan sin cesar, se encuentra en equilibrio y reposo perfectos. Devuelve a los objetos sus im&aacute;genes con verdad irreprochable. Indica perfectamente el plano horizontal. Dice sin error la densidad de los objetos sumergidos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tSi individuos apasionados, empujados por la pasi&oacute;n al crimen y a la mentira, se componen del mismo modo formando un pueblo ver&iacute;dico y justo, entonces es bueno que el pueblo sea soberano. Una constituci&oacute;n democr&aacute;tica es buena si, primero, realiza en el pueblo ese estado de equilibrio, y si, solo despu&eacute;s, hace que las voluntades del pueblo sean ejecutadas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEl verdadero esp&iacute;ritu de 1789 consiste en pensar no que algo es justo porque el pueblo lo quiere, sino que, bajo ciertas condiciones, la voluntad del pueblo tiene m&aacute;s posibilidades que ninguna otra voluntad de ser conforme a la justicia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tHay varias condiciones indispensables para poder aplicar la noci&oacute;n de voluntad general. Dos deben retener particularmente la atenci&oacute;n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tUna es que, en el momento en que el pueblo toma conciencia de una de sus voluntades y la expresa, no hay ninguna especie de pasi&oacute;n colectiva.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEs del todo evidente que el razonamiento de Rousseau se desmorona en cuanto hay pasi&oacute;n colectiva. Rousseau lo sab&iacute;a perfectamente. La pasi&oacute;n colectiva es un impulso al crimen y a la mentira infinitamente m&aacute;s poderoso que cualquier pasi&oacute;n individual. Los malos impulsos, en este caso, lejos de neutralizarse, se elevan mutuamente a la mil&eacute;sima potencia. La presi&oacute;n es casi irresistible si no se es un aut&eacute;ntico santo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tUn agua a la que una corriente violenta, impetuosa, pone en movimiento ya no refleja los objetos, ya no tiene una superficie horizontal, ya no indica las densidades. E importa muy poco que sea movida por una &uacute;nica corriente o por cinco o seis que se entrechocan y forman remolinos. En ambos casos, se encuentra igualmente turbada.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tSi una sola pasi&oacute;n colectiva se apodera de todo un pa&iacute;s, el pa&iacute;s entero es un&aacute;nime en el crimen. Si dos, cuatro, cinco o diez pasiones colectivas lo dividen, est&aacute; dividido en varias bandas de criminales. Las pasiones divergentes no se neutralizan, como sucede en el caso de un sinf&iacute;n de pasiones individuales fundidas en una masa; el n&uacute;mero es demasiado peque&ntilde;o, la fuerza de cada una es demasiado grande para que pueda darse la neutralizaci&oacute;n. La lucha las exaspera. Se entrechocan con un ruido verdaderamente infernal que hace imposible que se oiga, ni por un segundo, la voz de la justicia y de la verdad, siempre casi imperceptible.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tCuando hay pasi&oacute;n colectiva en un pa&iacute;s, es probable que una voluntad particular cualquiera est&eacute; m&aacute;s cerca de la justicia y de la raz&oacute;n que la voluntad general, o m&aacute;s bien que lo que constituye su caricatura.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tLa segunda condici&oacute;n es que el pueblo tenga que expresar su voluntad respecto de los problemas de la vida p&uacute;blica y no solo elegir a las personas. Y a&uacute;n menos una elecci&oacute;n de colectividades irresponsables. Pues la voluntad general no tiene ninguna relaci&oacute;n con una tal elecci&oacute;n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tSi hubo en 1789 una cierta expresi&oacute;n de la voluntad general, aun cuando se adoptara el sistema representativo a falta de saber imaginar otro, es porque hubo algo bastante diferente de las elecciones. Todo lo que hab&iacute;a de vivo a trav&eacute;s de todo el pa&iacute;s &mdash;y el pa&iacute;s se desbordaba de vida&mdash; hab&iacute;a intentado expresar un pensamiento mediante el &oacute;rgano de los Cahiers de revendication [Cuadernos de reivindicaci&oacute;n]. Los representantes se hab&iacute;an hecho conocer, en gran parte, en el curso de esa cooperaci&oacute;n en el pensamiento; conservaban su calor; sent&iacute;an que el pa&iacute;s estaba atento a sus palabras, celoso de vigilar si traduc&iacute;an exactamente sus aspiraciones. Durante alg&uacute;n tiempo &mdash;poco tiempo&mdash; fueron verdaderamente simples &oacute;rganos de expresi&oacute;n para el pensamiento p&uacute;blico.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tSemejante cosa no se volvi&oacute; a producir nunca m&aacute;s. Enunciar estas dos condiciones muestra que nunca hemos conocido nada que se asemeje, ni de lejos, a una democracia. En lo que nombramos con ese nombre, el pueblo no ha tenido nunca la ocasi&oacute;n ni los medios de expresar un parecer sobre un problema cualquiera de la vida p&uacute;blica; y todo lo que escapa a los intereses particulares se deja para las pasiones colectivas, a las que se alimenta sistem&aacute;tica y oficialmente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\n\t<strong>II<\/strong>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEl mismo uso de las palabras democracia y rep&uacute;blica obliga a que se examine con atenci&oacute;n extrema los dos problemas siguientes:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&iquest;C&oacute;mo darles de hecho, a los hombres que componen el pueblo de Francia, la posibilidad de expresar a veces un juicio sobre los grandes problemas de la vida p&uacute;blica?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&iquest;C&oacute;mo impedir, en el momento en el que se interroga al pueblo, que a trav&eacute;s suyo circule cualquier pasi&oacute;n colectiva?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tSi no se piensa en esos dos puntos, es in&uacute;til hablar de legitimidad republicana.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tLas soluciones no son f&aacute;ciles de concebir. Pero es evidente, tras un examen atento, que cualquier soluci&oacute;n implicar&iacute;a en primer lugar la supresi&oacute;n de los partidos pol&iacute;ticos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tPara valorar a los partidos pol&iacute;ticos seg&uacute;n el criterio de la verdad, de la justicia, del bien p&uacute;blico, conviene comenzar discerniendo sus caracter&iacute;sticas esenciales.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tSe pueden enumerar tres:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tUn partido pol&iacute;tico es una m&aacute;quina de fabricar pasi&oacute;n colectiva.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tUn partido pol&iacute;tico es una organizaci&oacute;n construida de tal modo que ejerce una presi&oacute;n colectiva sobre el pensamiento de cada uno de los seres humanos que son sus miembros.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tLa primera finalidad y, en &uacute;ltima instancia, la &uacute;nica finalidad de todo partido pol&iacute;tico es su propio crecimiento, y eso sin l&iacute;mite.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tDebido a este triple car&aacute;cter, todo partido pol&iacute;tico es totalitario en germen y en aspiraci&oacute;n. Si de hecho no lo es, es solo porque los que lo rodean no lo son menos que &eacute;l.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEstas tres caracter&iacute;sticas son verdades de hecho, evidentes para cualquiera que se haya aproximado a la vida de los partidos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tLa tercera es un caso particular de un fen&oacute;meno que se produce all&iacute; donde el colectivo domina a los seres pensantes. Es la inversi&oacute;n de la relaci&oacute;n entre fin y medio. En todas partes, sin excepci&oacute;n, todas las cosas generalmente consideradas como fines son, por naturaleza, por definici&oacute;n, por esencia, y de la manera m&aacute;s evidente, &uacute;nicamente medios. Se podr&iacute;a citar tantos ejemplos como se quisiera en todos los campos. Dinero, poder, Estado, grandeza nacional, producci&oacute;n econ&oacute;mica, diplomas universitarios; y muchos m&aacute;s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tSolo el bien es un fin. Todo lo que pertenece al dominio de los hechos es del orden de los medios. Pero el pensamiento colectivo es incapaz de elevarse por encima del dominio de los hechos. Es un pensamiento animal. Posee la noci&oacute;n de bien solo lo suficiente como para cometer el error de tomar tal o cual medio por el bien absoluto. Y eso es lo que sucede con los partidos: un partido es, en principio, un instrumento para servir a una cierta concepci&oacute;n del bien p&uacute;blico.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEsto es cierto incluso de aquellos que est&aacute;n vinculados a los intereses de una categor&iacute;a social, pues siempre existe una cierta concepci&oacute;n del bien p&uacute;blico, en virtud de la cual habr&iacute;a coincidencia entre el bien p&uacute;blico y esos intereses. Pero esa concepci&oacute;n es extremadamente vaga. Esto es verdad sin excepci&oacute;n y casi sin diferencia de grados. Los partidos m&aacute;s inconsistentes y los m&aacute;s estrictamente organizados son iguales por lo vaga que es su doctrina. Ning&uacute;n hombre, aun cuando hubiere estudiado profundamente la pol&iacute;tica, ser&iacute;a capaz de una exposici&oacute;n precisa y clara respecto de la doctrina de ning&uacute;n partido, incluido, si se diera el caso, del suyo propio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tLas gentes no se confiesan esto a s&iacute; mismas en absoluto. Si se lo confesaran, estar&iacute;an ingenuamente tentadas de verlo como un signo de incapacidad personal, por no haber reconocido que la expresi&oacute;n &laquo;doctrina de un partido pol&iacute;tico&raquo; no puede jam&aacute;s, por la naturaleza de las cosas, tener significado alguno.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tUn hombre, aunque pase toda su vida escribiendo y examinando problemas de ideas, solo raramente tiene una doctrina. Una colectividad no la tiene jam&aacute;s. No es una mercanc&iacute;a colectiva. Se puede hablar, cierto es, de doctrina cristiana, doctrina hind&uacute;, doctrina pitag&oacute;rica, etc. Lo que se designa entonces con esa palabra no es ni individual, ni colectivo; es una cosa situada infinitamente por encima de este o aquel nivel. Es, pura y simplemente, la verdad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tLa finalidad de un partido pol&iacute;tico es algo vago e irreal. Si fuera real, exigir&iacute;a un esfuerzo muy grande de atenci&oacute;n, pues una concepci&oacute;n del bien p&uacute;blico no es algo f&aacute;cil de pensar. La existencia del partido es palpable, evidente, y no exige ning&uacute;n esfuerzo para ser reconocida. As&iacute;, es inevitable que de hecho sea el partido para s&iacute; mismo su propia finalidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEn consecuencia hay idolatr&iacute;a, pues solo Dios es leg&iacute;timamente una finalidad para s&iacute; mismo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tLa transici&oacute;n es f&aacute;cil. Se pone como axioma que la condici&oacute;n necesaria y suficiente para que el partido sirva eficazmente a la concepci&oacute;n del bien p&uacute;blico con vistas a la cual existe es que posea una gran cantidad de poder.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tPero ninguna cantidad finita de poder puede jam&aacute;s, de hecho, ser mirada como suficiente, sobre todo una vez obtenida. El partido se encuentra, de hecho, debido a la ausencia de pensamiento, en un estado continuo de impotencia que atribuye siempre a la insuficiencia del poder de que dispone. Aun cuando fuera el due&ntilde;o absoluto del pa&iacute;s, las necesidades internacionales ser&iacute;an las que impondr&iacute;an l&iacute;mites estrechos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tDe este modo, la tendencia esencial de los partidos es totalitaria, no solo en lo que respecta a una naci&oacute;n, sino en lo que respecta al globo terrestre. Precisamente porque la concepci&oacute;n del bien p&uacute;blico propia -de tal o cual partido es una ficci&oacute;n, algo vac&iacute;o, sin realidad, es- por lo que impone la b&uacute;squeda del poder total. Toda realidad implica por s&iacute; misma un l&iacute;mite. Lo que no existe en absoluto no es jam&aacute;s limitable.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tPor eso es por lo que hay afinidad, alianza entre el totalitarismo y la mentira.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tMucha gente, cierto es, nunca piensa en el poder total; ese pensamiento les dar&iacute;a miedo. Es vertiginoso, se precisa una especie de grandeza para sostenerlo. Esa gente, cuando se interesa por un partido, se contenta con desear su crecimiento; pero como algo que no comporta ning&uacute;n l&iacute;mite. Si este a&ntilde;o hay tres miembros m&aacute;s que el a&ntilde;o pasado, o si la colecta ha conseguido cien francos m&aacute;s, est&aacute;n contentos. Pero desean que eso contin&uacute;e indefinidamente en la misma direcci&oacute;n. Jam&aacute;s concebir&iacute;an que su partido pudiera tener, en ning&uacute;n caso, demasiados miembros, demasiados electores, demasiado dinero.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEl temperamento revolucionario conduce a concebir la totalidad. El temperamento peque&ntilde;o-burgu&eacute;s conduce a instalarse en la imagen de un progreso lento, continuo y sin l&iacute;mite. Pero en ambos casos el crecimiento material del partido deviene el &uacute;nico criterio respecto del cual se definen el bien y el mal de todas las cosas. Exactamente como si el partido fuera un animal al que hay que engordar, y como si el universo hubiera sido creado para hacerlo engordar.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tNo se puede servir a Dios y a Mammon. Si se tiene un criterio del bien distinto al bien, se pierde la noci&oacute;n del bien.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tDesde el momento en que el crecimiento del partido constituye un criterio del bien, se sigue inevitablemente la existencia de una presi&oacute;n colectiva del partido sobre el pensamiento de los hombres. Esa presi&oacute;n se ejerce de hecho. Se muestra p&uacute;blicamente. Se confiesa, se proclama. Nos horrorizar&iacute;a, de no ser porque la costumbre nos ha endurecido.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tLos partidos son organismos p&uacute;blicos, oficialmente constituidos de manera que matan en las almas el sentido de la verdad y de la justicia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tSe ejerce la presi&oacute;n colectiva sobre el gran p&uacute;blico mediante la propaganda. La finalidad confesada de la propaganda es persuadir y no comunicar luz. Hitler vio perfectamente que la propaganda es siempre un intento de someter a los esp&iacute;ritus. Todos los partidos hacen propaganda. El que no la hiciera desaparecer&iacute;a por el hecho de que los dem&aacute;s s&iacute; la hacen. Todos confiesan que hacen propaganda. Nadie es tan audaz en la mentira como para afirmar que se propone la educaci&oacute;n del p&uacute;blico, que forma el juicio del pueblo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tLos partidos hablan, cierto es, de educaci&oacute;n de los que se les han acercado, simpatizantes, j&oacute;venes, nuevos adherentes. Esa palabra es una mentira. Se trata de un adiestramiento para preparar la influencia mucho m&aacute;s severa que el partido ejerce sobre el pensamiento de sus miembros.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tSupongamos que un miembro de un partido &mdash;diputado, candidato a diputado, o simplemente militante&mdash; adquiera en p&uacute;blico el siguiente compromiso: &laquo;Cada vez que examine cualquier problema pol&iacute;tico o social, me comprometo a olvidar absolutamente el hecho de que soy miembro de tal grupo y a preocuparme exclusivamente de discernir el bien p&uacute;blico y la justicia.&raquo; Ese lenguaje ser&iacute;a muy mal acogido. Los suyos, e incluso muchos otros, lo acusar&iacute;an de traici&oacute;n. Los menos hostiles dir&iacute;an: &laquo;Entonces, &iquest;para qu&eacute; se ha afiliado a un partido?&raquo;, confesando de esta manera ingenua que, cuando se entra en un partido, se renuncia a buscar &uacute;nicamente el bien p&uacute;blico y la justicia. Ese hombre ser&iacute;a excluido de su partido, o por lo menos perder&iacute;a la investidura; seguramente no ser&iacute;a elegido.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tPero a&uacute;n m&aacute;s, ni siquiera parece posible que un lenguaje as&iacute; se use. De hecho, salvo error, jam&aacute;s ha sido usado. Si se han pronunciado algunas palabras pr&oacute;ximas a esas, s&oacute;lo lo hicieron hombres deseosos de gobernar con el apoyo de otros partidos distintos del suyo. Tales palabras sonaban entonces como una especie de afrenta al honor.\n<\/p>\n<p>\n\tPor el contrario, se considera totalmente natural, razonable y honorable que alguien diga: &laquo;Como conservador&hellip; &mdash;o como socialista&mdash; pienso que&hellip;&raquo;.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEsto, cierto es, no lo hacen s&oacute;lo los partidos. No se sonroja quien dice: &laquo;Como franc&eacute;s, pienso que&hellip;&raquo;, &laquo;Como cat&oacute;lico, pienso que&hellip;&raquo;. Unas jovencitas, que se proclamaban vinculadas al gaullismo como equivalente franc&eacute;s del hitlerismo, a&ntilde;ad&iacute;an: &laquo;La verdad es relativa, incluso en geometr&iacute;a&raquo;. Estaban tocando el punto central.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tSi no hay verdad, es leg&iacute;timo pensar de tal o cual manera en tanto uno es tal o cual cosa. Del mismo modo que se tiene el cabello negro, casta&ntilde;o, rojizo o rubio porque se es as&iacute;, tambi&eacute;n se emiten tales o cuales ideas. El pensamiento, como el cabello, es entonces el producto de un proceso f&iacute;sico de eliminaci&oacute;n. Si se reconoce que hay una verdad, solo est&aacute; permitido pensar lo que es verdadero. Entonces se piensa tal cosa no porque se da el caso de que de hecho uno es franc&eacute;s, o cat&oacute;lico, o socialista, sino porque la luz irresistible de la evidencia obliga a pensar as&iacute; y no de otra manera. Si no hay evidencia, si hay duda, entonces es evidente que, en el estado de conocimientos del que se dispone, la cuesti&oacute;n es dudosa. Si existe una d&eacute;bil probabilidad de un lado, es evidente que hay una d&eacute;bil probabilidad; y as&iacute; con todo lo dem&aacute;s. En todos los casos, la luz interior concede siempre a cualquiera que la consulte una respuesta manifiesta. El contenido de la respuesta es m&aacute;s o menos afirmativo; importa poco. Siempre es susceptible de revisi&oacute;n; pero ninguna correcci&oacute;n puede llevarse a cabo a no ser mediante la luz interior.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tSi un hombre, miembro de un partido, est&aacute; absolutamente decidido a ser fiel, en todos sus pensamientos, tan solo a la luz interior y a nada m&aacute;s, no puede dar a conocer esa resoluci&oacute;n a su partido. Entonces se encuentra respecto del partido en estado de mentira. Es una situaci&oacute;n que solo puede ser aceptada a causa de la necesidad, que obliga a estar en un partido para tomar parte eficazmente en los asuntos p&uacute;blicos. Pero entonces esa necesidad es un mal y hay que ponerle fin suprimiendo los partidos.\n<\/p>\n<p>\n\tUn hombre que no ha adoptado la resoluci&oacute;n de fidelidad exclusiva a la luz interior instala la mentira en el centro mismo del alma. Las tinieblas interiores son su castigo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tSer&iacute;a un intento vano salir de esa situaci&oacute;n mediante la distinci&oacute;n entre libertad interior y disciplina exterior. Pues hay que mentir entonces al p&uacute;blico, hacia el que todo candidato, todo elegido, tiene una obligaci&oacute;n particular de verdad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tSi me planteo decir, en nombre de mi partido, cosas que estimo contrarias a la verdad y a la justicia, &iquest;voy a indicarlo en una advertencia previa? Si no lo hago, miento.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tDe esas tres formas de mentira &mdash;al partido, al p&uacute;blico, a uno mismo&mdash; la primera es con mucho la menos mala. Pero si la pertenencia a un partido obliga siempre y en todos los casos a la mentira, la existencia de los partidos es absolutamente, incondicionalmente, un mal.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEra frecuente ver en los anuncios de reuniones: El se&ntilde;or X expondr&aacute; el punto de vista comunista (sobre el problema que era objeto de la reuni&oacute;n). El se&ntilde;or Y expondr&aacute; el punto de vista socialista. El se&ntilde;or Z expondr&aacute; el punto de vista radical.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&iquest;C&oacute;mo lograban esos desgraciados conocer el punto de vista que deb&iacute;an exponer? &iquest;A qui&eacute;n pod&iacute;an consultar? &iquest;A qu&eacute; or&aacute;culo? Una colectividad no tiene lengua ni pluma. Los &oacute;rganos de expresi&oacute;n son todos individuales. La colectividad socialista no reside en ning&uacute;n individuo. Tampoco la colectividad radical. La colectividad comunista reside en Stalin, pero est&aacute; lejos; no se le puede telefonear antes de hablar en una reuni&oacute;n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tNo, los se&ntilde;ores X, Y y Z se consultaban a s&iacute; mismos. Pero como eran honestos, se pon&iacute;an primero en un estado mental especial, un estado parecido a aquel en el que tantas veces les hab&iacute;a puesto la atm&oacute;sfera de los medios comunista, socialista, radical. Si, habi&eacute;ndose puesto en ese estado, uno se deja llevar por sus reacciones, se produce naturalmente un lenguaje conforme a los &laquo;puntos de vista&raquo; comunista, socialista, radical. A condici&oacute;n, claro est&aacute;, de prohibirse rigurosamente cualquier esfuerzo de atenci&oacute;n con vistas a discernir la justicia y la verdad. Si se llevara a cabo ese esfuerzo, se correr&iacute;a el riesgo de &mdash;colmo del horror&mdash; expresar un &laquo;punto de vista personal&raquo;. Pues, hoy en d&iacute;a, la tensi&oacute;n hacia la justicia y la verdad es vista como algo que responde a un punto de vista personal.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tCuando Poncio Pilatos le pregunt&oacute; a Cristo: &laquo;&iquest;Cu&aacute;l es la verdad?&raquo;, Cristo no respondi&oacute;. Hab&iacute;a respondido ya por adelantado cuando dijo: &laquo;He venido a testimoniar a favor de la verdad&raquo;.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tSolo hay una respuesta. La verdad son los pensamientos que surgen en el esp&iacute;ritu de una criatura pensante, &uacute;nicamente, totalmente, exclusivamente deseosa de verdad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tLa mentira, el error &mdash;palabras sin&oacute;nimas&mdash; son los pensamientos de los que no desean la verdad y de los que desean la verdad y algo m&aacute;s. Por ejemplo, desean la verdad y adem&aacute;s la conformidad con tal o cual pensamiento establecido.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tPero &iquest;c&oacute;mo desear la verdad sin saber nada de ella? Ese es el misterio de los misterios. Las palabras que expresan una perfecci&oacute;n inconcebible para el hombre &mdash;Dios, verdad, justicia&mdash; pronunciadas interiormente con deseo, sin asociarlas a concepci&oacute;n alguna, tienen el poder de elevar el alma y de inundar de luz. Deseando la verdad en el vac&iacute;o y sin intentar adivinar de entrada el contenido es como se recibe la luz. En eso consiste todo el mecanismo de la atenci&oacute;n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\n\t<strong>III<\/strong>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEs imposible examinar los problemas incre&iacute;blemente complejos de la vida p&uacute;blica estando atento a la vez, por un lado, a discernir la verdad, la justicia, el bien p&uacute;blico, y por otro, a conservar la actitud que conviene a un miembro de tal grupo. La facultad humana de la atenci&oacute;n no es capaz simult&aacute;neamente de las dos preocupaciones. De hecho todos se quedan con una y abandonan la otra.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tPero ning&uacute;n sufrimiento le espera a quien abandona la justicia y la verdad. En cambio, el sistema de partidos comporta las penalizaciones m&aacute;s dolorosas por insubordinaci&oacute;n. Penalizaciones que alcanzan a casi todo &mdash;la carrera, los sentimientos, la amistad, la reputaci&oacute;n, la parte exterior del honor, incluso a veces la vida familiar&mdash;. El partido comunista ha llevado el sistema hasta la perfecci&oacute;n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tIncluso en el que interiormente no cede, la existencia de penalizaciones falsea inevitablemente el discernimiento. Pues si quiere reaccionar contra la influencia del partido, esa voluntad de reacci&oacute;n es ella misma un m&oacute;vil ajeno a la verdad y del que hay que desconfiar. Pero tambi&eacute;n la desconfianza; y as&iacute; con todo. La atenci&oacute;n verdadera es un estado tan dif&iacute;cil para el hombre, tan violento, que cualquier turbaci&oacute;n personal de la sensibilidad basta para obstaculizarla. Y de ah&iacute; la obligaci&oacute;n imperiosa de proteger, tanto como sea posible, la facultad de discernimiento que se tiene en s&iacute; mismo, contra el tumulto de las esperanzas y de los temores personales.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tSi un hombre hace c&aacute;lculos num&eacute;ricos muy complejos, sabiendo que se le azotar&aacute; cada vez que obtenga como resultado un n&uacute;mero par, su situaci&oacute;n es muy dif&iacute;cil. Algo de dentro de la parte carnal del alma le empujar&aacute; a dar una ayudita a los c&aacute;lculos para obtener siempre un n&uacute;mero impar. Queriendo reaccionar, se arriesgar&aacute; a encontrar un n&uacute;mero par incluso donde no hace falta. Presa de esta oscilaci&oacute;n, su atenci&oacute;n ya no est&aacute; intacta. Si los c&aacute;lculos son tan complejos que exigen por su parte la plenitud de la atenci&oacute;n, es inevitable que se equivoque muy a menudo. De nada servir&aacute; que sea muy inteligente, muy valiente, muy celoso de la verdad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&iquest;Qu&eacute; debe hacer? Es muy simple. Si puede escapar de las manos de esa gente, que le amenaza con el l&aacute;tigo, debe escapar. Si hubiera podido evitar caer en sus manos, deber&iacute;a haberlo evitado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEso mismo sucede con los partidos pol&iacute;ticos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tCuando hay partidos en un pa&iacute;s, m&aacute;s tarde o m&aacute;s temprano el resultado es un estado de hecho tal que es imposible intervenir eficazmente en los asuntos p&uacute;blicos sin entrar en un partido y jugar el Juego. Cualquiera que se interese por lo p&uacute;blico desea interesarse eficazmente. Por lo que quienes se inclinan por la preocupaci&oacute;n hacia el bien p&uacute;blico, o renuncian a pensar en ello y se orientan hacia otra cosa, o pasan por el aro de los partidos. En este caso tambi&eacute;n eso les causa preocupaciones que excluyen la del bien p&uacute;blico.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tLos partidos son un maravilloso mecanismo en virtud del cual, a lo largo de todo un pa&iacute;s, ni un solo esp&iacute;ritu presta su atenci&oacute;n al esfuerzo de discernir, en los asuntos p&uacute;blicos, el bien, la justicia, la verdad. El resultado es que &mdash;a excepci&oacute;n de un peque&ntilde;o n&uacute;mero de circunstancias fortuitas&mdash; solo se deciden y se ejecutan medidas contrarias al bien p&uacute;blico, a la justicia, a la verdad. Si se le confiara al diablo la organizaci&oacute;n de la vida p&uacute;blica, no podr&iacute;a imaginar nada m&aacute;s ingenioso.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tSi la realidad ha sido un poco menos sombr&iacute;a, es porque los partidos a&uacute;n no lo hab&iacute;an devorado todo. Ahora bien, de hecho, &iquest;ha sido un poco menos sombr&iacute;a?, &iquest;no era exactamente tan sombr&iacute;a como el cuadro esbozado aqu&iacute;?, &iquest;no lo han mostrado los acontecimientos?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tHay que admitir que el mecanismo de opresi&oacute;n espiritual y mental propio de los partidos ha sido introducido en la historia por la Iglesia cat&oacute;lica en su lucha contra la herej&iacute;a.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tUn convertido que entra en la Iglesia &mdash;o un fiel que delibera consigo mismo y decide permanecer&mdash; ha percibido en el dogma algo de verdad y de bien. Pero al atravesar el umbral profesa al mismo tiempo no ser alcanzado jam&aacute;s por los anathema sit, es decir, acepta en bloque todos los art&iacute;culos llamados &laquo;de fe estricta&raquo;. Esos art&iacute;culos no los ha estudiado. Incluso con un alto grado de inteligencia y de cultura, una vida entera no bastar&iacute;a para ese estudio, puesto que implica el estudio de las circunstancias hist&oacute;ricas de cada condena.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&iquest;C&oacute;mo adherirse a afirmaciones que no se conocen? Basta con someterse incondicionalmente a la autoridad de donde emanan.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEs ese el motivo por el que santo Tom&aacute;s s&oacute;lo quiere sostener sus afirmaciones mediante la autoridad de la Iglesia, excluyendo cualquier otro argumento. Pues, dice &eacute;l, no hace falta nada m&aacute;s para quienes la aceptan; y ning&uacute;n argumento persuadir&iacute;a a quienes la rechazan.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEn consecuencia la luz interior de la evidencia, esa facultad de discernimiento concedida desde arriba al alma humana como respuesta al deseo de verdad, es desechada, condenada a tareas serviles, como hacer sumas, excluida de todas las investigaciones relativas al destino espiritual del hombre. El m&oacute;vil del pensamiento ya no es el deseo incondicionado, no definido, de la verdad, sino el deseo de conformidad con una ense&ntilde;anza establecida de antemano.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tQue la Iglesia fundada por Cristo haya, de esta manera y hasta tal punto, asfixiado el esp&iacute;ritu de la verdad &mdash;y si, a pesar de la Inquisici&oacute;n, no lo ha hecho del todo es porque la m&iacute;stica ofrec&iacute;a un refugio seguro&mdash; es una tr&aacute;gica iron&iacute;a. Ha sido se&ntilde;alada a menudo. Pero se ha reparado menos en otra iron&iacute;a igualmente tr&aacute;gica. Y es que el movimiento de revuelta contra la asfixia de los esp&iacute;ritus en el r&eacute;gimen inquisitorial tom&oacute; una orientaci&oacute;n tal que prosigui&oacute; la obra de asfixia de los esp&iacute;ritus.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tLa Reforma y el humanismo del Renacimiento, doble producto de aquella revuelta, contribuyeron ampliamente a suscitar, despu&eacute;s de tres siglos de maduraci&oacute;n, el esp&iacute;ritu de 1789. El resultado ha sido, despu&eacute;s de un cierto plazo, nuestra democracia fundada en el juego de los partidos, en la que cada uno es una peque&ntilde;a Iglesia profana, armada con la amenaza de la excomuni&oacute;n. La influencia de los partidos ha contaminado toda la vida mental de nuestra &eacute;poca.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tUn hombre que se afilia a un partido seguramente ha percibido, en la acci&oacute;n y la propaganda de ese partido, cosas que le han parecido justas y buenas. Pero jam&aacute;s ha estudiado la posici&oacute;n del partido respecto a todos los problemas de la vida p&uacute;blica. Al entrar en el partido, acepta posiciones que ignora. De esa manera somete su pensamiento a la autoridad del partido. Cuando, poco a poco, conozca esas posiciones, las admitir&aacute; sin examen.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEs exactamente la situaci&oacute;n del que se adhiere a la ortodoxia cat&oacute;lica concebida como hace santo Tom&aacute;s. Si un hombre dijera, al pedir su carnet de miembro: &laquo;Estoy de acuerdo con el partido en tal y tal y tal punto; no he estudiado sus otras posiciones y me reservo la opini&oacute;n mientras no las haya estudiado&raquo;, se le rogar&iacute;a sin duda que volviera en otro momento.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tPero de hecho, salvo raras excepciones, un hombre que entra en un partido adopta d&oacute;cilmente la actitud de esp&iacute;ritu que expresar&aacute; m&aacute;s tarde con estas palabras: &laquo;Como mon&aacute;rquico, como socialista, pienso que&hellip;&raquo;. &iexcl;Es tan c&oacute;modo! Porque no es pensar. No hay nada m&aacute;s c&oacute;modo que no pensar.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEn cuanto a la tercera caracter&iacute;stica de los partidos, a saber, que son m&aacute;quinas de fabricar pasi&oacute;n colectiva, est&aacute; claro que no necesita probarse. La pasi&oacute;n colectiva es la &uacute;nica energ&iacute;a de la que disponen los partidos para la propaganda exterior y para la presi&oacute;n ejercida sobre el alma de cada miembro.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tSe admite que el esp&iacute;ritu de partido ciega, vuelve sordo a la justicia, empuja incluso a gente honesta al encarnizamiento m&aacute;s cruel contra inocentes. Se admite, pero no se piensa en suprimir los organismos que fabrican tal esp&iacute;ritu.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tSin embargo se proh&iacute;ben los estupefacientes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tA pesar de ello hay gente adicta a los estupefacientes. Pero aun habr&iacute;a m&aacute;s si el Estado organizara la venta de opio y coca&iacute;na en todas las tabacaleras, con carteles publicitarios que animaran a los consumidores.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\n\t<strong>IV<\/strong>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tLa conclusi&oacute;n es que la instituci&oacute;n de los partidos parece efectivamente constituir un mal m&aacute;s o menos sin mezcla alguna. Son malos en cuanto a su principio, y sus efectos son, en la pr&aacute;ctica, malos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tLa supresi&oacute;n de los partidos ser&iacute;a un bien casi puro. Es eminentemente leg&iacute;tima en principio, y en la pr&aacute;ctica solo parece susceptible de efectos buenos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tLos candidatos no dir&aacute;n a los electores: &laquo;Tengo tal etiqueta&raquo; &mdash;lo que, pr&aacute;cticamente, no dice en rigor nada al p&uacute;blico sobre su actitud concreta respecto a los problemas concretos&mdash;, sino: &laquo;Pienso tal y tal y tal cosa respecto de tal y tal y tal problema&raquo;.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tLos electores se asociar&aacute;n y se disociar&aacute;n seg&uacute;n el juego natural y cambiante de las afinidades. Puedo perfectamente estar de acuerdo con el se&ntilde;or A sobre la colonizaci&oacute;n y en desacuerdo con &eacute;l sobre la propiedad campesina; e inversamente con el se&ntilde;or B. Si se habla de colonizaci&oacute;n, ir&eacute;, antes de la sesi&oacute;n, a charlar un poco con el se&ntilde;or A; si se habla de propiedad campesina, con el se&ntilde;or B.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tLa cristalizaci&oacute;n artificial en partidos coincid&iacute;a tan poco con las afinidades reales que un diputado pod&iacute;a estar en desacuerdo, en todas las actitudes concretas, con un colega de su partido, y de acuerdo con un hombre de otro partido. &iexcl;Cu&aacute;ntas veces, en Alemania, en 1932, un comunista y un nazi que discut&iacute;an en la calle se han visto arrastrados por el v&eacute;rtigo mental al constatar que estaban de acuerdo en todos los puntos!\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tFuera del Parlamento, del mismo modo que existir&iacute;an revistas de ideas, habr&iacute;a, naturalmente, alrededor de ellas algunos c&iacute;rculos. Pero estos c&iacute;rculos deber&iacute;an ser mantenidos en estado de fluidez. Es la fluidez la que hace distinto del partido a un c&iacute;rculo de afinidad y le impide tener una mala influencia. Cuando se frecuenta amistosamente al que dirige tal revista, a los que escriben a menudo, cuando uno mismo escribe, se sabe que se est&aacute; en contacto con el c&iacute;rculo de esa revista. Pero uno mismo no sabe si pertenece a esa revista; no hay una distinci&oacute;n neta entre el dentro y el fuera. M&aacute;s lejos est&aacute;n los que leen la revista y conocen a uno o dos de los que escriben. M&aacute;s lejos, los lectores habituales que extraen de ella inspiraci&oacute;n. M&aacute;s lejos, los lectores ocasionales. Pero a nadie se le ocurrir&iacute;a pensar o decir: &laquo;En tanto vinculado a tal revista, pienso que&hellip;&raquo;.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tCuando algunos colaboradores de una revista se presentan a las elecciones, les debe estar prohibido invocar la revista. A la revista le debe estar prohibido dar una investidura, o ayudar ya sea directa o indirectamente a su candidatura, o incluso mencionarla.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tTodo grupo de &laquo;amigos&raquo; de tal revista deber&iacute;a estar prohibido.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tSi una revista impide a sus colaboradores, bajo pena de ruptura, colaborar con otras publicaciones cualesquiera, debe ser suprimida en cuanto los hechos est&eacute;n probados. Ello implica un r&eacute;gimen de prensa que haga imposibles publicaciones con las que es deshonroso colaborar (tipo Gringoire, Marie Claire, etc.).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tCada vez que un c&iacute;rculo intente cristalizarse dando un car&aacute;cter definido a la cualidad de miembro, habr&aacute; represi&oacute;n penal cuando el hecho parezca probado. Claro est&aacute;, habr&aacute; partidos clandestinos. Pero sus miembros tendr&aacute;n mala conciencia. Ya no podr&aacute;n hacer profesi&oacute;n p&uacute;blica de servilismo de esp&iacute;ritu. No podr&aacute;n hacer ninguna propaganda en nombre del partido. El partido ya no podr&aacute; mantenerlos en una red sin salida de intereses, sentimientos y obligaciones.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tCada vez que una ley es imparcial, equitativa y est&aacute; basada sobre un punto de vista del bien p&uacute;blico f&aacute;cilmente asimilable por el pueblo, debilita todo lo que proh&iacute;be. Lo debilita solo por el hecho de existir, e independientemente de las medidas represivas que intentan asegurar su aplicaci&oacute;n. Esta majestad intr&iacute;nseca de la ley es un factor de la vida p&uacute;blica que ha sido olvidado desde hace mucho tiempo y que hay que utilizar.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tNo parece haber inconvenientes con la existencia de partidos clandestinos que no existieran ya en un grado m&aacute;s elevado con los partidos legales. De manera general, un examen atento no deja ver en ning&uacute;n sentido inconvenientes de ninguna clase para la supresi&oacute;n de los partidos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tDebido a una paradoja singular, las medidas de este tipo, que no encierran inconvenientes, son de hecho las que menos posibilidades tienen de ser tomadas. Se dice: si fuera tan simple, &iquest;por qu&eacute; no se ha llevado a cabo ya hace tiempo?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tSin embargo, generalmente, las grandes cosas son f&aacute;ciles y simples.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\t&Eacute;sta extender&iacute;a su virtud de saneamiento mucho m&aacute;s all&aacute; de los asuntos p&uacute;blicos. Pues el esp&iacute;ritu de partido ha llegado a contaminarlo todo. Las instituciones que determinan el juego de la vida p&uacute;blica influyen siempre en un pa&iacute;s sobre la totalidad del pensamiento a causa del prestigio del poder. Se ha llegado a no pensar casi en absoluto en ning&uacute;n asunto si no es tomando posici&oacute;n &laquo;a favor&raquo; o &laquo;en contra&raquo; de una opini&oacute;n. Despu&eacute;s se buscan argumentos, seg&uacute;n el caso, sea a favor, sea en contra. Es exactamente la transposici&oacute;n de la adhesi&oacute;n a un partido.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tDel mismo modo que en los partidos politicos hay dem&oacute;cratas que admiten varios partidos, as&iacute; en el dominio de las opiniones las gentes de amplias miras reconocen un valor a las opiniones con las que dicen estar en desacuerdo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEs haber perdido del todo el sentido mismo de lo verdadero y de lo falso.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tOtros, habiendo tomado posici&oacute;n a favor de una opini&oacute;n, no consienten en examinar nada que le sea contrario. Es la transposici&oacute;n del esp&iacute;ritu totalitario.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tCuando vino Einstein a Francia, todas las gentes pertenecientes a un medio m&aacute;s o menos intelectual, incluidos los cient&iacute;ficos, se dividieron en dos campos, a favor y en contra. Todo pensamiento cient&iacute;fico nuevo tiene en los medios cient&iacute;ficos sus partidarios y sus adversarios, animados unos y otros, hasta un grado detestable, por el esp&iacute;ritu de partido. Por otra parte, hay en esos medios tendencias, capillas, en un estado m&aacute;s o menos cristalizado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEn el arte y la literatura a&uacute;n es m&aacute;s visible. Cubismo y surrealismo han sido una especie de partidos. Se era &laquo;gideano&raquo; como se era &laquo;maurrasiano&raquo;. Para tener un nombre es &uacute;til estar rodeado de una pandilla de admiradores animados por el esp&iacute;ritu de partido.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tPor las mismas, no hab&iacute;a una gran diferencia entre el apego a un partido y el apego a una Iglesia o bien a una actitud antirreligiosa. Se estaba a favor o en contra de la creencia en Dios, a favor o en contra del cristianismo, y as&iacute; con todo. Se ha llegado incluso a hablar de militantes en asuntos de religi&oacute;n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tIncluso en las escuelas, ya no se sabe estimular de otra manera el pensamiento de los ni&ntilde;os si no es invit&aacute;ndoles a tomar partido a favor o en contra. Se les cita una frase de un gran autor y se les dice: &laquo;&iquest;Est&aacute;is de acuerdo o no? Desarrollad vuestros argumentos&raquo;. En el examen, los desgraciados, puesto que tienen que haber terminado la disertaci&oacute;n al cabo de tres horas, no pueden pasar m&aacute;s de cinco minutos pregunt&aacute;ndose si est&aacute;n de acuerdo. Y ser&iacute;a tan sencillo decirles: &laquo;Meditad este texto y expresad las reflexiones que se os ocurran&raquo;.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tCasi en todas partes &mdash;e incluso, a menudo, debido a problemas puramente t&eacute;cnicos&mdash; la operaci&oacute;n de tomar partido, de tomar posici&oacute;n a favor o en contra, ha substituido a la obligaci&oacute;n de pensar. Se trata de una lepra que se ha originado a partir de los medios pol&iacute;ticos y se ha extendido, a trav&eacute;s de todo el pa&iacute;s, a la casi totalidad del pensamiento.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\tEs dudoso que se pueda remediar esta lepra que nos mata sin antes suprimir los partidos pol&iacute;ticos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\n\t<strong>Simone Weil<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Notas sobre la supresi&oacute;n general de los partidos pol&iacute;ticos. Texto incluido en los &Egrave;crits de Londres et demi&egrave;res lettres (Escritos de Londres y otras cartas), &Egrave;ditions Gallimard, 1957. Fechado entre diciembre de 1942 y abril de 1943.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[27],"tags":[],"class_list":["post-1602","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-politica"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.upaya.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1602","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.upaya.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.upaya.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.upaya.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.upaya.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1602"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/www.upaya.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1602\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1605,"href":"https:\/\/www.upaya.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1602\/revisions\/1605"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.upaya.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1602"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.upaya.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1602"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.upaya.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1602"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}