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	<description>Una Paradoja Aquí Y Ahora</description>
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		<title>El hacinamiento en ciudades y el gobierno por asambleas</title>
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		<pubDate>Sat, 11 May 2013 16:59:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En la actualidad más de ¾ partes de la población española vive en ciudades de más de 10.000 habitantes, también gran parte del territorio está despoblado, cuatro CCAA ocupan más de la mitad del territorio y sólo albergan el 15% de la población. La concentración en las ciudades es un fenómeno relativamente reciente en España, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><div id="attachment_1388" class="wp-caption aligncenter" style="width: 430px"><a href="http://www.upaya.es/wp-content/uploads/em00-pob5-2009p.png"><img src="http://www.upaya.es/wp-content/uploads/em00-pob5-2009p.png" alt="Municipios con más de 5000 habitantes en 2009." title="Municipios con más de 5000 habitantes en 2009." width="420" class="size-full wp-image-1388" /></a><p class="wp-caption-text">Municipios con más de 5000 habitantes en 2009.</p></div>En la actualidad más de ¾ partes de la población española vive en ciudades de más de 10.000 habitantes, también gran parte del territorio está despoblado, cuatro CCAA ocupan más de la mitad del territorio y sólo albergan el 15% de la población. La concentración en las ciudades es un fenómeno relativamente reciente en España, a principios del siglo XX sólo un tercio de la población vivía en las ciudades y fue en 1950, con el éxodo rural, cuando los núcleos urbanos se pusieron por delante de los núcleos rurales en cuanto a población.<span id="more-1387"></span></p>
<p>Está claro que la concentración de la población dificultaría el gobierno por asambleas de todos los ciudadanos adultos y este es uno de los argumentos de los detractores del asamblearismo, pero esta concentración no se debe a un capricho del destino, sino que es fruto del Estado capitalista, es decir del trabajo asalariado y de la propiedad privada de los medios de producción en unas pocas manos privilegiadas, que implantan fábricas y oficinas en los lugares donde el Estado ha decidido que existan mejores comunicaciones y servicios para favorecer a los negocios capitalistas. El éxodo masivo del mundo rural a la ciudad fue totalmente premeditado, empezó con las desamortizaciones efectuadas por los gobiernos liberales y con el nuevo régimen fiscal que se impuso en el trienio liberal de 1820-1823, pero intervinieron muchos más factores que el régimen liberal puso en marcha. </p>
<p>Para poder modernizar e industrializar el país fue necesario despojar a las clases populares de su medio de vida: la comunidad rural basada en el comunal, la ayuda mutua y la asamblea de vecinos. El índice de monetización era bajo en el mundo rural y los tributos se solían pagar en especie como un pequeño porcentaje de su producción agrícola y ganadera, para poder incrementar este índice era necesario acostumbrar al dinero a las clases populares, por ello en el trienio liberal se creó un régimen fiscal que obligaba a pagar una cantidad fija en dinero, esto provocó una auténtica crisis en muchas familias que no llegaban a pagar los nuevos impuestos. En el régimen anterior siempre podían atender sus obligaciones, en un año de malas cosechas el tributo era menor porque se basaba en el porcentaje de la producción, pero el nuevo régimen fiscal no tenía en cuenta esta cuestión. Con las desamortizaciones ya no tenían el paraguas de las tierras comunales de los municipios y tuvieron que recurrir a la única opción, la venta de la fuerza de su trabajo que los convirtió en proletarios, aunque esto no fue inmediato, hubieron muchos levantamientos en aldeas y pueblos que se negaban a ser desposeídos de su forma de vida y el siglo XIX fue una auténtica guerra civil entre el pueblo y el ejército liberal. </p>
<p>Los levantamientos en pueblos y ciudades continuaron en el siglo XX, cansados de las arbitrariedades de la oligarquía, también durante la II República el número de asesinatos de obreros y campesinos en manos de la policía y el ejército fue un continuo, hay muchos ejemplos, entre ellos Casas Viejas y Mieres. Al final la guerra civil puso las cosas tal como quería el poder de la minoría y en las décadas de los cuarenta y cincuenta hubo un éxodo masivo del campo a la ciudad. El triunfo del Estado y del capitalismo estaba servido y dio paso a una nueva época de materialismo, competitividad, individualismo y declive de la calidad de las personas que ya no sentían lo colectivo y convivencial como propio. </p>
<p>Sin trabajo asalariado, sin propiedad privada de los medios de producción, sin Estado que obliga a pagar tributos en dinero, no existe ninguna necesidad de mantenerse hacinados en núcleos urbanos, los ciudadanos podrían vivir en zonas ahora despobladas, en núcleos con menor densidad de habitantes, que permitirían un sistema confederado de comunidades gobernadas por asambleas, pero para ello sería necesario también volver a reforestar grandes zonas con arbolado porque actualmente muchas zonas de la meseta central no son aptas para el policultivo, dado el alto grado de desertización. La alta concentración de la población en unas pocas ciudades no ayuda a la creación de una sociedad democrática sin Estado y esto es algo que algún día se tendrá que abordar.</p>
<p>Imagen: Municipios con más de 5000 habitantes en 2009. Más de ¾ de la población vive en ciudades de más de 10000 habitantes. España es un país urbano (fuente: http://alarcos.inf-cr.uclm.es/per/fruiz/pobesp/map/espania.htm)</p>
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Está claro que la concentración de la población dificultaría el gobierno por asambleas de todos los ciudadanos adultos y este es uno de los argumentos de los detractores del asamblearismo, pero esta concentración no se debe a un capricho del destino, sino que es fruto del Estado capitalista, es decir del trabajo asalariado y de la propiedad privada de los medios de producción en unas pocas manos privilegiadas, que implantan fábricas y oficinas en los lugares donde el Estado ha decidido que existan mejores comunicaciones y servicios para favorecer a los negocios capitalistas. El éxodo masivo del mundo rural a la ciudad fue totalmente premeditado, empezó con las desamortizaciones efectuadas por los gobiernos liberales y con el nuevo régimen fiscal que se impuso en el trienio liberal de 1820-1823, pero intervinieron muchos más factores que el régimen liberal puso en marcha. 
Para poder modernizar e industrializar el país fue necesario despojar a las clases populares de su medio de vida: la comunidad rural basada en el comunal, la ayuda mutua y la asamblea de vecinos. El índice de monetización era bajo en el mundo rural y los tributos se solían pagar en especie como un pequeño porcentaje de su producción agrícola y ganadera, para poder incrementar este índice era necesario acostumbrar al dinero a las clases populares, por ello en el trienio liberal se creó un régimen fiscal que obligaba a pagar una cantidad fija en dinero, esto provocó una auténtica crisis en muchas familias que no llegaban a pagar los nuevos impuestos. En el régimen anterior siempre podían atender sus obligaciones, en un año de malas cosechas el tributo era menor porque se basaba en el porcentaje de la producción, pero el nuevo régimen fiscal no tenía en cuenta esta cuestión. Con las desamortizaciones ya no tenían el paraguas de las tierras comunales de los municipios y tuvieron que recurrir a la única opción, la venta de la fuerza de su trabajo que los convirtió en proletarios, aunque esto no fue inmediato, hubieron muchos levantamientos en aldeas y pueblos que se negaban a ser desposeídos de su forma de vida y el siglo XIX fue una auténtica guerra civil entre el pueblo y el ejército liberal. 
Los levantamientos en pueblos y ciudades continuaron en el siglo XX, cansados de las arbitrariedades de la oligarquía, también durante la II República el número de asesinatos de obreros y campesinos en manos de la policía y el ejército fue un continuo, hay muchos ejemplos, entre ellos Casas Viejas y Mieres. Al final la guerra civil puso las cosas tal como quería el poder de la minoría y en las décadas de los cuarenta y cincuenta hubo un éxodo masivo del campo a la ciudad. El triunfo del Estado y del capitalismo estaba servido y dio paso a una nueva época de materialismo, competitividad, individualismo y declive de la calidad de las personas que ya no sentían lo colectivo y convivencial como propio. 
Sin trabajo asalariado, sin propiedad privada de los medios de producción, sin Estado que obliga a pagar tributos en dinero, no existe ninguna necesidad de mantenerse hacinados en núcleos urbanos, los ciudadanos podrían vivir en zonas ahora despobladas, en núcleos con menor densidad de habitantes, que permitirían un sistema confederado de comunidades gobernadas por asambleas, pero para ello sería necesario también volver a reforestar grandes zonas con arbolado porque actualmente muchas zonas de la meseta central no son aptas para el policultivo, dado el alto grado de desertización. La alta concentración de la población en unas pocas ciudades no ayuda a la creación de una sociedad democrática sin Estado y esto es algo que algún día se tendrá que abordar.
Imagen: Municipios con más de 5000 habitantes en 2009. Más de ¾ de la población vive en ciudades de más de 10000 habitantes. España es un país urbano (fuente: http://alarcos.inf-cr.uclm.es/per/fruiz/pobesp/map/espania.htm)
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		<title>¿La privatización debilita al Estado?</title>
		<link>http://www.upaya.es/?p=1382</link>
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		<pubDate>Sat, 11 May 2013 12:33:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David</dc:creator>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>

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		<description><![CDATA[Dicen que el neoliberalismo es una corriente politicoeconómica que busca la reducción del Estado al mínimo y que se basa en la privatización de las empresas estatales y la intervención mínima del Estado en la economía. La historia nos cuenta que el neoliberalismo se inició con Thatcher y Reagan en la década de los 80 [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Dicen que el neoliberalismo es una corriente politicoeconómica que busca la reducción del Estado al mínimo y que se basa en la privatización de las empresas estatales y la intervención mínima del Estado en la economía. La historia nos cuenta que el neoliberalismo se inició con Thatcher y Reagan en la década de los 80 y que desde entonces los Estados que han seguido estas políticas se han debilitado, pero los datos nos confirman lo contrario, para ello vamos a basarnos en una gráfica que nos muestra el gasto estatal en relación al PIB.</p>
<div id="attachment_1384" class="wp-caption aligncenter" style="width: 430px"><a href="http://www.upaya.es/wp-content/uploads/aapp-pib1964-2010.png"><img class="size-full wp-image-1384" title="Aportación del Estado español al PIB 1964-2010" src="http://www.upaya.es/wp-content/uploads/aapp-pib1964-2010.png" alt="Aportación del Estado español al PIB 1964-2010" width="420" /></a><p class="wp-caption-text">Aportación del Estado español al PIB 1964-2010</p></div>
<p><span id="more-1382"></span></p>
<p>El PIB suele calcularse con el método de la demanda, es decir como la suma de los términos C + I + G + ( Exp &#8211; Imp), donde C representa el consumo privado, I la inversión privada, G el gasto estatal, y Exp e Imp las exportaciones e importaciones respectivamente.</p>
<p>Podemos observar que en 1975 la aportación del Estado español al PIB era del 23% y en 2010 era del 46%, durante ese periodo se inició la privatización de innumerables empresas estatales, sin embargo la aportación del Estado al PIB fue en aumento y no hay ninguna empresa privada que le haga sombra, por ejemplo la aportación del Banco Santander al PIB anual en el 2010 rondó el 1,7 %. Esto desmiente que la privatización de empresas “públicas” debilite al Estado.</p>
<p>Corregidme si me equivoco pero creo que este aumento es debido a que el Estado obtiene sus ingresos principalmente de los impuestos y de las cuotas de la seguridad social y estos suelen aumentar al privatizar sus empresas. Cuando una empresa “pública” es privatizada el Estado recibe un dinero por su venta y a veces surgen nuevos impuestos que antes no existían como empresa pública, impuestos que gravan sus productos y que pagan los consumidores y otros impuestos que paga directamente la empresa, así como el pago de cuotas a la seguridad social e impuestos de la renta de las personas físicas. El pago de la cuota a la seguridad social que hace un funcionario es como una reposición de una parte del capital que ya tenía el Estado, pero el pago de la cuota a la seguridad social que hace un asalariado de una empresa privada es un input que viene de fuera para el Estado. Además el Estado siempre tiene la opción de volver a nacionalizar aquello que privatizó. Podríamos poner el ejemplo de la futura privatización del Registro Civil. Hasta ahora los registros civiles han requerido una inversión pública de 128 millones de euros y muchos de sus servicios son gratuitos para el ciudadano. Con la privatización el Estado pasará a ingresar un dinero por la venta de la empresa pública, pasará también a ingresar IVA de los servicios y productos que ofrezcan estas empresas privadas, así como impuestos de las empresas y cuotas de la seguridad social de los asalariados de la privada, y pasará de tener gastos a no tenerlos y poder destinar sus ingresos a otros gastos, como el militar. Igual me equivoco, pero creo que para el Estado la privatización es un negocio redondo.</p>
<p>Por otro lado durante la crisis estamos viendo la intervención de los Estados en la economía, cada dos por tres vemos como los Estados inyectan capital en las entidades financieras y rescatan a grandes empresas, como por ejemplo la General Motors que en 2009 fue salvada por el Estado del país supuestamente más neoliberal del mundo. El gobierno estadounidense inyectó en total 50.000 millones de dólares, a cambio en ese momento se quedó con el 60% de las acciones. Así que el neoliberalismo como sistema que debilita al Estado me parece que es un cuento chino, el Estado y el Capital se retroalimentan mutuamente, son el par Estado-Capital y juntos van a continuar mientras dure el Estado. ¿Qué opináis?</p>
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El PIB suele calcularse con el método de la demanda, es decir como la suma de los términos C + I + G + ( Exp &#8211; Imp), donde C representa el consumo privado, I la inversión privada, G el gasto estatal, y Exp e Imp las exportaciones e importaciones respectivamente.
Podemos observar que en 1975 la aportación del Estado español al PIB era del 23% y en 2010 era del 46%, durante ese periodo se inició la privatización de innumerables empresas estatales, sin embargo la aportación del Estado al PIB fue en aumento y no hay ninguna empresa privada que le haga sombra, por ejemplo la aportación del Banco Santander al PIB anual en el 2010 rondó el 1,7 %. Esto desmiente que la privatización de empresas “públicas” debilite al Estado.
Corregidme si me equivoco pero creo que este aumento es debido a que el Estado obtiene sus ingresos principalmente de los impuestos y de las cuotas de la seguridad social y estos suelen aumentar al privatizar sus empresas. Cuando una empresa “pública” es privatizada el Estado recibe un dinero por su venta y a veces surgen nuevos impuestos que antes no existían como empresa pública, impuestos que gravan sus productos y que pagan los consumidores y otros impuestos que paga directamente la empresa, así como el pago de cuotas a la seguridad social e impuestos de la renta de las personas físicas. El pago de la cuota a la seguridad social que hace un funcionario es como una reposición de una parte del capital que ya tenía el Estado, pero el pago de la cuota a la seguridad social que hace un asalariado de una empresa privada es un input que viene de fuera para el Estado. Además el Estado siempre tiene la opción de volver a nacionalizar aquello que privatizó. Podríamos poner el ejemplo de la futura privatización del Registro Civil. Hasta ahora los registros civiles han requerido una inversión pública de 128 millones de euros y muchos de sus servicios son gratuitos para el ciudadano. Con la privatización el Estado pasará a ingresar un dinero por la venta de la empresa pública, pasará también a ingresar IVA de los servicios y productos que ofrezcan estas empresas privadas, así como impuestos de las empresas y cuotas de la seguridad social de los asalariados de la privada, y pasará de tener gastos a no tenerlos y poder destinar sus ingresos a otros gastos, como el militar. Igual me equivoco, pero creo que para el Estado la privatización es un negocio redondo.
Por otro lado durante la crisis estamos viendo la intervención de los Estados en la economía, cada dos por tres vemos como los Estados inyectan capital en las entidades financieras y rescatan a grandes empresas, como por ejemplo la General Motors que en 2009 fue salvada por el Estado del país supuestamente más neoliberal del mundo. El gobierno estadounidense inyectó en total 50.000 millones de dólares, a cambio en ese momento se quedó con el 60% de las acciones. Así que el neoliberalismo como sistema que debilita al Estado me parece que es un cuento chino, el Estado y el Capital se retroalimentan mutuamente, son el par Estado-Capital y juntos van a continuar mientras dure el Estado. ¿Qué opináis?
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		<title>El mito de la tecnología que emancipa</title>
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		<pubDate>Sun, 28 Apr 2013 18:18:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cada vez está más claro el mito del carácter emancipatorio de la tecnología y la industrialización como la izquierda pro-capitalista hizo creer a los asalariados, era el narcótico espiritual necesario para integrarlos en el sistema. Los hechos demuestran que el capitalismo – sea capitalismo de libre mercado o de Estado &#8211; basa la obtención del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><div id="attachment_1377" class="wp-caption aligncenter" style="width: 410px"><a href="http://www.upaya.es/wp-content/uploads/derrumbamiento-del-edificio-Rana-Plaza.jpg"><img src="http://www.upaya.es/wp-content/uploads/derrumbamiento-del-edificio-Rana-Plaza.jpg" alt="Derrumbamiento del edificio Rana Plaza en Bangladesh" title="Derrumbamiento del edificio Rana Plaza en Bangladesh" width="400" class="size-full wp-image-1377" /></a><p class="wp-caption-text">Derrumbamiento del edificio Rana Plaza en Bangladesh</p></div>Cada vez está más claro el mito del carácter emancipatorio de la tecnología y la industrialización como la izquierda pro-capitalista hizo creer a los asalariados, era el narcótico espiritual necesario para integrarlos en el sistema. Los hechos demuestran que el capitalismo – sea capitalismo de libre mercado o de Estado &#8211; basa la obtención del máximo beneficio en la explotación de la fuerza de trabajo y que un cambio en la estrategia y en las condiciones materiales y tecnológicas implica la necesidad de nuevas capacitaciones en los trabajadores, pero no su eliminación, destruyen puestos de trabajo pero los crean en otros lugares. Las revoluciones industriales acabaron con unas profesiones y crearon otras. Con la globalización muchas corporaciones trasladaron sus fábricas a países del tercer mundo, precisamente por los salarios más bajos y las precarias condiciones laborales. Ahora los países emergentes con peor tecnología que los países más desarrollados están imponiéndose en el mercado internacional, precisamente por la explotación salvaje que infligen a su fuerza de trabajo. Este es uno de los mitos que por ejemplo ha desmontado Félix Rodrigo Mora en su libro &#8220;Seis Estudios”, pero hay más autores que ponen en duda la productividad de la tecnología, hay que tener en cuenta sus costes ocultos que nunca se mencionan. La tecnología sirve sobre todo para el ámbito militar y para el control de las personas, también para someter a los trabajadores de forma mecánica a las directrices de la organización y a sus procesos de negocio, sin darle opción al desarrollo de sus capacidades espirituales. El software de las fábricas y de las oficinas es la manifestación del pensamiento de la dirección de una empresa.<span id="more-1376"></span></p>
<p>En Europa se habla de que es necesaria su reindustrialización, de un nuevo Plan Marshall para reflotar a la economía del continente y poder competir con los países emergentes. En el 2010 la UE inició la estrategia “Europe 2020”, sin demasiado ruido se puso en marcha un plan para mejorar la productividad, reducir los costes e incrementar la competitividad que garantice el empleo y el crecimiento. ¿En la práctica como llevan a cabo esto?. Pues ya lo estamos viendo en los países del sur de Europa, tienen que destruir millones de puestos de trabajo y cuando las personas estén desesperadas y dispuestas a cobrar salarios de 645,30 € brutos mensuales (salario mínimo interprofesional) por 10 horas o más de trabajo entonces se iniciará la implantación de fabricas.</p>
<p>Sobre las condiciones laborales lamentables de los trabajadores en los países que ahora llaman emergentes, en los últimos días hemos conocido el suceso en Bangladesh del derrumbamiento del edificio Rana Plaza de ocho plantas, donde han muerto 340 trabajadores sin ningún tipo de seguridad en sus puestos de trabajo, sin posibilidades de sindicarse y un sinfín de atropellos más. Según activistas de una organización, entre las ruinas del edificio se encontraron etiquetas de El Corte Inglés y Mango, así como de otras empresas. Pero no es el único caso, por ejemplo en enero siete mujeres murieron en el incendio de la fábrica Smart Exports de Bangladesh que producía para empresas como Inditex. Bangladesh está dentro del grupo N-11, denominación usada por el banco de inversiones Goldman Sachs en el 2005 que incluía a los países que se presentaban como economías promisorias para la inversión y para un futuro crecimiento económico.</p>
<p>Hay que tener claro que la explotación del hombre por el hombre va a continuar indefinidamente, mientras sigamos en este sistema depredador fomentado y tutelado por los Estados de todo el planeta. Como dijo Simone Weil: “La fórmula de Marx según la cual el régimen engendraría sus propios enterradores recibe todos los días crueles desmentidos, y por otra parte uno se pregunta cómo Marx pudo creer que un régimen de esclavos pudiera hacer hombres libres. Todavía jamás en la historia un régimen de esclavitud ha caído bajo los golpes de sus esclavos. La verdad es que, según una frase célebre, la esclavitud envilece al hombre hasta hacerse amar, que la libertad es preciosa sólo a los ojos de los que la poseen efectivamente, y que en un régimen completamente inhumano, como es el nuestro, lejos de forjar seres capaces de construir una sociedad humana, modela a su imagen a todos los que están sometidos, tanto oprimidos como opresores.”</p>
<form id="vozme_form_c6d8e9a597af585a32424c20bc861dad" method="post" name="vozme_form_c6d8e9a597af585a32424c20bc861dad" target="c6d8e9a597af585a32424c20bc861dad" action="http://vozme.com/text2voice.php"><input name="text" type="hidden" value="El mito de la tecnología que emancipa.. [/caption]Cada vez está más claro el mito del carácter emancipatorio de la tecnología y la industrialización como la izquierda pro-capitalista hizo creer a los asalariados, era el narcótico espiritual necesario para integrarlos en el sistema. Los hechos demuestran que el capitalismo – sea capitalismo de libre mercado o de Estado &#8211; basa la obtención del máximo beneficio en la explotación de la fuerza de trabajo y que un cambio en la estrategia y en las condiciones materiales y tecnológicas implica la necesidad de nuevas capacitaciones en los trabajadores, pero no su eliminación, destruyen puestos de trabajo pero los crean en otros lugares. Las revoluciones industriales acabaron con unas profesiones y crearon otras. Con la globalización muchas corporaciones trasladaron sus fábricas a países del tercer mundo, precisamente por los salarios más bajos y las precarias condiciones laborales. Ahora los países emergentes con peor tecnología que los países más desarrollados están imponiéndose en el mercado internacional, precisamente por la explotación salvaje que infligen a su fuerza de trabajo. Este es uno de los mitos que por ejemplo ha desmontado Félix Rodrigo Mora en su libro &#8220;Seis Estudios”, pero hay más autores que ponen en duda la productividad de la tecnología, hay que tener en cuenta sus costes ocultos que nunca se mencionan. La tecnología sirve sobre todo para el ámbito militar y para el control de las personas, también para someter a los trabajadores de forma mecánica a las directrices de la organización y a sus procesos de negocio, sin darle opción al desarrollo de sus capacidades espirituales. El software de las fábricas y de las oficinas es la manifestación del pensamiento de la dirección de una empresa.
En Europa se habla de que es necesaria su reindustrialización, de un nuevo Plan Marshall para reflotar a la economía del continente y poder competir con los países emergentes. En el 2010 la UE inició la estrategia “Europe 2020”, sin demasiado ruido se puso en marcha un plan para mejorar la productividad, reducir los costes e incrementar la competitividad que garantice el empleo y el crecimiento. ¿En la práctica como llevan a cabo esto?. Pues ya lo estamos viendo en los países del sur de Europa, tienen que destruir millones de puestos de trabajo y cuando las personas estén desesperadas y dispuestas a cobrar salarios de 645,30 € brutos mensuales (salario mínimo interprofesional) por 10 horas o más de trabajo entonces se iniciará la implantación de fabricas.
Sobre las condiciones laborales lamentables de los trabajadores en los países que ahora llaman emergentes, en los últimos días hemos conocido el suceso en Bangladesh del derrumbamiento del edificio Rana Plaza de ocho plantas, donde han muerto 340 trabajadores sin ningún tipo de seguridad en sus puestos de trabajo, sin posibilidades de sindicarse y un sinfín de atropellos más. Según activistas de una organización, entre las ruinas del edificio se encontraron etiquetas de El Corte Inglés y Mango, así como de otras empresas. Pero no es el único caso, por ejemplo en enero siete mujeres murieron en el incendio de la fábrica Smart Exports de Bangladesh que producía para empresas como Inditex. Bangladesh está dentro del grupo N-11, denominación usada por el banco de inversiones Goldman Sachs en el 2005 que incluía a los países que se presentaban como economías promisorias para la inversión y para un futuro crecimiento económico.
Hay que tener claro que la explotación del hombre por el hombre va a continuar indefinidamente, mientras sigamos en este sistema depredador fomentado y tutelado por los Estados de todo el planeta. Como dijo Simone Weil: “La fórmula de Marx según la cual el régimen engendraría sus propios enterradores recibe todos los días crueles desmentidos, y por otra parte uno se pregunta cómo Marx pudo creer que un régimen de esclavos pudiera hacer hombres libres. Todavía jamás en la historia un régimen de esclavitud ha caído bajo los golpes de sus esclavos. La verdad es que, según una frase célebre, la esclavitud envilece al hombre hasta hacerse amar, que la libertad es preciosa sólo a los ojos de los que la poseen efectivamente, y que en un régimen completamente inhumano, como es el nuestro, lejos de forjar seres capaces de construir una sociedad humana, modela a su imagen a todos los que están sometidos, tanto oprimidos como opresores.”
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		<title>Nada en el mundo vive mucho tiempo sin raíces</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Apr 2013 08:22:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David</dc:creator>
				<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>

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		<description><![CDATA[Hay una frase de Krishnamurti que corre por las redes que dice: &#8220;Cuando te llamas a ti mismo indio o cristiano o musulmán o europeo o cualquier otra cosa estás siendo violento. ¿Ves por qué es violento? Porque estás separándote a ti mismo del resto de la humanidad. Cuando te separas a ti mismo por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.upaya.es/wp-content/uploads/krisnamurti.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1350" title="krisnamurti" src="http://www.upaya.es/wp-content/uploads/krisnamurti.jpg" alt="" width="500" height="404" /></a></p>
<p>Hay una frase de Krishnamurti que corre por las redes que dice:</p>
<p>&#8220;Cuando te llamas a ti mismo indio o cristiano o musulmán o europeo o cualquier otra cosa estás siendo violento. ¿Ves por qué es violento?<br />
Porque estás separándote a ti mismo del resto de la humanidad.<br />
Cuando te separas a ti mismo por causa de creencias, nacionalidad, religión, tradición… alimentas la violencia.<br />
Así que alguien que esté en el camino de entender la violencia no pertenece a ninguna religión, partido político o sistema parcial.<br />
Alguien así se preocupa seriamente por la compresión total de la humanidad.&#8221;</p>
<p>Entiendo que la parcialidad y el dogmatismo alimentan la división y la violencia, pero no estoy de acuerdo completamente con esta cita que se le atribuye a Krishnamurti, es el reconocimiento del otro diferente el fundamento de la igualdad, no se trata de aniquilar la diversidad de las culturas, tradiciones, etc. Precisamente lo común de los últimos siglos ha sido el desarraigo sistemático y/o los medios de adoctrinamiento para que el asimilado sienta auténtica vergüenza de su pasada condición, del mundo del que ha sido arrancado, esa si que es la verdadera violencia. Un sistema que busca un mundo de pensamiento único y que odia la diversidad, una comunidad homogénea de seres aculturados, similar al &#8220;mundo feliz&#8221; de Aldous Huxley. Para Simone Weil el lema se presenta con claridad: quien se encuentra arraigado no desarraiga, pero quien no lo está tiende a hacerlo.<span id="more-1348"></span></p>
<p>&#8220;Quién controla el pasado controla el futuro: quién controla el presente controla el pasado&#8221; (George Orwell)</p>
<p>&#8220;Ahora que la crisis económica acucia nuestras sociedades, dirigentes económicos y mandatarios políticos se apresuran a disponer las correctas medidas que reorienten la economía por el cauce del bienestar y el consumismo, sin recapacitar en que esta crisis no es sólo económica, ni siquiera es económica principalmente; se trata, más bien, de una enfermedad de desarraigo, de crisis moral, política, y cultural generalizada que viene siendo cultivada desde tiempos pretéritos.&#8221; (Texto de Rafael Amela Rueda)</p>
<p>&#8220;La palabra “desarraigo”, que Simone Weil analiza en su última obra, L’enracinement (El arraigamiento o como recientemente se ha traducido, Echar raíces– es rica en contenidos poéticos: nada en el mundo vive sin raíces. Los seres humanos, al igual que las plantas y los animales, necesitamos de un suelo nutricio para vivir. Sin él, es decir, desarraigados, nos marchitamos, nos corrompemos y morimos.</p>
<p>Hasta el nacimiento del industrialismo y del proletariado –todavía eso es visible en los llamados universos premodernos y agrarios–, el mundo humano estaba arraigado en suelos que, preservados por generaciones, daban alimento, rostro y sentido a las comunidades. En esos sitios, al igual que un saco de maíz o de trigo eran respetados no por su valor, sino porque eran el alimento de sus miembros, la familia, las costumbres, los mitos, los usos y sus construcciones, se respetaban y conservaban como el alimento de sus almas. Por la duración de esos mundos, llenos de significado, la comunidad entraba en el porvenir. Los suelos, creados y conservados por los ancestros muertos y las generaciones presentes, no sólo contenían el alimento para las almas de los vivos, sino el alimento de seres que no habían nacido y que vendrían al mundo en siglos venideros. La duración de esos mundos “constituía –escribe Weil– el único órgano de conservación de los tesoros espirituales amasados por los muertos, el único órgano de transmisión mediante el cual los muertos podían hablarle a los vivos, y la única cosa terrestre que tenía un vínculo directo con el destino eterno del hombre”.</p>
<p>La revolución industrial, el pensamiento ilustrado y más tarde los economistas burgueses, al fundar todo en la noción de valor como el camino hacia el bienestar, destruyeron los suelos y sus universos éticos para reducirlos a recurso. El valor no sólo invadió todo y creó una relación utilitaria y especulativa con el mundo, sino que convirtió al hombre en un desarraigado.</p>
<p>Mientras en los mundos con suelo había una imagen que alimentaba al cuerpo y al alma, en el mundo del valor no hay imagen. El sentido ya no reside en las obras del pasado que se conservan abiertas al devenir, sino en el progreso, es decir, en un proceso que sin cesar niega el pasado y el presente y transforma todo en producción y consumo. El suelo, que otrora estaba poblado de alimento para el cuerpo y el alma, se pobló paulatinamente de valores cuyas presencias no representan ni dicen nada. Las iglesias románicas, por ejemplo, los templos budistas o mesoamericanos, señala Octavio Paz, “eran representaciones del mundo”; las chozas de bajareque, de adobe, de piedra y las maneras de habitarlas, eran, señala Ivan Illich, centros de hospitalidad, formas de habitar, de estar, de preservar y de moldear un mundo en relación con el suelo en el que se nació, en el que se echaron raíces; las maneras de producir alimento y objetos correspondían a herramientas moldeadas específicamente para esos suelos específicos. Todo, en ese orden, tenía una relación de raíz que conservaba vivos ciertos tesoros del pasado abiertos al porvenir y permitía a un ser humano, por intermediación de medios de los que formaba parte, recibir casi la totalidad de su vida alimentaria, moral, intelectual y espiritual. Por el contrario, nuestros monumentos, nuestras viviendas, nuestros sistemas carreteros, nuestras fábricas, nuestros tractores y fertilizantes, nuestros aparatos, nuestras producciones y nuestro dinero, no dicen ni preservan nada. “Son –dice Paz– funciones, no significaciones”; son centros de transformación de todo que al generar valores de producción y de consumo nos desarraigan y nos vuelven seres marchitos que tratan de buscar su sustento en cualquier sitio y a costa de lo que sea.</p>
<p>La pendularidad, las migraciones, el empleocentrismo, la delincuencia, la corrupción en todos sus niveles y las cargas fiscales –los tributos– que el gobierno quiere imponernos para hacer vivir lo que fue arrancado, son sus consecuencias. Ya no se trata siquiera de producir –la producción a principios del siglo XX llegó a un nivel de saturación–, sino de obtener, por los medios que sean, los recursos que permitan acceder al consumo de valores de todo orden, desde los mínimos hasta los más sofisticados. El desarraigo de la civilización industrial no sólo ha producido, en el siglo XX y lo que va del XXI, más desechos y materia muerta, sino más miserables y desposeídos que todas las culturas juntas, desde la transformación del neolítico. Extraviados en un universo no de significados, sino de funciones para el consumo, los hombres nos explotamos, nos traicionamos, nos destruimos y perdemos cualquier sentido del suelo, es decir, de la ética, de la preservación, de la solidaridad y de la vida buena.</p>
<p>El desarraigo – eso que el dinero hace en nombre del desarrollo al ir ocupando territorios y alejando a la gente de lo que constituye su alma: los tesoros de su pasado que se preservan en la memoria de su hacer y de sus relaciones– es el signo del mundo moderno. Al destruir, como lo señalaba Simone Weil, las raíces, reemplazando todos los ámbitos de la vida humana por el deseo de poseer, sólo queda lo que somos: ese ser atroz que nos representa, al que el sueño de la burguesía y la izquierda quiere reducir el mundo rural, indígena y cualquier otro mundo que no se le parezca; esa mentalidad que hace de la mentira, de lo inmoral, del  abuso, el signo de nuestro racismo y, cuando logra legitimarse, el signo del prestigio y de la grandeza.</p>
<p>¿Cómo, sin volver al pasado, pero mirándonos en él, rehacer un suelo que nos permita de nuevo enraizarnos? Me parece que responder a esta pregunta es la tarea más urgente que tenemos los hombres en medio de un mundo que, poblado de valores, nos ha llevado a la peor de las sequías.&#8221;</p>
<p>(Texto de Javier Sicilia)</p>
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Hay una frase de Krishnamurti que corre por las redes que dice:
&#8220;Cuando te llamas a ti mismo indio o cristiano o musulmán o europeo o cualquier otra cosa estás siendo violento. ¿Ves por qué es violento?
Porque estás separándote a ti mismo del resto de la humanidad.
Cuando te separas a ti mismo por causa de creencias, nacionalidad, religión, tradición… alimentas la violencia.
Así que alguien que esté en el camino de entender la violencia no pertenece a ninguna religión, partido político o sistema parcial.
Alguien así se preocupa seriamente por la compresión total de la humanidad.&#8221;
Entiendo que la parcialidad y el dogmatismo alimentan la división y la violencia, pero no estoy de acuerdo completamente con esta cita que se le atribuye a Krishnamurti, es el reconocimiento del otro diferente el fundamento de la igualdad, no se trata de aniquilar la diversidad de las culturas, tradiciones, etc. Precisamente lo común de los últimos siglos ha sido el desarraigo sistemático y/o los medios de adoctrinamiento para que el asimilado sienta auténtica vergüenza de su pasada condición, del mundo del que ha sido arrancado, esa si que es la verdadera violencia. Un sistema que busca un mundo de pensamiento único y que odia la diversidad, una comunidad homogénea de seres aculturados, similar al &#8220;mundo feliz&#8221; de Aldous Huxley. Para Simone Weil el lema se presenta con claridad: quien se encuentra arraigado no desarraiga, pero quien no lo está tiende a hacerlo.
&#8220;Quién controla el pasado controla el futuro: quién controla el presente controla el pasado&#8221; (George Orwell)
&#8220;Ahora que la crisis económica acucia nuestras sociedades, dirigentes económicos y mandatarios políticos se apresuran a disponer las correctas medidas que reorienten la economía por el cauce del bienestar y el consumismo, sin recapacitar en que esta crisis no es sólo económica, ni siquiera es económica principalmente; se trata, más bien, de una enfermedad de desarraigo, de crisis moral, política, y cultural generalizada que viene siendo cultivada desde tiempos pretéritos.&#8221; (Texto de Rafael Amela Rueda)
&#8220;La palabra “desarraigo”, que Simone Weil analiza en su última obra, L’enracinement (El arraigamiento o como recientemente se ha traducido, Echar raíces– es rica en contenidos poéticos: nada en el mundo vive sin raíces. Los seres humanos, al igual que las plantas y los animales, necesitamos de un suelo nutricio para vivir. Sin él, es decir, desarraigados, nos marchitamos, nos corrompemos y morimos.
Hasta el nacimiento del industrialismo y del proletariado –todavía eso es visible en los llamados universos premodernos y agrarios–, el mundo humano estaba arraigado en suelos que, preservados por generaciones, daban alimento, rostro y sentido a las comunidades. En esos sitios, al igual que un saco de maíz o de trigo eran respetados no por su valor, sino porque eran el alimento de sus miembros, la familia, las costumbres, los mitos, los usos y sus construcciones, se respetaban y conservaban como el alimento de sus almas. Por la duración de esos mundos, llenos de significado, la comunidad entraba en el porvenir. Los suelos, creados y conservados por los ancestros muertos y las generaciones presentes, no sólo contenían el alimento para las almas de los vivos, sino el alimento de seres que no habían nacido y que vendrían al mundo en siglos venideros. La duración de esos mundos “constituía –escribe Weil– el único órgano de conservación de los tesoros espirituales amasados por los muertos, el único órgano de transmisión mediante el cual los muertos podían hablarle a los vivos, y la única cosa terrestre que tenía un vínculo directo con el destino eterno del hombre”.
La revolución industrial, el pensamiento ilustrado y más tarde los economistas burgueses, al fundar todo en la noción de valor como el camino hacia el bienestar, destruyeron los suelos y sus universos éticos para reducirlos a recurso. El valor no sólo invadió todo y creó una relación utilitaria y especulativa con el mundo, sino que convirtió al hombre en un desarraigado.
Mientras en los mundos con suelo había una imagen que alimentaba al cuerpo y al alma, en el mundo del valor no hay imagen. El sentido ya no reside en las obras del pasado que se conservan abiertas al devenir, sino en el progreso, es decir, en un proceso que sin cesar niega el pasado y el presente y transforma todo en producción y consumo. El suelo, que otrora estaba poblado de alimento para el cuerpo y el alma, se pobló paulatinamente de valores cuyas presencias no representan ni dicen nada. Las iglesias románicas, por ejemplo, los templos budistas o mesoamericanos, señala Octavio Paz, “eran representaciones del mundo”; las chozas de bajareque, de adobe, de piedra y las maneras de habitarlas, eran, señala Ivan Illich, centros de hospitalidad, formas de habitar, de estar, de preservar y de moldear un mundo en relación con el suelo en el que se nació, en el que se echaron raíces; las maneras de producir alimento y objetos correspondían a herramientas moldeadas específicamente para esos suelos específicos. Todo, en ese orden, tenía una relación de raíz que conservaba vivos ciertos tesoros del pasado abiertos al porvenir y permitía a un ser humano, por intermediación de medios de los que formaba parte, recibir casi la totalidad de su vida alimentaria, moral, intelectual y espiritual. Por el contrario, nuestros monumentos, nuestras viviendas, nuestros sistemas carreteros, nuestras fábricas, nuestros tractores y fertilizantes, nuestros aparatos, nuestras producciones y nuestro dinero, no dicen ni preservan nada. “Son –dice Paz– funciones, no significaciones”; son centros de transformación de todo que al generar valores de producción y de consumo nos desarraigan y nos vuelven seres marchitos que tratan de buscar su sustento en cualquier sitio y a costa de lo que sea.
La pendularidad, las migraciones, el empleocentrismo, la delincuencia, la corrupción en todos sus niveles y las cargas fiscales –los tributos– que el gobierno quiere imponernos para hacer vivir lo que fue arrancado, son sus consecuencias. Ya no se trata siquiera de producir –la producción a principios del siglo XX llegó a un nivel de saturación–, sino de obtener, por los medios que sean, los recursos que permitan acceder al consumo de valores de todo orden, desde los mínimos hasta los más sofisticados. El desarraigo de la civilización industrial no sólo ha producido, en el siglo XX y lo que va del XXI, más desechos y materia muerta, sino más miserables y desposeídos que todas las culturas juntas, desde la transformación del neolítico. Extraviados en un universo no de significados, sino de funciones para el consumo, los hombres nos explotamos, nos traicionamos, nos destruimos y perdemos cualquier sentido del suelo, es decir, de la ética, de la preservación, de la solidaridad y de la vida buena.
El desarraigo – eso que el dinero hace en nombre del desarrollo al ir ocupando territorios y alejando a la gente de lo que constituye su alma: los tesoros de su pasado que se preservan en la memoria de su hacer y de sus relaciones– es el signo del mundo moderno. Al destruir, como lo señalaba Simone Weil, las raíces, reemplazando todos los ámbitos de la vida humana por el deseo de poseer, sólo queda lo que somos: ese ser atroz que nos representa, al que el sueño de la burguesía y la izquierda quiere reducir el mundo rural, indígena y cualquier otro mundo que no se le parezca; esa mentalidad que hace de la mentira, de lo inmoral, del  abuso, el signo de nuestro racismo y, cuando logra legitimarse, el signo del prestigio y de la grandeza.
¿Cómo, sin volver al pasado, pero mirándonos en él, rehacer un suelo que nos permita de nuevo enraizarnos? Me parece que responder a esta pregunta es la tarea más urgente que tenemos los hombres en medio de un mundo que, poblado de valores, nos ha llevado a la peor de las sequías.&#8221;
(Texto de Javier Sicilia)
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		<title>La escasa estratificación en la sociedad comunal. La Montaña Navarra.</title>
		<link>http://www.upaya.es/?p=1320</link>
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		<pubDate>Sat, 30 Mar 2013 20:12:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David</dc:creator>
				<category><![CDATA[Humanidades y ciencias sociales]]></category>

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		<description><![CDATA[Como ya vimos en anteriores artículos 1 el libro “La guerrilla española y la derrota de Napoleón”, del historiador John L. Tone tiene muchos fragmentos que nos aportan una visión histórica muy diferente de la que nos llega desde el academicismo. Se nos ha vendido que toda sociedad anterior a la llegada de los regímenes [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_1330" class="wp-caption aligncenter" style="width: 410px"><a href="http://www.upaya.es/wp-content/uploads/irati1.jpg"><img class="size-full wp-image-1330" title="Selva de Irati" src="http://www.upaya.es/wp-content/uploads/irati1.jpg" alt="Selva de Irati" width="400" /></a><p class="wp-caption-text">Selva de Irati</p></div>
<p>Como ya vimos en anteriores artículos <sup><a href="#relacionados">1</a></sup> el libro “La guerrilla española y la derrota de Napoleón”, del historiador John L. Tone tiene muchos fragmentos que nos aportan una visión histórica muy diferente de la que nos llega desde el academicismo. Se nos ha vendido que toda sociedad anterior a la llegada de los regímenes liberales era un infierno para las clases populares. El academicismo histórico, muy dado a las teorías del materialismo histórico y del progreso con tal de legitimar el régimen actual, nos quiere hacer creer la cantinela de que en todos los sentidos todo momento anterior es peor que el actual y que así mismo ocurrirá en el futuro, sin importar la calidad del sujeto, pero si no nos dedicamos a dar una visión sesgada y reduccionista de la historia que encaje en nuestra teorética y nos basamos en hechos concretos nos encontramos con una historia sorprendente, llena de altibajos en muchos aspectos y donde la baja o alta calidad del sujeto medio fue decisiva en los cambios históricos y lo seguirá siendo, a pesar de que los partidarios del mecanicismo y materialismo histórico nos quieran vender lo contrario.<span id="more-1320"></span></p>
<p>Este libro trata la sociedad de hace poco más de dos siglos en un lugar y periodo concreto: Navarra y la guerra de la independencia, como ya comenté el autor divide Navarra en dos territorios, la Ribera y la Montaña. Explicando las diferencias sociales, económicas y políticas, tan contrastadas entre sí, se puede entender el papel tan determinante que tuvo la guerrilla de las comunidades rurales en la derrota de Napoleón. Estos fragmentos que reproduzco a continuación son también un ejemplo claro de lo que ocurre cuando la jerarquía artificial entre la energía, el amor y la inteligencia es débil e incluso inexistente. Como ya vimos en otros artículos<sup><a href="#relacionados">2</a></sup> y como dijo Simone Weil una de las causas de la opresión es la separación creciente en la sociedad entre los que manejan la palabra y los que se ocupan de las cosas. Los hechos históricos nos demuestran que cuando esta jerarquía es prácticamente inexistente, la unidad de una comunidad está en condiciones de hacer frente a casi cualquier  contratiempo y esto es algo que la oligarquía tiene muy claro desde como mínimo los tiempos de Julio Cesar y su “divide et impera”:</p>
<p><code>“Otra de las ventajas para la guerra consistía en la relativa ausencia de diferenciación social. Paradójicamente lo que avala esta afirmación es el gran número de nobles de la región. El censo de 1795-96 da cuenta de 19.010 nobles en Navarra, lo que equivale al 7-8 por ciento de la población, una cifra alta para casi todos los promedios. La vasta mayoría de estos nobles vivía en la Montaña. Por ejemplo, al oeste de Pamplona, en el valle de Larráun, el 80 por ciento de la población era noble; hacia el norte de la capital, en el valle de Baztán, la cifra se situaba en el 60 por ciento, y en los Pirineos de Sangüesa en casi el 30 por ciento. En la Ribera, por el contrario, sólo cerca del 1 por ciento de la población era noble de nacimiento.</code></p>
<p><code>Sin embargo, los bienes se deprecian cuando abundan en exceso, y en el norte de Navarra los miles de hidalgos, el nivel más bajo de la nobleza, difícilmente se distinguían de los comunes campesinos entre quienes vivían. Los hidalgos de la Montaña (y por regla general los del litoral septentrional de España) trabajaban como taberneros, zapateros remendones, herreros y carpinteros. Los extranjeros se daban inmediatamente cuenta de la falta de estratificación social asociada a la nobleza en la región, hecho que llevó a un observador francés a preguntarse si la institución tenía algún sentido en una región “donde una tropa de muleros son nobles, donde los domésticos, al adquirir esta condición, muestran los pergaminos de sus ancestros”</p>
<p>Habría sido más productivo preguntarse sobre los propósitos a los que no sirvió  la nobleza de la Montaña. Por ejemplo, no sirvió para crear una base de apoyo profrancés como hizo la nobleza de la Ribera y de la mayoría de la España meridional situada geográficamente a partir de la demarcación Ebro-Duero. En estas regiones, los nobles interesaban especialmente al gobierno francés, el cual se los atrajo bajo las promesas de sofocar la revolución popular y de compartir los expolios de la guerra. En la Montaña esta táctica era imposible. El hidalgo del norte de Navarra estaba más lejos del noble enriquecido de Madrid o de Sevilla que del campesino común. Probablemente, sus lealtades se articulaban mejor verticalmente con la comunidad local que horizontalmente con el estado noble. Éste era un hecho de enorme importancia. En momentos decisivos, el temor y aversión al pueblo solidarizaron a los nobles aragoneses y castellanos en contra del movimiento de resistencia y en favor del régimen impuesto desde arriba por los franceses. La naturaleza de la nobleza en la Montaña navarra – y en cierta medida en todo el norte de España – impidió este resultado…</p>
<p></code></p>
<p><code>... La debilidad del régimen señorial y la falta de correspondencia entre nobleza y riqueza en la Montaña limitaban la básica división social entre pecheros y nobles, tan característica del Antiguo Régimen en la Ribera y en la mayor parte de Europa. Pocos campesinos pagaban algún tipo de renta feudal; y aquellos que lo hacían, satisfacían rentas bajas; y en algunas áreas la mayoría de campesinos era asimismo nobles. El privilegio noble fue explotado por Napoleón para dividir a los pueblos conquistados de Europa y le ayudó a consolidar el anillo de reinos satélites construidos en torno a Francia. Esta misma estrategia fue también efectiva en gran parte de España, incluyendo la Ribera de Navarra donde las élites temían más a la muchedumbre que a los franceses, por lo que era fácil inducirlos a la colaboración. Las divisiones sociales condenaron al fracaso la defensa de Tudela en junio de 1808, una vez que la junta de la ciudad abandonó la resistencia tras el primer encuentro con las tropas enemigas. Los franceses continuaron explotando la división entre ricos y pobres en Tudela con el fin de asegurarse la pacificación de la ciudad durante la guerra… … No obstante, en la Montaña, en donde los mayorazgos eran raros y en donde la mayoría de los nobles no se distinguía de los pecheros, la guerrilla navarra encontró muchos partidarios. Así la naturaleza de la nobleza en la Montaña permitió desafiar a la ocupación francesa desde una posición de unidad y fuerza…”</code></p>
<p>Este último fragmento que copio a continuación es impactante, dado que estamos hablando de principios del siglo XIX y que los concejos abiertos son anteriores al siglo X, pero aun seguían siendo muy operativos . En él podemos observar por ejemplo como la política de un concejo podía limitar el poder de ciertos agentes económicos con el fin de que no pudieran aprovecharse de los miembros de la comunidad, nada parecido a la actualidad, cuando la política está al servicio de los grandes agentes económicos:</p>
<p><code>“Al amparo de la constitución foral, los municipios de la Montaña fueron sorprendentemente democráticos y poderosos. Lo que también resultó ser una enorme fuerza para las guerrillas. En la Montaña era el concejo comunitario, abierto a todos los hombres y mujeres que fueran cabeza de familia, el que ejercía el gobierno municipal. Los cargos municipales rotaban entre los miembros del concejo, de tal forma que a la larga todas las cabezas de familia participaban directamente en el gobierno…</code></p>
<p><code>…Madrid, en un intento de conseguir mayor control sobre Navarra, había pretendido echar abajo este sistema, presionando por la abolición de las elecciones abiertas en favor de una selección azarosa entre un grupo selecto de hombres cualificados por su propiedad para poder acceder al cargo. Con esta reforma Madrid pretendía crear oligarquías municipales que pudieran ser manejadas con mayor facilidad. El sistema ya había sido adoptado en la mayoría de Castilla y Aragón; sin embargo, en Navarra la tenaz resistencia del gobierno foral redujo la insaculación a las grandes ciudades. Así, la mayor parte de la Ribera siguió el nuevo procedimiento, lo que hizo que los gobiernos por la veintena o concejos de 20 oligarcas se convirtiesen en norma en lugares como Tudela o Corella. Las élites locales, por tanto, dominaban el proceso político de la Ribera. La Montaña, por el contrario, preservó la totalidad de sus gobiernos locales democráticos a excepción de las ciudades grandes.</p>
<p>Los gobiernos municipales tuvieron un gran poder bajo el régimen virreinal vigente hasta 1808. Los municipios fijaban los salarios y precios. Eran responsables de los servicios más esenciales, que incluían la molienda de harina y el abasto de bienes básicos, así como de los caminos, las escuelas y del cumplimiento de las ordenanzas locales. La forma de gestión de los servicios por parte del gobierno local pone de manifiesto la supervivencia de una “economía moral” en la Montaña. Los contratos efectuados con los panaderos, molineros, taberneros o cualquiera de los otros artesanos locales eran documentos legales extensos y detallados que demuestran como las ciudades y villas podían constreñir los impulsos adquisitivos de sus vecinos.</p>
<p>A los taberneros, por ejemplo, sólo se les permitía por contrato un nivel de beneficios fijado por la costumbre. Pagaban a la comunidad por el derecho a comerciar, y no podían abandonar sus deberes durante el periodo de vigencia del contrato a no ser que satisficieran fuertes multas. El privilegio y el deber eran partes integrales de cualquier negocio. En los días de fiesta y de vacaciones, la comunidad debía poder comprar vino sin que éste estuviera cargado con ningún beneficio. La calidad del producto estaba fuertemente controlada y el uso de uvas y vino de fuera de la comunidad estaba prohibido mientras no se hubiera consumido la producción local. Al mismo tiempo, al tabernero se le aseguraba que ningún competidor pudiera vender vino en la comunidad. De este modo, se consideraba que el tabernero era proveedor de servicios a la comunidad mas que un mercader. Su esfera de iniciativa individual estaba extremadamente limitada, pero al menos se le aseguraba una buena posición. En efecto, la sociedad cerrada de la Montaña proporcionaba seguridad en lugar de oportunidad.</p>
<p></code></p>
<p><code>El conjunto de poderes que tenían los municipios era verdaderamente sorprendente. Los gobiernos locales elegían a sus sacerdotes y acordaban sus salarios. Controlaban el asentamiento y la residencia dentro de las fronteras municipales, denegaban privilegios comunales a quienes consideraban que podían alterar la comunidad. Asignaban el presupuesto fiscal comunicado por la Diputación y gestionaban el reclutamiento militar localmente. Regulaban los cultivos y las cosechas, se ocupaban de los conflictos locales, y controlaban celosamente las posibilidades de libre entrada en la villa de los viajeros.”</code></p>
<h3><a name="relacionados">Enlaces relacionados</a></h3>
<p>1 &#8211; <a href="http://www.upaya.es/?p=1186" target="_blank">La laya neolítica y la sociedad comunal</a> y <a href="http://www.upaya.es/?p=1127" target="_blank">The fatal knot: the guerrilla war in Navarre and the defeat of Napoleon in Spain</a></p>
<p>2 &#8211; <a href="http://www.upaya.es/?p=1237" target="_blank">Ya es hora de superar la desigualdad</a> y <a href="http://www.upaya.es/?p=1217" target="_blank">A los problemas de la crisis multidimensional, la revolución integral</a></p>
<form id="vozme_form_c010f8e92057067e7bde0c05f7f9e1c0" method="post" name="vozme_form_c010f8e92057067e7bde0c05f7f9e1c0" target="c010f8e92057067e7bde0c05f7f9e1c0" action="http://vozme.com/text2voice.php"><input name="text" type="hidden" value="La escasa estratificación en la sociedad comunal. La Montaña Navarra... [/caption]
Como ya vimos en anteriores artículos 1 el libro “La guerrilla española y la derrota de Napoleón”, del historiador John L. Tone tiene muchos fragmentos que nos aportan una visión histórica muy diferente de la que nos llega desde el academicismo. Se nos ha vendido que toda sociedad anterior a la llegada de los regímenes liberales era un infierno para las clases populares. El academicismo histórico, muy dado a las teorías del materialismo histórico y del progreso con tal de legitimar el régimen actual, nos quiere hacer creer la cantinela de que en todos los sentidos todo momento anterior es peor que el actual y que así mismo ocurrirá en el futuro, sin importar la calidad del sujeto, pero si no nos dedicamos a dar una visión sesgada y reduccionista de la historia que encaje en nuestra teorética y nos basamos en hechos concretos nos encontramos con una historia sorprendente, llena de altibajos en muchos aspectos y donde la baja o alta calidad del sujeto medio fue decisiva en los cambios históricos y lo seguirá siendo, a pesar de que los partidarios del mecanicismo y materialismo histórico nos quieran vender lo contrario.
Este libro trata la sociedad de hace poco más de dos siglos en un lugar y periodo concreto: Navarra y la guerra de la independencia, como ya comenté el autor divide Navarra en dos territorios, la Ribera y la Montaña. Explicando las diferencias sociales, económicas y políticas, tan contrastadas entre sí, se puede entender el papel tan determinante que tuvo la guerrilla de las comunidades rurales en la derrota de Napoleón. Estos fragmentos que reproduzco a continuación son también un ejemplo claro de lo que ocurre cuando la jerarquía artificial entre la energía, el amor y la inteligencia es débil e incluso inexistente. Como ya vimos en otros artículos2 y como dijo Simone Weil una de las causas de la opresión es la separación creciente en la sociedad entre los que manejan la palabra y los que se ocupan de las cosas. Los hechos históricos nos demuestran que cuando esta jerarquía es prácticamente inexistente, la unidad de una comunidad está en condiciones de hacer frente a casi cualquier  contratiempo y esto es algo que la oligarquía tiene muy claro desde como mínimo los tiempos de Julio Cesar y su “divide et impera”:
“Otra de las ventajas para la guerra consistía en la relativa ausencia de diferenciación social. Paradójicamente lo que avala esta afirmación es el gran número de nobles de la región. El censo de 1795-96 da cuenta de 19.010 nobles en Navarra, lo que equivale al 7-8 por ciento de la población, una cifra alta para casi todos los promedios. La vasta mayoría de estos nobles vivía en la Montaña. Por ejemplo, al oeste de Pamplona, en el valle de Larráun, el 80 por ciento de la población era noble; hacia el norte de la capital, en el valle de Baztán, la cifra se situaba en el 60 por ciento, y en los Pirineos de Sangüesa en casi el 30 por ciento. En la Ribera, por el contrario, sólo cerca del 1 por ciento de la población era noble de nacimiento.
Sin embargo, los bienes se deprecian cuando abundan en exceso, y en el norte de Navarra los miles de hidalgos, el nivel más bajo de la nobleza, difícilmente se distinguían de los comunes campesinos entre quienes vivían. Los hidalgos de la Montaña (y por regla general los del litoral septentrional de España) trabajaban como taberneros, zapateros remendones, herreros y carpinteros. Los extranjeros se daban inmediatamente cuenta de la falta de estratificación social asociada a la nobleza en la región, hecho que llevó a un observador francés a preguntarse si la institución tenía algún sentido en una región “donde una tropa de muleros son nobles, donde los domésticos, al adquirir esta condición, muestran los pergaminos de sus ancestros”
Habría sido más productivo preguntarse sobre los propósitos a los que no sirvió  la nobleza de la Montaña. Por ejemplo, no sirvió para crear una base de apoyo profrancés como hizo la nobleza de la Ribera y de la mayoría de la España meridional situada geográficamente a partir de la demarcación Ebro-Duero. En estas regiones, los nobles interesaban especialmente al gobierno francés, el cual se los atrajo bajo las promesas de sofocar la revolución popular y de compartir los expolios de la guerra. En la Montaña esta táctica era imposible. El hidalgo del norte de Navarra estaba más lejos del noble enriquecido de Madrid o de Sevilla que del campesino común. Probablemente, sus lealtades se articulaban mejor verticalmente con la comunidad local que horizontalmente con el estado noble. Éste era un hecho de enorme importancia. En momentos decisivos, el temor y aversión al pueblo solidarizaron a los nobles aragoneses y castellanos en contra del movimiento de resistencia y en favor del régimen impuesto desde arriba por los franceses. La naturaleza de la nobleza en la Montaña navarra – y en cierta medida en todo el norte de España – impidió este resultado…

... La debilidad del régimen señorial y la falta de correspondencia entre nobleza y riqueza en la Montaña limitaban la básica división social entre pecheros y nobles, tan característica del Antiguo Régimen en la Ribera y en la mayor parte de Europa. Pocos campesinos pagaban algún tipo de renta feudal; y aquellos que lo hacían, satisfacían rentas bajas; y en algunas áreas la mayoría de campesinos era asimismo nobles. El privilegio noble fue explotado por Napoleón para dividir a los pueblos conquistados de Europa y le ayudó a consolidar el anillo de reinos satélites construidos en torno a Francia. Esta misma estrategia fue también efectiva en gran parte de España, incluyendo la Ribera de Navarra donde las élites temían más a la muchedumbre que a los franceses, por lo que era fácil inducirlos a la colaboración. Las divisiones sociales condenaron al fracaso la defensa de Tudela en junio de 1808, una vez que la junta de la ciudad abandonó la resistencia tras el primer encuentro con las tropas enemigas. Los franceses continuaron explotando la división entre ricos y pobres en Tudela con el fin de asegurarse la pacificación de la ciudad durante la guerra… … No obstante, en la Montaña, en donde los mayorazgos eran raros y en donde la mayoría de los nobles no se distinguía de los pecheros, la guerrilla navarra encontró muchos partidarios. Así la naturaleza de la nobleza en la Montaña permitió desafiar a la ocupación francesa desde una posición de unidad y fuerza…”
Este último fragmento que copio a continuación es impactante, dado que estamos hablando de principios del siglo XIX y que los concejos abiertos son anteriores al siglo X, pero aun seguían siendo muy operativos . En él podemos observar por ejemplo como la política de un concejo podía limitar el poder de ciertos agentes económicos con el fin de que no pudieran aprovecharse de los miembros de la comunidad, nada parecido a la actualidad, cuando la política está al servicio de los grandes agentes económicos:
“Al amparo de la constitución foral, los municipios de la Montaña fueron sorprendentemente democráticos y poderosos. Lo que también resultó ser una enorme fuerza para las guerrillas. En la Montaña era el concejo comunitario, abierto a todos los hombres y mujeres que fueran cabeza de familia, el que ejercía el gobierno municipal. Los cargos municipales rotaban entre los miembros del concejo, de tal forma que a la larga todas las cabezas de familia participaban directamente en el gobierno…
…Madrid, en un intento de conseguir mayor control sobre Navarra, había pretendido echar abajo este sistema, presionando por la abolición de las elecciones abiertas en favor de una selección azarosa entre un grupo selecto de hombres cualificados por su propiedad para poder acceder al cargo. Con esta reforma Madrid pretendía crear oligarquías municipales que pudieran ser manejadas con mayor facilidad. El sistema ya había sido adoptado en la mayoría de Castilla y Aragón; sin embargo, en Navarra la tenaz resistencia del gobierno foral redujo la insaculación a las grandes ciudades. Así, la mayor parte de la Ribera siguió el nuevo procedimiento, lo que hizo que los gobiernos por la veintena o concejos de 20 oligarcas se convirtiesen en norma en lugares como Tudela o Corella. Las élites locales, por tanto, dominaban el proceso político de la Ribera. La Montaña, por el contrario, preservó la totalidad de sus gobiernos locales democráticos a excepción de las ciudades grandes.
Los gobiernos municipales tuvieron un gran poder bajo el régimen virreinal vigente hasta 1808. Los municipios fijaban los salarios y precios. Eran responsables de los servicios más esenciales, que incluían la molienda de harina y el abasto de bienes básicos, así como de los caminos, las escuelas y del cumplimiento de las ordenanzas locales. La forma de gestión de los servicios por parte del gobierno local pone de manifiesto la supervivencia de una “economía moral” en la Montaña. Los contratos efectuados con los panaderos, molineros, taberneros o cualquiera de los otros artesanos locales eran documentos legales extensos y detallados que demuestran como las ciudades y villas podían constreñir los impulsos adquisitivos de sus vecinos.
A los taberneros, por ejemplo, sólo se les permitía por contrato un nivel de beneficios fijado por la costumbre. Pagaban a la comunidad por el derecho a comerciar, y no podían abandonar sus deberes durante el periodo de vigencia del contrato a no ser que satisficieran fuertes multas. El privilegio y el deber eran partes integrales de cualquier negocio. En los días de fiesta y de vacaciones, la comunidad debía poder comprar vino sin que éste estuviera cargado con ningún beneficio. La calidad del producto estaba fuertemente controlada y el uso de uvas y vino de fuera de la comunidad estaba prohibido mientras no se hubiera consumido la producción local. Al mismo tiempo, al tabernero se le aseguraba que ningún competidor pudiera vender vino en la comunidad. De este modo, se consideraba que el tabernero era proveedor de servicios a la comunidad mas que un mercader. Su esfera de iniciativa individual estaba extremadamente limitada, pero al menos se le aseguraba una buena posición. En efecto, la sociedad cerrada de la Montaña proporcionaba seguridad en lugar de oportunidad.

El conjunto de poderes que tenían los municipios era verdaderamente sorprendente. Los gobiernos locales elegían a sus sacerdotes y acordaban sus salarios. Controlaban el asentamiento y la residencia dentro de las fronteras municipales, denegaban privilegios comunales a quienes consideraban que podían alterar la comunidad. Asignaban el presupuesto fiscal comunicado por la Diputación y gestionaban el reclutamiento militar localmente. Regulaban los cultivos y las cosechas, se ocupaban de los conflictos locales, y controlaban celosamente las posibilidades de libre entrada en la villa de los viajeros.”
Enlaces relacionados
1 &#8211; La laya neolítica y la sociedad comunal y The fatal knot: the guerrilla war in Navarre and the defeat of Napoleon in Spain
2 &#8211; Ya es hora de superar la desigualdad y A los problemas de la crisis multidimensional, la revolución integral
" /><input name="lang" type="hidden" value="es" /><input name="gn" type="hidden" value="ml" /><input type="hidden" id="interface" name="interface" value="full" />
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		<title>La utopía revolucionaria (Heleno Saña)</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Mar 2013 22:44:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David</dc:creator>
				<category><![CDATA[Humanidades y ciencias sociales]]></category>

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		<description><![CDATA[Traigo aquí un artículo de Heleno Saña publicado en el nº 70 de la revista &#8220;Cultura para la esperanza&#8221; en el invierno del 2007. Era el inicio de la crisis que estamos viviendo y que desde entonces ha agitado conciencias y ha abierto muchos ojos de par en par.  Para mi estos años han sido [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Traigo aquí un artículo de Heleno Saña publicado en el nº 70 de la revista &#8220;Cultura para la esperanza&#8221; en el invierno del 2007. Era el inicio de la crisis que estamos viviendo y que desde entonces ha agitado conciencias y ha abierto muchos ojos de par en par.  Para mi estos años han sido la oportunidad de conocer un mundo que se me había ocultado durante toda mi vida, no hay mal que por bien no venga y nunca es tarde si la dicha es buena. Traspasado el ecuador de una existencia media este es uno de los mejores regalos que la vida me ha dado, sin duda&#8230;</p>
<p>Es importante conocer nuestro pasado, la lucha de la clase trabajadora que se dio en el periodo de entreguerras nada tiene que ver con la lucha que se está dando ahora, cierto que desde el 2007 se han incrementado las manifestaciones y las huelgas  pero son unos actos que no creo que inquieten a los que tienen la sartén por el mango, en muchos casos son acciones que refuerzan al sistema, más que debilitarlo, porque no se está cuestionando la esencia del mismo, sino que se está exigiendo que sea un capitalismo más amable con los ciudadanos pero nada se dice de los daños colaterales que se infringe al planeta y a muchos seres  humanos de otras latitudes por mantener el bienestar en el primer mundo, incluso el daño que se nos provoca a nosotros mismos al hacernos esclavos de relaciones verticales, relaciones que nos mantienen en el infantilismo y que impiden que nuestro potencial como seres humanos se manifieste más allá de lo conveniente. El poder de los pocos ha aprendido del pasado y se ha cuidado mucho que la clase trabajadora &#8211; que el pueblo en general &#8211; perdiera su conciencia histórica, la interiorización del modelo social que se nos ha inducido desde pequeños no sólo es responsable de deficiencias en nuestra personalidad o de habernos desconectado de nuestra esencia creadora, el asunto es mucho más profundo y en él no sólo han intervenido nuestros padres y entorno más cercano, interviene la sociedad en su conjunto pero principalmente los que tienen la posibilidad y los medios para dirigirnos hacia el redil continuamente, sin descanso, mediante una cosmovisión y una vida cotidiana que nos mantiene totalmente alienados de la realidad y que nos debilita como seres humanos, cada vez es más cercano un mundo de &#8220;seres nada&#8221; si no ponemos remedio, la medicina está en nuestro interior y en los vínculos de amor que podamos crear con el resto de nuestros iguales. Ahora si, el artículo&#8230;</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" title="Heleno Saña" src="http://www.upaya.es/wp-content/uploads/Heleno-Saña.jpg" alt="" width="250" height="353" /></p>
<p><strong>LA UTOPÍA REVOLUCIONARIA por HELENO SAÑA</strong><span id="more-1276"></span></p>
<p><strong>¿Qué queda de ella en la política europea actual?</strong></p>
<p>No creo que sea injusto afirmar que las sociedades de la Europa actual se caracterizan esencialmente por su falta de ideales y de proyectos emancipativos dignos de este nombre. Me apresuro a consignar que el juicio de valor que acabo de emitir se refiere en primer lugar y especialmente a la casta dirigente del continente, cada vez más corrupta, irresponsable e incapaz de superar las aporías, anomalías, injusticias y problemas creados por su insaciable codicia material, su afán obsesivo de poder, su falta elemental de ética, su dureza de corazón y otras patologías antihumanas y antisociales no menos graves. Pero dicho esto tengo que añadir, con la consiguiente tristeza, que tampoco las clases trabajadoras son lo que fueron un día y lo que en un orden mínimamente óptimo de cosas deberían y podrían ser. Más alejadas que nunca de sus antiguos sueños redencionales, no conservan nada esencial de su pasado revolucionario, empezando por una categoría antaño tan elemental y consubstancial a la condición obrera como la conciencia de clase, sin la cual no puede haber tampoco una confrontación a fondo con el orden establecido. Aunque en su seno existan todavía militantes de buena voluntad que siguen luchando sincera y desinteresadamente por una Europa más humana, justa y solidaria, sus órganos de lucha se han convertido en organizaciones burocráticas desligadas totalmente de los ideales emancipativos de antaño. Por eso ya no se reunen para educarse y reflexionar en común, por eso ya no tienen ateneos ni centros culturales ni órganos de información propios ni nada de lo que crearon en los tiempos heroicos de la lucha contra el dominio del capitalismo. La cultura o pseudocultura de que se nutre hoy el obrero procede en gran parte de intelectuales al servicio de la burguesía, no corresponde a sus propias condiciones de vida ni contribuye a su emancipación mental. El solipsismo triunfa sobre la solidaridad, el individualismo sobre el compañerismo. También los obreros dan prioridad a su &#8220;privacy&#8221; y a las pequeñas o grandes satisfacciones de su vida personal o familiar, también ellos se desentienden cada vez más de los debates de la &#8220;res publica&#8221; y se dejan narcotizar por la industria de la diversión y el espectáculo que el sistema ha montado para que no cobren conciencia de su condición de &#8220;esclavos sublimados&#8221; (Marcuse).</p>
<p>Hay épocas rebeldes y épocas dóciles, épocas que protestan y épocas conformistas, épocas que viven en conflicto casi continuo con el poder establecido y épocas que se someten a su dictado sin apenas rechistar. El momento histórico actual pertenece, en esencia y con pocas excepciones, a estas últimas. Ortega y Gasset, alarmado por la fulminante irrupción de las clases trabajadoras en la vida pública de la Europa de entreguerras, no dudó en hablar, en su famoso libro, de la &#8220;rebelión de las masas&#8221;. Pero ya apenas terminada la II Guerra Mundial, Albert Camus podía afirmar, sin no menos razón, que &#8220;la verdadera pasión del siglo XX es la servidumbre&#8221; (L&#8217;homme révolté). Es el autor francés quien a la larga ha demostrado ver más claro. Porque si hay algo que caracteriza al individuo de la sociedad de consumo no es la rebelión, sino la sumisión. El &#8220;nuevo orden mundial&#8221; surgido tras el desmoronamiento del imperio soviético constituye el apogeo de la conciencia servil y el descenso vertiginoso del espíritu crítico y contestatario que ha caracterizado las fases más fecundas de la vida europea. Nunca fue tan fácil mandar ni nunca hubo tanta gente dispuesta a obedecer, también en el seno de las propias masas asalariadas.</p>
<p><strong>¿Qué ha ocurrido?</strong></p>
<p>¿Cómo ha sido posible y cuáles son las causas de este proceso regresivo, de la pérdida u olvido de la identidad y de la ilusión utópica del proletariado? ¿Se debe ello a que las teorías sociales surgidas en el siglo XIX eran erróneas y no correspondían a las necesidades del hombre y la sociedad? No es en esa dirección donde hay que buscar la respuesta al problema que estamos analizando. El hecho de que estos ideales fueran en su día pisoteados brutalmente por el marxismo-leninismo-estalinismo y que otras corrientes ideológicas no estuvieran tampoco a la altura de las circunstancias como la socialdemocracia alemana a partir de 1914- no significa en absoluto que las reivindicaciones y postulados de justicia, de igualdad y de solidaridad defendidos por el movimiento obrero desde el primer momento hayan perdido su razón de ser. No sólo siguen conservando su plena legitimidad y vigencia, sino que están más justificados que nunca. Y ello por la sencilla razón de que estamos asistiendo desde la década del setenta a una reproletarización de las condiciones de vida y de trabajo de las clases asalariadas. El concepto de &#8220;working poor&#8221; fue acuñado en los EEUU, pero forma parte desde hace tiempo de la realidad socioeconómica europea. El capitalismo salvaje hoy imperante no es un ápice mejor que el capitalismo manchesteriano, aunque las conquistas logradas desde entonces por las clases trabajadoras hayan puesto ciertos límites al proceso de explotación. Pero la tendencia del poder económico y buena parte del político es la de reducir a cero la capacidad de resistencia de las organizaciones sindicales e imponer la hegemonía total del capital sobre el trabajo. Y en gran parte lo han logrado ya. La &#8220;Realpolitik&#8221; se ha impuesto sobre las visiones del pensamiento emancipativo, el &#8220;principio esperanza&#8221; de Ernst Bloch ha dado paso a la desesperanza y la desilusión. En vez de revolución tenemos &#8220;political correctness&#8221;. Hoy más que nunca se confirma la tesis marxiana de que el pensamiento dominante en cada época es siempre el pensamiento de la clase dominante. Impera no la razón humana, sino la razón utilitarista de la burguesía. El obrero europeo ha dicho adiós a sus sueños de liberación para conformarse mal que bien con el modelo de vida impuesto por el sistema.</p>
<p><strong>La represión sublimada</strong></p>
<p>Para domesticar a las clases trabajadoras y anular su espíritu de resistencia, el sistema se ha valido no de la represión abierta, como antaño, sino preferentemente de la represión no violenta y sublimada, consistente en integrar al obrero en su proceso de producción y reproducción y hacerle creer que sus intereses coinciden con los de las clases dominantes. La dialéctica hegeliana del amo y el esclavo funciona a maravilla. Y ello sin necesidad de recurrir a la opresión abierta, como en los regímenes totalitarios, sino con el consentimiento o resignación de las propias víctimas. De ahí que la antigua confrontación entre capital y trabajo haya sido sustituida por la &#8220;partneship&#8221; o conjunción de intereses de ambos bandos. De vez en cuando se producen ciertamente conflictos y huelgas, pero su objetivo no es el de poner fin al sistema, sino de arrancarle algunas concesiones salariales que se convierten en nulas a través de un aumento de los precios y de los impuestos y del desmontaje de las prestaciones sociales, cada vez más exiguas y precarias.</p>
<p>La reacción del asalariado ante la dictadura cada vez más brutal de los detentadores del poder no es la rebeldía, sino el miedo. El &#8220;mi ser es miedo&#8221; de Kafka ha dejado de ser el estado de ánimo de un intelectual desarraigado para convertirse en un estado de conciencia colectivo. Es la consecuencia inevitable de lo que la politóloga francesa Vivianne Forrester llamó hace algunos años &#8220;L&#8217;horreur économique&#8221;. Más de dos tercios de la población trabajadora de Alemania renuncian a darse de baja por enfermedad por miedo a perder su puesto de trabajo, un fenómeno extensivo en mayor o menor grado a todos los países de la Unión Europea. O como escribe Zygmunt Bauman en su libro &#8220;Modernity and ambivalence&#8221;, &#8220;en la sociedad postmoderna de consumidores, el fracaso se transforma no en protesta política, sino en conciencia de culpa y de vergüenza&#8221;. Uno no necesita ser marxista para recordar que hace ahora más de 150 años Marx y Engels señalaron ya en su &#8220;Manifiesto Comunista&#8221; la situación de &#8220;inseguridad perpetua&#8221; que el capitalismo crea. Pero no es sólo el miedo lo que paraliza al proletariado europeo y a sus órganos representativos, sino el desconocimiento casi total de lo que fue la teoría y la praxis del movimiento obrero en el siglo XIX y primer tercio del XX. El lavado de cerebro practicado por el sistema ha logrado convertir al obrero en escueto &#8220;homo consumens&#8221; y borrar de su conciencia todo vestigio de voluntad emancipativa. La conciencia de clase que George Lukacs ensalzó en su famoso libro como el arma más contundente del proletariado, ha pasado a ser desde hace tiempo una figura de museo y un bello recuerdo del pasado. El desconocimiento de los propios valores es otra de las manifestaciones del estado de alienación general en que se encuentra el obrero tanto como sujeto particular como colectivo. Se cumple una vez más una ley histórica siempre repetida, como señala Leszek</p>
<p>Kolakowski en su libro &#8220;El reacionalismo como ideología&#8221;: &#8220;Está claro que la secular dependencia de inmensas masas humanas respecto de unas clases privilegiadas, cuantitativamente escasas, sólo ha sido posible con la ayuda de una eficaz obnubilación de la conciencia de los oprimidos acerca de su propia situación, o sea, con la ayuda de una ideología impuesta a las masas por unas pocas capas dominantes, pero en posesión de todos los medios de información y comunicación&#8221;.</p>
<p><strong>Los partidos de izquierda</strong></p>
<p>Los programas, la conducta y la terminología de los actuales partidos de izquierda tienen muy poco o nada que ver con lo que eran en otros tiempos. Me refiero especialmente a los partidos socialdemócratas, socialistas y al Partido Laborista británico, que son los supervivientes de la &#8220;izquierda histórica&#8221; y los únicos dotados todavía de una notable envergadura cuantitativa. Por lo que atañe a los partidos comunistas, o han pasado a mejor vida o han tenido que cambiar de siglas o fundirse con otros sectores ideológicos para poder sobrevivir. Su impacto en la vida política es secundario y sin relieve, en Alemania, Inglaterra y los países escandinavos prácticamente nulo. Y lo mismo cabe decir de los países de la Europa del Este, sin descartar a Rusia, el antiguo baluarte del &#8220;socialismo real&#8221; cuyo actual partido comunista tuvo que conformarse en las elecciones de noviembre último con algo más del diez por ciento de los votos. Y lo poco que queda de ellos en los países latinos son en realidad cadáveres flotantes con escasas posibilidades de volver a renacer y a recuperar la fuerza que un día tuvieron.</p>
<p>Lo primero que los partidos socialistas y socialdemócratas de origen marxista lo que reza en particular para el Partido Socialdemócrata Alemán- han hecho en las últimas décadas es erradicar de sus programas todo vestigio de su doctrina fundacional. Todos ellos se han ido adaptando a las condiciones impuestas por el gran capital y asumido el positivismo, el pragmatismo y la razón instrumental predominantes hoy en el campo de la teoría y la praxis política. De ahí que carezcan de visiones emancipativas dignas de este nombre y no ofrezcan ninguna alternativa al sistema. Su posición fundamental es el fariseísmo, el doble juego y una terminología abstracta y ambigua que no compromete a nada concreto, y menos a emprender reformas encaminadas a mejorar sustancialmente la suerte de los estratos menesterosos y desfavorecidos de la población. Por supuesto han dejado de ser partidos obreros para convertirse en partidos burgueses. De ahí que sus representantes en el Parlamento procedan en su mayoría de las clases medias, que en la sociedad tardocapitalista son los cuadros profesionales encargados de administrar el aparato técnico del sistema. Marx y Engels se equivocaron de plano al vaticinar que la creciente polarización de la sociedad entre proletarios y capitalistas conduciría a una extinción de la clase media, una profecía que Bernstein fue el primero en rebatir. La política es hoy un dominio de las clases medias, y dentro de ellas, de los abogados, que como Max Weber viera muy bien, son el sector profesional más idóneo para desempeñar esta función. Que Felipe González y Rodríguez Zapatero pertenezcan a esa rama profesional no es un producto del azar, sino la confirmación de un fenómeno muy extendido en todos los países europeos. Por razones estratégicas y de imagen, los socialistas de nuevo cuño conservan los nombres y las siglas de sus antecesores, pero no su sustancia original, cada vez más diluida y vacía de contenido. Tampoco son dirigidos por obreros o líderes entregados en cuerpo y alma a la causa obrera, como en otros tiempos, sino por tecnócratas y funcionarios sin vínculos profundos con los estratos humildes de población o con lo que antaño se denominaba &#8220;pueblo&#8221;. No necesito subrayar que los partidos socialistas y socialdemócratas lo mismo que el laborista- no gobiernan para las clases trabajadoras y los sectores desprivilegiados de población, sino para el capital financiero e industrial. Baste en este contexto mencionar las excelentes relaciones existentes entre Rodríguez Zapatero y Botín y otros banqueros de pro. Pero más grave y significativo es todavía que también en períodos de gobierno socialista o socialdemócrata, los grandes consorcios siguen multiplicando sus márgenes de beneficios, a la vez que se multiplica la pobreza, la precariedad laboral y la marginación social. Los políticos socialistas, socialdemócratas y laboristas gobiernan naturalmente también para sus propios bolsillos, lo que explica los escandalosos emolumentos y privilegios que sus representantes en los Parlamentos y en el Senado se adjudican a sí mismos.</p>
<p>Los partidos socialistas no son hoy ni siquiera el taller de reparaciones del capitalismo, como de ellos decían despectivamente los marxistas durante las décadas de la guerra fría. Después de haberse despojado de su doctrina de origen, han pasado a ser la versión europea del partido demócrata norteamericano. Igual que éste, los partidos socialistas y socialdemócratas europeos no han solucionado ninguna de las aporías del capitalismo, y no pocas veces las han agravado, como en los últimos años el ex canciller Gerhard Schröder en Alemania o Tony Blair en Inglaterra. Y lo mismo cabe decir &#8220;mutatis mutandis&#8221; de Rodríguez Zapatero, quien presume de ser el jefe de gobierno de la octava potencia económica del mundo pero silenciando que el 20% por ciento de la población española vive por debajo del índice de pobreza. Como en los EEUU, el &#8220;big business&#8221; puede contar ahora con dos opciones políticas a su favor: con la tradicionalmente conservadora y con la que sigue denominándose socialista, socialdemócrata o laborista, con la seguridad de que gobiernen unos o los otros, los ricos seguirán siendo ricos y los pobres, pobres. Lo demás es retórica de mitin, propaganda electoral e instrumentalización de la verdad.</p>
<p><strong>Reflexión final</strong></p>
<p>En las últimas décadas han surgido en Europa como en otros continentes- un gran número de movimientos sociales, organizaciones no gubernamentales, plataformas ecologistas, foros feministas e iniciativas cívicas de diverso género, pero al margen de la función positiva que hayan cumplido y siguen cumpliendo, no han logrado llenar el vacío utópico dejado por la crisis del ideario obrero. De la misma manera, estas fuerzas alternativas de nuevo signo tampoco han conseguido hasta la fecha conmover seriamente los cimientos del orden reinante. Y a pesar de sus incesantes actividades, de su compromiso militante y de su presencia en la vida pública, su testimonio no ha llegado suficientemente a las masas asalariadas. Ya a partir de la Asociación Internacional de Trabajadores, las clases trabajadoras estuvieron divididas a menudo por notables y a veces abismales diferencias ideológicas o estratégicas, pero compartían el ideal de sustituir el capitalismo por una sociedad sin explotadores ni explotados. Esta motivación utópica falta no sólo al obrero de la sociedad de consumo, sino también a los nuevos movimientos críticos y oposicionales, más inclinados a corregir determinados excesos, abusos e irregularidades del sistema que a suprimir éste en su totalidad. De ahí que sus reivindicaciones y planteamientos sean de signo más reformista que revolucionario, y por ello, insuficientes para combatir a fondo y en sentido exhaustivo la hegemonía cada vez más brutal, inhumana e irresponsable del gran capital y sus lacayos políticos y mediáticos de turno. Con ello no quiero decir que las reformas parciales carezcan de valor; lo tienen, pero sólo alcanzan su pleno sentido cuando son concebidas en función de la liberación total. Tampoco se trata de que los nuevos movimientos antisistémicos sean un remedo mecánico de la teoría y la praxis del antiguo proletariado, ya por el solo hecho de que el mundo se enfrenta a desafíos y problemas antes desconocidos. No necesito subrayar que detrás de estas palabras no hay la más mínima intención de enmendar la plana a nadie, sino que su única finalidad es la de propiciar un proceso de reflexión y de profundización en el seno de todas las fuerzas que, con mayor o menor fortuna pero con la mejor voluntad luchan por un mundo más justo, más humano, más solidario y más acorde con las verdaderas necesidades del hombre.</p>
<form id="vozme_form_2ec8072b5da9399df91c5008884ad1de" method="post" name="vozme_form_2ec8072b5da9399df91c5008884ad1de" target="2ec8072b5da9399df91c5008884ad1de" action="http://vozme.com/text2voice.php"><input name="text" type="hidden" value="La utopía revolucionaria (Heleno Saña).. Traigo aquí un artículo de Heleno Saña publicado en el nº 70 de la revista &#8220;Cultura para la esperanza&#8221; en el invierno del 2007. Era el inicio de la crisis que estamos viviendo y que desde entonces ha agitado conciencias y ha abierto muchos ojos de par en par.  Para mi estos años han sido la oportunidad de conocer un mundo que se me había ocultado durante toda mi vida, no hay mal que por bien no venga y nunca es tarde si la dicha es buena. Traspasado el ecuador de una existencia media este es uno de los mejores regalos que la vida me ha dado, sin duda&#8230;
Es importante conocer nuestro pasado, la lucha de la clase trabajadora que se dio en el periodo de entreguerras nada tiene que ver con la lucha que se está dando ahora, cierto que desde el 2007 se han incrementado las manifestaciones y las huelgas  pero son unos actos que no creo que inquieten a los que tienen la sartén por el mango, en muchos casos son acciones que refuerzan al sistema, más que debilitarlo, porque no se está cuestionando la esencia del mismo, sino que se está exigiendo que sea un capitalismo más amable con los ciudadanos pero nada se dice de los daños colaterales que se infringe al planeta y a muchos seres  humanos de otras latitudes por mantener el bienestar en el primer mundo, incluso el daño que se nos provoca a nosotros mismos al hacernos esclavos de relaciones verticales, relaciones que nos mantienen en el infantilismo y que impiden que nuestro potencial como seres humanos se manifieste más allá de lo conveniente. El poder de los pocos ha aprendido del pasado y se ha cuidado mucho que la clase trabajadora &#8211; que el pueblo en general &#8211; perdiera su conciencia histórica, la interiorización del modelo social que se nos ha inducido desde pequeños no sólo es responsable de deficiencias en nuestra personalidad o de habernos desconectado de nuestra esencia creadora, el asunto es mucho más profundo y en él no sólo han intervenido nuestros padres y entorno más cercano, interviene la sociedad en su conjunto pero principalmente los que tienen la posibilidad y los medios para dirigirnos hacia el redil continuamente, sin descanso, mediante una cosmovisión y una vida cotidiana que nos mantiene totalmente alienados de la realidad y que nos debilita como seres humanos, cada vez es más cercano un mundo de &#8220;seres nada&#8221; si no ponemos remedio, la medicina está en nuestro interior y en los vínculos de amor que podamos crear con el resto de nuestros iguales. Ahora si, el artículo&#8230;

LA UTOPÍA REVOLUCIONARIA por HELENO SAÑA
¿Qué queda de ella en la política europea actual?
No creo que sea injusto afirmar que las sociedades de la Europa actual se caracterizan esencialmente por su falta de ideales y de proyectos emancipativos dignos de este nombre. Me apresuro a consignar que el juicio de valor que acabo de emitir se refiere en primer lugar y especialmente a la casta dirigente del continente, cada vez más corrupta, irresponsable e incapaz de superar las aporías, anomalías, injusticias y problemas creados por su insaciable codicia material, su afán obsesivo de poder, su falta elemental de ética, su dureza de corazón y otras patologías antihumanas y antisociales no menos graves. Pero dicho esto tengo que añadir, con la consiguiente tristeza, que tampoco las clases trabajadoras son lo que fueron un día y lo que en un orden mínimamente óptimo de cosas deberían y podrían ser. Más alejadas que nunca de sus antiguos sueños redencionales, no conservan nada esencial de su pasado revolucionario, empezando por una categoría antaño tan elemental y consubstancial a la condición obrera como la conciencia de clase, sin la cual no puede haber tampoco una confrontación a fondo con el orden establecido. Aunque en su seno existan todavía militantes de buena voluntad que siguen luchando sincera y desinteresadamente por una Europa más humana, justa y solidaria, sus órganos de lucha se han convertido en organizaciones burocráticas desligadas totalmente de los ideales emancipativos de antaño. Por eso ya no se reunen para educarse y reflexionar en común, por eso ya no tienen ateneos ni centros culturales ni órganos de información propios ni nada de lo que crearon en los tiempos heroicos de la lucha contra el dominio del capitalismo. La cultura o pseudocultura de que se nutre hoy el obrero procede en gran parte de intelectuales al servicio de la burguesía, no corresponde a sus propias condiciones de vida ni contribuye a su emancipación mental. El solipsismo triunfa sobre la solidaridad, el individualismo sobre el compañerismo. También los obreros dan prioridad a su &#8220;privacy&#8221; y a las pequeñas o grandes satisfacciones de su vida personal o familiar, también ellos se desentienden cada vez más de los debates de la &#8220;res publica&#8221; y se dejan narcotizar por la industria de la diversión y el espectáculo que el sistema ha montado para que no cobren conciencia de su condición de &#8220;esclavos sublimados&#8221; (Marcuse).
Hay épocas rebeldes y épocas dóciles, épocas que protestan y épocas conformistas, épocas que viven en conflicto casi continuo con el poder establecido y épocas que se someten a su dictado sin apenas rechistar. El momento histórico actual pertenece, en esencia y con pocas excepciones, a estas últimas. Ortega y Gasset, alarmado por la fulminante irrupción de las clases trabajadoras en la vida pública de la Europa de entreguerras, no dudó en hablar, en su famoso libro, de la &#8220;rebelión de las masas&#8221;. Pero ya apenas terminada la II Guerra Mundial, Albert Camus podía afirmar, sin no menos razón, que &#8220;la verdadera pasión del siglo XX es la servidumbre&#8221; (L&#8217;homme révolté). Es el autor francés quien a la larga ha demostrado ver más claro. Porque si hay algo que caracteriza al individuo de la sociedad de consumo no es la rebelión, sino la sumisión. El &#8220;nuevo orden mundial&#8221; surgido tras el desmoronamiento del imperio soviético constituye el apogeo de la conciencia servil y el descenso vertiginoso del espíritu crítico y contestatario que ha caracterizado las fases más fecundas de la vida europea. Nunca fue tan fácil mandar ni nunca hubo tanta gente dispuesta a obedecer, también en el seno de las propias masas asalariadas.
¿Qué ha ocurrido?
¿Cómo ha sido posible y cuáles son las causas de este proceso regresivo, de la pérdida u olvido de la identidad y de la ilusión utópica del proletariado? ¿Se debe ello a que las teorías sociales surgidas en el siglo XIX eran erróneas y no correspondían a las necesidades del hombre y la sociedad? No es en esa dirección donde hay que buscar la respuesta al problema que estamos analizando. El hecho de que estos ideales fueran en su día pisoteados brutalmente por el marxismo-leninismo-estalinismo y que otras corrientes ideológicas no estuvieran tampoco a la altura de las circunstancias como la socialdemocracia alemana a partir de 1914- no significa en absoluto que las reivindicaciones y postulados de justicia, de igualdad y de solidaridad defendidos por el movimiento obrero desde el primer momento hayan perdido su razón de ser. No sólo siguen conservando su plena legitimidad y vigencia, sino que están más justificados que nunca. Y ello por la sencilla razón de que estamos asistiendo desde la década del setenta a una reproletarización de las condiciones de vida y de trabajo de las clases asalariadas. El concepto de &#8220;working poor&#8221; fue acuñado en los EEUU, pero forma parte desde hace tiempo de la realidad socioeconómica europea. El capitalismo salvaje hoy imperante no es un ápice mejor que el capitalismo manchesteriano, aunque las conquistas logradas desde entonces por las clases trabajadoras hayan puesto ciertos límites al proceso de explotación. Pero la tendencia del poder económico y buena parte del político es la de reducir a cero la capacidad de resistencia de las organizaciones sindicales e imponer la hegemonía total del capital sobre el trabajo. Y en gran parte lo han logrado ya. La &#8220;Realpolitik&#8221; se ha impuesto sobre las visiones del pensamiento emancipativo, el &#8220;principio esperanza&#8221; de Ernst Bloch ha dado paso a la desesperanza y la desilusión. En vez de revolución tenemos &#8220;political correctness&#8221;. Hoy más que nunca se confirma la tesis marxiana de que el pensamiento dominante en cada época es siempre el pensamiento de la clase dominante. Impera no la razón humana, sino la razón utilitarista de la burguesía. El obrero europeo ha dicho adiós a sus sueños de liberación para conformarse mal que bien con el modelo de vida impuesto por el sistema.
La represión sublimada
Para domesticar a las clases trabajadoras y anular su espíritu de resistencia, el sistema se ha valido no de la represión abierta, como antaño, sino preferentemente de la represión no violenta y sublimada, consistente en integrar al obrero en su proceso de producción y reproducción y hacerle creer que sus intereses coinciden con los de las clases dominantes. La dialéctica hegeliana del amo y el esclavo funciona a maravilla. Y ello sin necesidad de recurrir a la opresión abierta, como en los regímenes totalitarios, sino con el consentimiento o resignación de las propias víctimas. De ahí que la antigua confrontación entre capital y trabajo haya sido sustituida por la &#8220;partneship&#8221; o conjunción de intereses de ambos bandos. De vez en cuando se producen ciertamente conflictos y huelgas, pero su objetivo no es el de poner fin al sistema, sino de arrancarle algunas concesiones salariales que se convierten en nulas a través de un aumento de los precios y de los impuestos y del desmontaje de las prestaciones sociales, cada vez más exiguas y precarias.
La reacción del asalariado ante la dictadura cada vez más brutal de los detentadores del poder no es la rebeldía, sino el miedo. El &#8220;mi ser es miedo&#8221; de Kafka ha dejado de ser el estado de ánimo de un intelectual desarraigado para convertirse en un estado de conciencia colectivo. Es la consecuencia inevitable de lo que la politóloga francesa Vivianne Forrester llamó hace algunos años &#8220;L&#8217;horreur économique&#8221;. Más de dos tercios de la población trabajadora de Alemania renuncian a darse de baja por enfermedad por miedo a perder su puesto de trabajo, un fenómeno extensivo en mayor o menor grado a todos los países de la Unión Europea. O como escribe Zygmunt Bauman en su libro &#8220;Modernity and ambivalence&#8221;, &#8220;en la sociedad postmoderna de consumidores, el fracaso se transforma no en protesta política, sino en conciencia de culpa y de vergüenza&#8221;. Uno no necesita ser marxista para recordar que hace ahora más de 150 años Marx y Engels señalaron ya en su &#8220;Manifiesto Comunista&#8221; la situación de &#8220;inseguridad perpetua&#8221; que el capitalismo crea. Pero no es sólo el miedo lo que paraliza al proletariado europeo y a sus órganos representativos, sino el desconocimiento casi total de lo que fue la teoría y la praxis del movimiento obrero en el siglo XIX y primer tercio del XX. El lavado de cerebro practicado por el sistema ha logrado convertir al obrero en escueto &#8220;homo consumens&#8221; y borrar de su conciencia todo vestigio de voluntad emancipativa. La conciencia de clase que George Lukacs ensalzó en su famoso libro como el arma más contundente del proletariado, ha pasado a ser desde hace tiempo una figura de museo y un bello recuerdo del pasado. El desconocimiento de los propios valores es otra de las manifestaciones del estado de alienación general en que se encuentra el obrero tanto como sujeto particular como colectivo. Se cumple una vez más una ley histórica siempre repetida, como señala Leszek
Kolakowski en su libro &#8220;El reacionalismo como ideología&#8221;: &#8220;Está claro que la secular dependencia de inmensas masas humanas respecto de unas clases privilegiadas, cuantitativamente escasas, sólo ha sido posible con la ayuda de una eficaz obnubilación de la conciencia de los oprimidos acerca de su propia situación, o sea, con la ayuda de una ideología impuesta a las masas por unas pocas capas dominantes, pero en posesión de todos los medios de información y comunicación&#8221;.
Los partidos de izquierda
Los programas, la conducta y la terminología de los actuales partidos de izquierda tienen muy poco o nada que ver con lo que eran en otros tiempos. Me refiero especialmente a los partidos socialdemócratas, socialistas y al Partido Laborista británico, que son los supervivientes de la &#8220;izquierda histórica&#8221; y los únicos dotados todavía de una notable envergadura cuantitativa. Por lo que atañe a los partidos comunistas, o han pasado a mejor vida o han tenido que cambiar de siglas o fundirse con otros sectores ideológicos para poder sobrevivir. Su impacto en la vida política es secundario y sin relieve, en Alemania, Inglaterra y los países escandinavos prácticamente nulo. Y lo mismo cabe decir de los países de la Europa del Este, sin descartar a Rusia, el antiguo baluarte del &#8220;socialismo real&#8221; cuyo actual partido comunista tuvo que conformarse en las elecciones de noviembre último con algo más del diez por ciento de los votos. Y lo poco que queda de ellos en los países latinos son en realidad cadáveres flotantes con escasas posibilidades de volver a renacer y a recuperar la fuerza que un día tuvieron.
Lo primero que los partidos socialistas y socialdemócratas de origen marxista lo que reza en particular para el Partido Socialdemócrata Alemán- han hecho en las últimas décadas es erradicar de sus programas todo vestigio de su doctrina fundacional. Todos ellos se han ido adaptando a las condiciones impuestas por el gran capital y asumido el positivismo, el pragmatismo y la razón instrumental predominantes hoy en el campo de la teoría y la praxis política. De ahí que carezcan de visiones emancipativas dignas de este nombre y no ofrezcan ninguna alternativa al sistema. Su posición fundamental es el fariseísmo, el doble juego y una terminología abstracta y ambigua que no compromete a nada concreto, y menos a emprender reformas encaminadas a mejorar sustancialmente la suerte de los estratos menesterosos y desfavorecidos de la población. Por supuesto han dejado de ser partidos obreros para convertirse en partidos burgueses. De ahí que sus representantes en el Parlamento procedan en su mayoría de las clases medias, que en la sociedad tardocapitalista son los cuadros profesionales encargados de administrar el aparato técnico del sistema. Marx y Engels se equivocaron de plano al vaticinar que la creciente polarización de la sociedad entre proletarios y capitalistas conduciría a una extinción de la clase media, una profecía que Bernstein fue el primero en rebatir. La política es hoy un dominio de las clases medias, y dentro de ellas, de los abogados, que como Max Weber viera muy bien, son el sector profesional más idóneo para desempeñar esta función. Que Felipe González y Rodríguez Zapatero pertenezcan a esa rama profesional no es un producto del azar, sino la confirmación de un fenómeno muy extendido en todos los países europeos. Por razones estratégicas y de imagen, los socialistas de nuevo cuño conservan los nombres y las siglas de sus antecesores, pero no su sustancia original, cada vez más diluida y vacía de contenido. Tampoco son dirigidos por obreros o líderes entregados en cuerpo y alma a la causa obrera, como en otros tiempos, sino por tecnócratas y funcionarios sin vínculos profundos con los estratos humildes de población o con lo que antaño se denominaba &#8220;pueblo&#8221;. No necesito subrayar que los partidos socialistas y socialdemócratas lo mismo que el laborista- no gobiernan para las clases trabajadoras y los sectores desprivilegiados de población, sino para el capital financiero e industrial. Baste en este contexto mencionar las excelentes relaciones existentes entre Rodríguez Zapatero y Botín y otros banqueros de pro. Pero más grave y significativo es todavía que también en períodos de gobierno socialista o socialdemócrata, los grandes consorcios siguen multiplicando sus márgenes de beneficios, a la vez que se multiplica la pobreza, la precariedad laboral y la marginación social. Los políticos socialistas, socialdemócratas y laboristas gobiernan naturalmente también para sus propios bolsillos, lo que explica los escandalosos emolumentos y privilegios que sus representantes en los Parlamentos y en el Senado se adjudican a sí mismos.
Los partidos socialistas no son hoy ni siquiera el taller de reparaciones del capitalismo, como de ellos decían despectivamente los marxistas durante las décadas de la guerra fría. Después de haberse despojado de su doctrina de origen, han pasado a ser la versión europea del partido demócrata norteamericano. Igual que éste, los partidos socialistas y socialdemócratas europeos no han solucionado ninguna de las aporías del capitalismo, y no pocas veces las han agravado, como en los últimos años el ex canciller Gerhard Schröder en Alemania o Tony Blair en Inglaterra. Y lo mismo cabe decir &#8220;mutatis mutandis&#8221; de Rodríguez Zapatero, quien presume de ser el jefe de gobierno de la octava potencia económica del mundo pero silenciando que el 20% por ciento de la población española vive por debajo del índice de pobreza. Como en los EEUU, el &#8220;big business&#8221; puede contar ahora con dos opciones políticas a su favor: con la tradicionalmente conservadora y con la que sigue denominándose socialista, socialdemócrata o laborista, con la seguridad de que gobiernen unos o los otros, los ricos seguirán siendo ricos y los pobres, pobres. Lo demás es retórica de mitin, propaganda electoral e instrumentalización de la verdad.
Reflexión final
En las últimas décadas han surgido en Europa como en otros continentes- un gran número de movimientos sociales, organizaciones no gubernamentales, plataformas ecologistas, foros feministas e iniciativas cívicas de diverso género, pero al margen de la función positiva que hayan cumplido y siguen cumpliendo, no han logrado llenar el vacío utópico dejado por la crisis del ideario obrero. De la misma manera, estas fuerzas alternativas de nuevo signo tampoco han conseguido hasta la fecha conmover seriamente los cimientos del orden reinante. Y a pesar de sus incesantes actividades, de su compromiso militante y de su presencia en la vida pública, su testimonio no ha llegado suficientemente a las masas asalariadas. Ya a partir de la Asociación Internacional de Trabajadores, las clases trabajadoras estuvieron divididas a menudo por notables y a veces abismales diferencias ideológicas o estratégicas, pero compartían el ideal de sustituir el capitalismo por una sociedad sin explotadores ni explotados. Esta motivación utópica falta no sólo al obrero de la sociedad de consumo, sino también a los nuevos movimientos críticos y oposicionales, más inclinados a corregir determinados excesos, abusos e irregularidades del sistema que a suprimir éste en su totalidad. De ahí que sus reivindicaciones y planteamientos sean de signo más reformista que revolucionario, y por ello, insuficientes para combatir a fondo y en sentido exhaustivo la hegemonía cada vez más brutal, inhumana e irresponsable del gran capital y sus lacayos políticos y mediáticos de turno. Con ello no quiero decir que las reformas parciales carezcan de valor; lo tienen, pero sólo alcanzan su pleno sentido cuando son concebidas en función de la liberación total. Tampoco se trata de que los nuevos movimientos antisistémicos sean un remedo mecánico de la teoría y la praxis del antiguo proletariado, ya por el solo hecho de que el mundo se enfrenta a desafíos y problemas antes desconocidos. No necesito subrayar que detrás de estas palabras no hay la más mínima intención de enmendar la plana a nadie, sino que su única finalidad es la de propiciar un proceso de reflexión y de profundización en el seno de todas las fuerzas que, con mayor o menor fortuna pero con la mejor voluntad luchan por un mundo más justo, más humano, más solidario y más acorde con las verdaderas necesidades del hombre.
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		<title>Ya es hora de superar la desigualdad</title>
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		<pubDate>Sat, 09 Mar 2013 20:00:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David</dc:creator>
				<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>

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		<description><![CDATA[Dentro de la crisis multidimensional que nos afecta hay una crisis que sobresale por encima del resto y que está en los primeros lugares de las encuestas de lo que más preocupa a los ciudadanos españoles, hablamos de la crisis política. Los incontables casos de corrupción, el incumplimiento de los programas de los partidos y [...]]]></description>
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<p>Dentro de la crisis multidimensional que nos afecta hay una crisis que sobresale por encima del resto y que está en los primeros lugares de las encuestas de lo que más preocupa a los ciudadanos españoles, hablamos de la crisis política. Los incontables casos de corrupción, el incumplimiento de los programas de los partidos y la respuesta de muchos políticos que no parecen estar a la altura de la situación, limitándose a buscar el desprestigio del contrario, no ayudan a que la desafección por la política disminuya.</p>
<p><span id="more-1237"></span></p>
<p>La respuesta de la sociedad, se divide mayoritariamente en dos posturas, la primera crítica el comportamiento de los políticos a la vez que pone en tela de juicio los derechos que se han concedido ellos mismos y que los pone en una situación privilegiada, por encima de la del resto de ciudadanos, aquí entran razones económicas como los sueldos tan elevados que ganan, las pensiones vitalicias con cotizaciones de sólo siete años en el cargo, etc; así como razones de otra índole, por ejemplo aquellas que los hace ser casi inmunes a la justicia, como la condición de aforado. La segunda postura defiende a los políticos, denunciando que están siendo víctimas de una confabulación neoliberal para debilitar al Estado y que utilizan para ello uno de los rasgos de carácter más propio de los españoles, la envidia. “Es la envidia de los españoles, en cuanto destacas van a por ti”.  Sea un tópico o no, eso es lo que argumentan. &#8220;los ciudadanos lejos de alegrarse que otros tengan más derechos que ellos, más seguridad y mejores condiciones económicas, prefieren que sean despojados de sus privilegios, cuando realmente tendrían que luchar, no por desear el mal ajeno, sino por ponerse a la altura de los políticos y de sus derechos, porque los políticos están al servicio del bien común y eso es algo que los honra&#8221;. Si la primera postura maximiza los escándalos que agitan los medios de comunicación, la segunda los minimiza, &#8220;hay que limitarse a denunciar los casos de corrupción pero no caer en generalizaciones porque la mayoría de políticos son honrados&#8221;.</p>
<p>La primera postura  suele ir unida a demandas de mejoras en las condiciones materiales, aquí y ahora, sin cambios en la calidad del sujeto, sin autoexigencia personal de mejora.  La segunda anima a que el ciudadano medre en la escala social para conseguir esas condiciones materiales, esto es algo totalmente arraigado en el sistema capitalista, si quieres conseguir mejores condiciones materiales, tienes que dejar atrás tu condición de sujeto-energía para colocarte  como nuevo sujeto-inteligencia. Esto se experimenta en las empresas, por ejemplo en las consultoras informáticas &#8211; un sector profesional que conozco &#8211; los técnicos cobran menos que los consultores, que los jefes de proyecto, que los gerentes, que los directivos, o que los miembros del gobierno corporativo de la empresa, de esta forma se está promoviendo el desprecio al trabajo más manual, la única forma de mejora en este mundo materialista es el medro hacia el edén de la inteligencia para gobernar a los inferiores. Es típico de muchas empresas de informática que los consultores, más alejados del trabajo manual, desprecien a los técnicos (me se de una empresa donde los consultores llaman esclavos a los técnicos).</p>
<p>Esto no sólo ocurre en las empresas, en la modernidad se ha inculcado que la gente rural eran ciudadanos de segunda, así hay quien opina que la ciudad tiene el dominio de la inteligencia y las zonas rurales el dominio de la energía, y este hecho, muy documentado, fue una de las causas de la emigración masiva del campo a la ciudad, la propaganda que hacía sentir al campesino la vergüenza de su propia condición rural. Hoy los pedantócratas ilustrados sienten desprecio hacia las clases populares, las consideran masas reaccionarias y conservadoras que son un lastre para el progreso (básicamente científico, industrial y tecnológico).</p>
<p>Los sujetos de la segunda postura saben que defender el dominio de la inteligencia es hacer apología de la esclavitud, porque para tener cubiertas sus necesidades vitales tendrán que existir seres humanos que realicen los trabajos más duros para ellos, no sólo en sus propios países, también en otros países donde los derechos más básicos de las personas no estén garantizados y pueden ser mejor explotados para que los ciudadanos de los países más cercanos al dominio de la inteligencia obtengan mercancías más económicas. La promesa de una tecnología que nos salvará de la explotación se derrumba cuando los países del primer mundo, más tecnológicos y con la generación supuestamente más preparada de la historia (con más títulos universitarios), tienen que recurrir a la fuerza de trabajo de los países del tercer mundo. Es chocante que los países más tecnológicos estén en crisis, con mayores índices de desempleo, mientras los países del tercer mundo, menos tecnológicos y con una fuerza de trabajo hiper-explotada, se estén posicionando como potencias emergentes, es chocante si no se tiene en cuenta que la redención progresista-materialista es una falacia, el sistema sólo se mantiene mediante la desigualdad y diseñan los mecanismos adecuados para impedir que toda la población pueda tener éxito en el medro social. De ahí que estemos viviendo en estos momentos como se está corrigiendo esa desigualdad para que continúe avanzado la apisonadora estatal-capitalista, desmontando el Estado del bienestar que se impuso desde arriba, no por un sentimiento magnánimo, sino para aniquilar las relaciones horizontales de ayuda mutua y degradadar a los pocos sujetos que todavía oponían resistencia.</p>
<p>Ante estas dos posturas hay una tercera y quizás muchas más, esta postura se basa en mi <a href="http://www.upaya.es/?p=1217" target="_blank">anterior artículo</a> sobre las tres cualidades esenciales del ser humano. Los que siguen un paradigma darwiniano justificarán que primero fue la energía, luego el amor y finalmente la inteligencia. Según este paradigma la evolución justifica la opresión de la inteligencia contra la energía. El cerebro humano se compone de tres capas, el reptiliano, el límbico y el neocortex. El reptiliano, el más primitivo, regula las funciones fisiológicas involuntarias y es el responsable de la parte más primitiva de reflejo-respuesta. No piensa ni siente emociones. Luego tenemos el sistema límbico, la capa intermedia, almacén de nuestras emociones y recuerdos. Como tercera capa, más evolucionada y externa,  tenemos el neocórtex o cerebro racional, que es quien permite tener conciencia y controla las emociones. Incluso en algunas tradiciones espirituales, como las orientales, existe una posición jerárquica entre los centros de energía,  amor e inteligencia, donde unos son de una frecuencia más baja y otros son de una frecuencia más elevada y más pura, llámense chakras, centros energéticos, tan tien, etc, jerarquía que ha legitimado por ejemplo las castas en la India.</p>
<p>En este sentido la concepción darwiniana es heredera del neoplatonismo, la energía y el amor tienen que ponerse al servicio de la inteligencia, de la idea, porque lo primitivo es esclavo de lo nuevo, lo impuro es siervo de lo puro, así el mundo tiene que estar regido por los filósofos que desprecian el trabajo manual como su profeta Platón porque no es digno de un ser elevado. Todos los demás, guardianes y artesanos tienen que ponerse al servicio de los filósofos, manifestación de la Razón de Estado. Pero lo contrario, que todo esté al servicio de la fuerza y el placer, tampoco ha llevado a buen puerto, es la concepción nietzscheana que llevó al fascismo.  Las diferentes manifestaciones del Estado surgieron de una combinación, en mayor o menor grado, de estas dos concepciones.</p>
<p>Existe otro paradigma que invita a ver que somos un potencial infinito de energía, amor e inteligencia, y que las tres cualidades esenciales de la realidad ni están supeditadas unas a otras, ni fueron unas antes que las otras. Uno y trino, lo que es esencial es eterno e inmutable, sin principio, ni fin. Este paradigma viene influido por los trabajos de Antonio Blay y por el primer cristianismo asambleario (no el eclesiástico jerárquico), pero no se queda necesariamente en ellos.</p>
<p>La tercera postura que propongo es la demolición de la falsa jerarquía de las cualidades esenciales. Siguiendo a Simone Weil, para abolir la opresión hay que situar el trabajo manual en  el núcleo de la actividad económica, considerándolo un “valor supremo” y hacer desaparecer la separación entre los que piensan y los que hacen, entre los que dirigen y los que obedecen tanto en el ámbito económico, como político. No se trata de hacer descender a unos en derechos o privilegios, sino de elevarnos en deberes, todos. Los trabajadores tienen que elevarse a la categoría de verdaderos políticos y los políticos tienen que elevarse a la categoría de verdaderos trabajadores, porque una sociedad del amor no puede permitir la explotación, la esclavitud. Ni puede permitir la esclavitud, ni puede impedir que todos los seres humanos se eleven en las tres cualidades esenciales. Si un solo ser humano o país en lugar de conseguir su sustento trabajando con sus manos obliga a que otros lo hagan por él, aduciendo que esto es así porque se dedica a otros asuntos supuestamente más elevados, esto es esclavismo. Todo es elevado, la energía, el amor y la inteligencia. Ya es hora de superar la desigualdad, ya pasaron los tiempos de Aristóteles, donde se justificaba la desigualdad alegando que el esclavo es esclavo porque su naturaleza es esencialmente servil. ¡Basta ya!.</p>
<form id="vozme_form_f27f3156b5f807e6641786500be72fe4" method="post" name="vozme_form_f27f3156b5f807e6641786500be72fe4" target="f27f3156b5f807e6641786500be72fe4" action="http://vozme.com/text2voice.php"><input name="text" type="hidden" value="Ya es hora de superar la desigualdad.. 
Dentro de la crisis multidimensional que nos afecta hay una crisis que sobresale por encima del resto y que está en los primeros lugares de las encuestas de lo que más preocupa a los ciudadanos españoles, hablamos de la crisis política. Los incontables casos de corrupción, el incumplimiento de los programas de los partidos y la respuesta de muchos políticos que no parecen estar a la altura de la situación, limitándose a buscar el desprestigio del contrario, no ayudan a que la desafección por la política disminuya.

La respuesta de la sociedad, se divide mayoritariamente en dos posturas, la primera crítica el comportamiento de los políticos a la vez que pone en tela de juicio los derechos que se han concedido ellos mismos y que los pone en una situación privilegiada, por encima de la del resto de ciudadanos, aquí entran razones económicas como los sueldos tan elevados que ganan, las pensiones vitalicias con cotizaciones de sólo siete años en el cargo, etc; así como razones de otra índole, por ejemplo aquellas que los hace ser casi inmunes a la justicia, como la condición de aforado. La segunda postura defiende a los políticos, denunciando que están siendo víctimas de una confabulación neoliberal para debilitar al Estado y que utilizan para ello uno de los rasgos de carácter más propio de los españoles, la envidia. “Es la envidia de los españoles, en cuanto destacas van a por ti”.  Sea un tópico o no, eso es lo que argumentan. &#8220;los ciudadanos lejos de alegrarse que otros tengan más derechos que ellos, más seguridad y mejores condiciones económicas, prefieren que sean despojados de sus privilegios, cuando realmente tendrían que luchar, no por desear el mal ajeno, sino por ponerse a la altura de los políticos y de sus derechos, porque los políticos están al servicio del bien común y eso es algo que los honra&#8221;. Si la primera postura maximiza los escándalos que agitan los medios de comunicación, la segunda los minimiza, &#8220;hay que limitarse a denunciar los casos de corrupción pero no caer en generalizaciones porque la mayoría de políticos son honrados&#8221;.
La primera postura  suele ir unida a demandas de mejoras en las condiciones materiales, aquí y ahora, sin cambios en la calidad del sujeto, sin autoexigencia personal de mejora.  La segunda anima a que el ciudadano medre en la escala social para conseguir esas condiciones materiales, esto es algo totalmente arraigado en el sistema capitalista, si quieres conseguir mejores condiciones materiales, tienes que dejar atrás tu condición de sujeto-energía para colocarte  como nuevo sujeto-inteligencia. Esto se experimenta en las empresas, por ejemplo en las consultoras informáticas &#8211; un sector profesional que conozco &#8211; los técnicos cobran menos que los consultores, que los jefes de proyecto, que los gerentes, que los directivos, o que los miembros del gobierno corporativo de la empresa, de esta forma se está promoviendo el desprecio al trabajo más manual, la única forma de mejora en este mundo materialista es el medro hacia el edén de la inteligencia para gobernar a los inferiores. Es típico de muchas empresas de informática que los consultores, más alejados del trabajo manual, desprecien a los técnicos (me se de una empresa donde los consultores llaman esclavos a los técnicos).
Esto no sólo ocurre en las empresas, en la modernidad se ha inculcado que la gente rural eran ciudadanos de segunda, así hay quien opina que la ciudad tiene el dominio de la inteligencia y las zonas rurales el dominio de la energía, y este hecho, muy documentado, fue una de las causas de la emigración masiva del campo a la ciudad, la propaganda que hacía sentir al campesino la vergüenza de su propia condición rural. Hoy los pedantócratas ilustrados sienten desprecio hacia las clases populares, las consideran masas reaccionarias y conservadoras que son un lastre para el progreso (básicamente científico, industrial y tecnológico).
Los sujetos de la segunda postura saben que defender el dominio de la inteligencia es hacer apología de la esclavitud, porque para tener cubiertas sus necesidades vitales tendrán que existir seres humanos que realicen los trabajos más duros para ellos, no sólo en sus propios países, también en otros países donde los derechos más básicos de las personas no estén garantizados y pueden ser mejor explotados para que los ciudadanos de los países más cercanos al dominio de la inteligencia obtengan mercancías más económicas. La promesa de una tecnología que nos salvará de la explotación se derrumba cuando los países del primer mundo, más tecnológicos y con la generación supuestamente más preparada de la historia (con más títulos universitarios), tienen que recurrir a la fuerza de trabajo de los países del tercer mundo. Es chocante que los países más tecnológicos estén en crisis, con mayores índices de desempleo, mientras los países del tercer mundo, menos tecnológicos y con una fuerza de trabajo hiper-explotada, se estén posicionando como potencias emergentes, es chocante si no se tiene en cuenta que la redención progresista-materialista es una falacia, el sistema sólo se mantiene mediante la desigualdad y diseñan los mecanismos adecuados para impedir que toda la población pueda tener éxito en el medro social. De ahí que estemos viviendo en estos momentos como se está corrigiendo esa desigualdad para que continúe avanzado la apisonadora estatal-capitalista, desmontando el Estado del bienestar que se impuso desde arriba, no por un sentimiento magnánimo, sino para aniquilar las relaciones horizontales de ayuda mutua y degradadar a los pocos sujetos que todavía oponían resistencia.
Ante estas dos posturas hay una tercera y quizás muchas más, esta postura se basa en mi anterior artículo sobre las tres cualidades esenciales del ser humano. Los que siguen un paradigma darwiniano justificarán que primero fue la energía, luego el amor y finalmente la inteligencia. Según este paradigma la evolución justifica la opresión de la inteligencia contra la energía. El cerebro humano se compone de tres capas, el reptiliano, el límbico y el neocortex. El reptiliano, el más primitivo, regula las funciones fisiológicas involuntarias y es el responsable de la parte más primitiva de reflejo-respuesta. No piensa ni siente emociones. Luego tenemos el sistema límbico, la capa intermedia, almacén de nuestras emociones y recuerdos. Como tercera capa, más evolucionada y externa,  tenemos el neocórtex o cerebro racional, que es quien permite tener conciencia y controla las emociones. Incluso en algunas tradiciones espirituales, como las orientales, existe una posición jerárquica entre los centros de energía,  amor e inteligencia, donde unos son de una frecuencia más baja y otros son de una frecuencia más elevada y más pura, llámense chakras, centros energéticos, tan tien, etc, jerarquía que ha legitimado por ejemplo las castas en la India.
En este sentido la concepción darwiniana es heredera del neoplatonismo, la energía y el amor tienen que ponerse al servicio de la inteligencia, de la idea, porque lo primitivo es esclavo de lo nuevo, lo impuro es siervo de lo puro, así el mundo tiene que estar regido por los filósofos que desprecian el trabajo manual como su profeta Platón porque no es digno de un ser elevado. Todos los demás, guardianes y artesanos tienen que ponerse al servicio de los filósofos, manifestación de la Razón de Estado. Pero lo contrario, que todo esté al servicio de la fuerza y el placer, tampoco ha llevado a buen puerto, es la concepción nietzscheana que llevó al fascismo.  Las diferentes manifestaciones del Estado surgieron de una combinación, en mayor o menor grado, de estas dos concepciones.
Existe otro paradigma que invita a ver que somos un potencial infinito de energía, amor e inteligencia, y que las tres cualidades esenciales de la realidad ni están supeditadas unas a otras, ni fueron unas antes que las otras. Uno y trino, lo que es esencial es eterno e inmutable, sin principio, ni fin. Este paradigma viene influido por los trabajos de Antonio Blay y por el primer cristianismo asambleario (no el eclesiástico jerárquico), pero no se queda necesariamente en ellos.
La tercera postura que propongo es la demolición de la falsa jerarquía de las cualidades esenciales. Siguiendo a Simone Weil, para abolir la opresión hay que situar el trabajo manual en  el núcleo de la actividad económica, considerándolo un “valor supremo” y hacer desaparecer la separación entre los que piensan y los que hacen, entre los que dirigen y los que obedecen tanto en el ámbito económico, como político. No se trata de hacer descender a unos en derechos o privilegios, sino de elevarnos en deberes, todos. Los trabajadores tienen que elevarse a la categoría de verdaderos políticos y los políticos tienen que elevarse a la categoría de verdaderos trabajadores, porque una sociedad del amor no puede permitir la explotación, la esclavitud. Ni puede permitir la esclavitud, ni puede impedir que todos los seres humanos se eleven en las tres cualidades esenciales. Si un solo ser humano o país en lugar de conseguir su sustento trabajando con sus manos obliga a que otros lo hagan por él, aduciendo que esto es así porque se dedica a otros asuntos supuestamente más elevados, esto es esclavismo. Todo es elevado, la energía, el amor y la inteligencia. Ya es hora de superar la desigualdad, ya pasaron los tiempos de Aristóteles, donde se justificaba la desigualdad alegando que el esclavo es esclavo porque su naturaleza es esencialmente servil. ¡Basta ya!.
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		<title>A los problemas de la crisis multidimensional, la revolución integral</title>
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		<pubDate>Sat, 23 Feb 2013 09:35:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David</dc:creator>
				<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>

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		<description><![CDATA[Reproduzco un buen artículo de José Manuel Pérez Rivera, Licenciado en Prehistoria y Arqueología por la Universidad de Granada, miembro del 15M ceutí, y a continuación una apreciación personal. La crisis interna del hombre Estoy completamente de acuerdo en que la crisis exterior es un reflejo de la crisis interior del ser humano de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.upaya.es/wp-content/uploads/Cooperativa-Integral-Catalana-CIC-de-la-crítica-a-la-construcción.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1219" title="Cooperativa Integral Catalana" src="http://www.upaya.es/wp-content/uploads/Cooperativa-Integral-Catalana-CIC-de-la-crítica-a-la-construcción.jpg" alt="" width="600" height="350" /></a>Reproduzco un buen artículo de José Manuel Pérez Rivera, Licenciado en Prehistoria y Arqueología por la Universidad de Granada, miembro del 15M ceutí, y a continuación una apreciación personal.</p>
<p><a href="http://larenovaciondelavida.blogspot.com.es/2013/02/la-crisis-interna-del-hombre.html" target="_blank">La crisis interna del hombre</a></p>
<p><span id="more-1217"></span>Estoy completamente de acuerdo en que la crisis exterior es un reflejo de la crisis interior del ser humano de la modernidad, pero bajo mi punto de vista creo que una verdadera revolución en la autorrealización del hombre se dará cuando sepamos autoconstruirnos de forma integral y lo más equilibrada posible en las tres cualidades esenciales del hombre, la energía (el trabajo, el esfuerzo, …), el amor (la convivencia, la amistad, …) y la inteligencia (el conocimiento, el saber, la intuición, la reflexión, …), y que estas cualidades no queden supeditadas unas a las otras en forma jerárquica, unas como inferiores y otras como superiores. Platón en La República imaginó un mundo donde los filósofos decidían (inteligencia), los guardianes protegían y se cuidaban del orden (amor al Estado) y los artesanos trabajaban (energía) y no tenía ninguna intención en que los del orden más inferior tuvieran acceso a las cualidades “superiores”, incluso si era necesario para mantener el orden, los filósofos gobernantes estaban en la obligación de mentir &#8220;piadosamente&#8221; a los ciudadanos y la aversión y desprecio de Platón al trabajo manual se hacía evidente. En la India el sistema de castas encuentra su razón de ser en el cuerpo de Brahma, los Brāhmanes son la inteligencia, la cabeza del dios Brahma, y las capas inferiores corresponden a los artesanos, comerciantes, el vientre de Brahma y los esclavos, los pies de Brahma.</p>
<p>Esto se ha reproducido a lo largo de la historia infinidad de veces hasta hoy, por ejemplo, como dice Félix Rodrigo Mora en su libro &#8220;Tiempo, historia y sublimidad en el románico rural&#8221;, Bernardo de Claraval que tenía una concepción neoplatónica del alma y que fue responsable de la expansión de la orden del Cister &#8211; que es uno de los entes clave en la emergencia del Estado en la Baja Edad Media &#8211; diferenciaba a los seres humanos en espirituales y carnales (Apología a Guillermo). Esta orden de monjes contemplativos, renunció al trabajo manual por considerarse seres humanos espirituales y como no podían subsistir del aire crearon los hermanos conversos, campesinos no nobles, que no podían dedicarse al estudio como sus superiores y que tenían que atender el trabajo manual. Después de varias rebeliones de conversos se evolucionó también al uso de asalariados. La teoría sobre los cuatro grados de amor de Bernardo de Claraval son cuatro estadios ascendentes que dan apariencia de cristianismo a lo que en realidad es neoplatonismo. En el cuarto grado Dios admite al sujeto en su intimidad, se vuelve semejante a Dios y por lo tanto el sujeto espera la adoración, como Él, siendo en realidad un ascenso de la posesividad y del desamor en toda regla, donde el sujeto cree convertirse en divinidad, repudia el cuerpo y el trabajo manual ha de ser llevado por esclavos, siervos y asalariados, mientras el ser humano &#8220;espiritual&#8221; dedica su existencia a la colección de ventajas y logros para si mismo y para su institución. En el cristianismo primitivo, anterior al Concilio de Nicea, no hay grados, es una sociedad de iguales, con régimen de asambleas (eklesia) y comunidad de bienes (ver Hechos de los Apóstoles),  sin esclavos todos viven de su trabajo, porque una sociedad de amor no puede permitir la esclavitud en su seno. De hecho para los cristianos es Dios quien se hace hombre y trabaja con sus manos, Jesús era carpintero.</p>
<p>Simone Weil dio en la diana cuando dijo que la principal causa de opresión es la separación entre los que piensan y los que hacen, entre los que dirigen y los que obedecen tanto en el ámbito económico como político. Abolir la opresión, en efecto, transformando las condiciones materiales de la existencia humana: provocando un cambio en la concepción misma del trabajo que caracteriza a la civilización industrial. Construir un régimen social que se acercara a este ideal supondría, pues, modificaciones no sólo en el ámbito de la producción, sino también a nivel cultural, principalmente en lo que se refiere a la separación existente entre trabajo manual y trabajo intelectual. Copio un fragmento de un texto: “Habría que construir, pues, una primera representación: un ideal de la nueva civilización alejada de la religión de la economía y de la producción. Para Simone Weil sería aquella donde el trabajo manual fuese el núcleo de la actividad económica, considerado un “valor supremo”. En consecuencia, sería evaluado no por su productividad, sino como actividad vital del individuo; no sólo objeto de honores y de recompensas, sino estimado como una necesidad del ser humano que da sentido a su existencia. La futura civilización, en fin, revaloraría el trabajo manual, posicionándolo en el centro mismo de la cultura. Otorgar al trabajo tal jerarquía sería, sin duda, un verdadero logro revolucionario; un punto de partida para construir el mundo social alternativo. Revisar la condición del trabajo y su relación con la libertad, la justicia y la democracia significaba para Simone Weil, en suma, “la única conquista espiritual del pensamiento humano desde la civilización griega”.”.</p>
<p>Mi punto de vista es que las tres cualidades esenciales del hombre: energía, amor e inteligencia tienen que ser centrales en nuestra autorrealización, por una construcción más armónica de una futura sociedad, porque hoy muchos de los que defienden el desarrollo integral del ser humano todavía tienden a reproducir la jerarquización de las cualidades esenciales en la sociedad, pero la energía, el amor y la inteligencia en la realidad no tienen una relación jerárquica, como la trinidad, son una y trina, su separación cartesiana no es real y su jerarquización en la forma de clases sociales sólo responde a una arbitrariedad conveniente. Lo que se necesita es una revolución integral sustentada en la autorrealización integral del ser humano.</p>
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La crisis interna del hombre
Estoy completamente de acuerdo en que la crisis exterior es un reflejo de la crisis interior del ser humano de la modernidad, pero bajo mi punto de vista creo que una verdadera revolución en la autorrealización del hombre se dará cuando sepamos autoconstruirnos de forma integral y lo más equilibrada posible en las tres cualidades esenciales del hombre, la energía (el trabajo, el esfuerzo, …), el amor (la convivencia, la amistad, …) y la inteligencia (el conocimiento, el saber, la intuición, la reflexión, …), y que estas cualidades no queden supeditadas unas a las otras en forma jerárquica, unas como inferiores y otras como superiores. Platón en La República imaginó un mundo donde los filósofos decidían (inteligencia), los guardianes protegían y se cuidaban del orden (amor al Estado) y los artesanos trabajaban (energía) y no tenía ninguna intención en que los del orden más inferior tuvieran acceso a las cualidades “superiores”, incluso si era necesario para mantener el orden, los filósofos gobernantes estaban en la obligación de mentir &#8220;piadosamente&#8221; a los ciudadanos y la aversión y desprecio de Platón al trabajo manual se hacía evidente. En la India el sistema de castas encuentra su razón de ser en el cuerpo de Brahma, los Brāhmanes son la inteligencia, la cabeza del dios Brahma, y las capas inferiores corresponden a los artesanos, comerciantes, el vientre de Brahma y los esclavos, los pies de Brahma.
Esto se ha reproducido a lo largo de la historia infinidad de veces hasta hoy, por ejemplo, como dice Félix Rodrigo Mora en su libro &#8220;Tiempo, historia y sublimidad en el románico rural&#8221;, Bernardo de Claraval que tenía una concepción neoplatónica del alma y que fue responsable de la expansión de la orden del Cister &#8211; que es uno de los entes clave en la emergencia del Estado en la Baja Edad Media &#8211; diferenciaba a los seres humanos en espirituales y carnales (Apología a Guillermo). Esta orden de monjes contemplativos, renunció al trabajo manual por considerarse seres humanos espirituales y como no podían subsistir del aire crearon los hermanos conversos, campesinos no nobles, que no podían dedicarse al estudio como sus superiores y que tenían que atender el trabajo manual. Después de varias rebeliones de conversos se evolucionó también al uso de asalariados. La teoría sobre los cuatro grados de amor de Bernardo de Claraval son cuatro estadios ascendentes que dan apariencia de cristianismo a lo que en realidad es neoplatonismo. En el cuarto grado Dios admite al sujeto en su intimidad, se vuelve semejante a Dios y por lo tanto el sujeto espera la adoración, como Él, siendo en realidad un ascenso de la posesividad y del desamor en toda regla, donde el sujeto cree convertirse en divinidad, repudia el cuerpo y el trabajo manual ha de ser llevado por esclavos, siervos y asalariados, mientras el ser humano &#8220;espiritual&#8221; dedica su existencia a la colección de ventajas y logros para si mismo y para su institución. En el cristianismo primitivo, anterior al Concilio de Nicea, no hay grados, es una sociedad de iguales, con régimen de asambleas (eklesia) y comunidad de bienes (ver Hechos de los Apóstoles),  sin esclavos todos viven de su trabajo, porque una sociedad de amor no puede permitir la esclavitud en su seno. De hecho para los cristianos es Dios quien se hace hombre y trabaja con sus manos, Jesús era carpintero.
Simone Weil dio en la diana cuando dijo que la principal causa de opresión es la separación entre los que piensan y los que hacen, entre los que dirigen y los que obedecen tanto en el ámbito económico como político. Abolir la opresión, en efecto, transformando las condiciones materiales de la existencia humana: provocando un cambio en la concepción misma del trabajo que caracteriza a la civilización industrial. Construir un régimen social que se acercara a este ideal supondría, pues, modificaciones no sólo en el ámbito de la producción, sino también a nivel cultural, principalmente en lo que se refiere a la separación existente entre trabajo manual y trabajo intelectual. Copio un fragmento de un texto: “Habría que construir, pues, una primera representación: un ideal de la nueva civilización alejada de la religión de la economía y de la producción. Para Simone Weil sería aquella donde el trabajo manual fuese el núcleo de la actividad económica, considerado un “valor supremo”. En consecuencia, sería evaluado no por su productividad, sino como actividad vital del individuo; no sólo objeto de honores y de recompensas, sino estimado como una necesidad del ser humano que da sentido a su existencia. La futura civilización, en fin, revaloraría el trabajo manual, posicionándolo en el centro mismo de la cultura. Otorgar al trabajo tal jerarquía sería, sin duda, un verdadero logro revolucionario; un punto de partida para construir el mundo social alternativo. Revisar la condición del trabajo y su relación con la libertad, la justicia y la democracia significaba para Simone Weil, en suma, “la única conquista espiritual del pensamiento humano desde la civilización griega”.”.
Mi punto de vista es que las tres cualidades esenciales del hombre: energía, amor e inteligencia tienen que ser centrales en nuestra autorrealización, por una construcción más armónica de una futura sociedad, porque hoy muchos de los que defienden el desarrollo integral del ser humano todavía tienden a reproducir la jerarquización de las cualidades esenciales en la sociedad, pero la energía, el amor y la inteligencia en la realidad no tienen una relación jerárquica, como la trinidad, son una y trina, su separación cartesiana no es real y su jerarquización en la forma de clases sociales sólo responde a una arbitrariedad conveniente. Lo que se necesita es una revolución integral sustentada en la autorrealización integral del ser humano.
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		<title>El autogobierno de los pueblos</title>
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		<pubDate>Sat, 26 Jan 2013 08:51:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David</dc:creator>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>

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		<description><![CDATA[Os dejo una buena entrevista hecha por Karlos Luckas a Félix Rodrigo Mora, un soriano que apoya el derecho de autodeterminación de los pueblos de la península ibérica y que plantea un sistema donde el poder esté descentralizado y que recaiga en los barrios y municipios gobernados por asambleas vecinales como así fue con los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.upaya.es/wp-content/uploads/asamblea6.jpg"><img src="http://www.upaya.es/wp-content/uploads/asamblea6.jpg" alt="Asamblea popular" title="Asamblea popular" width="450" class="aligncenter size-full wp-image-1207" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">Os dejo una buena entrevista hecha por Karlos Luckas a Félix Rodrigo Mora, un soriano que apoya el derecho de autodeterminación de los pueblos de la península ibérica y que plantea un sistema donde el poder esté descentralizado y que recaiga en los barrios y municipios gobernados por asambleas vecinales como así fue con los concejos abiertos, un sistema de gobierno democrático muy antiguo (desde la Alta Edad Media) basado en asambleas vecinales, propio de los pueblos de la península ibérica. También critica como se está llevando a cabo el derecho de la autodeterminación en Catalunya y apoya que sea algo llevado a cabo por las clases populares y no instrumentalizado por los partidos políticos que hacen demagogia de ello. El derecho de autodeterminación de un pueblo significa que sus gentes autodeterminen sus condiciones de vida y decidan como quieren relacionarse con el resto de territorios, por ejemplo constituyendo una federación de pueblos o como pueblos independientes, etc.<span id="more-1202"></span></p>
<p style="text-align: justify;">A partir del minuto 23:00 cuando se le pregunta sobre el federalismo da una explicación breve sobre la historia de la península ibérica, sobre la diversidad de territorios (reinos, principados, condados, &#8230;), con su legislación propia, sus sistemas normativos, con organismos de autogobierno, por ejemplo Andalucía estaba dividida en cuatro reinos. A partir del siglo XIX todo esto se pierde, la revolución liberal elimina toda la legislación de tipo local y todos estos territorios se intentan unificar con la Constitución de 1812, con una sola ley, un idioma que es el castellano y sólo un aparato de gobierno, aunque en cierta medida se consigue esto es un fracaso, algunos idiomas desaparecen y otros sobreviven, hay una resistencia popular que fue aplastada por el ejército liberal, la gente se aferra a lo local, una constante en la historia de la península ibérica es la adhesión a lo local (caseríos, aldeas, municipios, comarcas, &#8230;). Lo que se valoraba sobretodo era el lugar donde uno había nacido, el municipio y la comarca.</p>
<p style="text-align: justify;">En la segunda parte del vídeo, entre otras cosas, se habla sobre el comunal, cuando se le pregunta si el Estado tendría que retornar todo el comunal que expropió, sobretodo en el siglo XIX con la desamortizaciones y se comenta que en la actualidad el comunal no sólo son tierras, también tendría que incluirse industria, etc. Os dejo una transcripción de un fragmento de esta segunda parte y a continuación las dos partes en vídeo de la entrevista:</p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Desamortización significa venta de las tierras que eran propiedad de los pueblos, de la gente de los comunales, estas tierras estaban amortizadas. Amortizadas significa muertas, muertas para el mercado, muertas para la circulación mercantil, amortizadas significa muertas porque no se podían vender, entonces como no circulaban no se podían cambiar por dinero o por otros bienes, no se podía tampoco hacer trueque con ellas, eran tierras muertas, entonces desamortizarlas es revivirlas para el mercado, es decir meterlas en el circuito mercantil, convertirlas en mercancía y darles un precio, eso es lo que se hizo en la revolución liberal en el siglo XIX. La revolución liberal crea un mercado de tierras que hasta entonces era débil, había poca tierra que se pudiera comprar y vender porque la tierra se consideraba un bien de uso (no un bien de cambio), algo que la gente tenía derecho a utilizar por nacer en un pueblo y es lo lógico, si se piensa, si vives en un pueblo la mayoría del término municipal debe estar al servicio de quienes viven en ese pueblo y no un bien de mercado que puede llegar alguien de cuatrocientos kilómetros de allí y comprar tus tierras, ¿entonces como vives tu?. Esto sucedía, entonces la mayoría de tierras que se desamortizan las compra gente de Madrid directamente o por testaferros interpuestos, gente que tenían dinero en Madrid en cada provincia se dotaban de un testaferro que luego iban a las subastas de tierras y se quedaban con las tierras aparentemente para él, luego todo ello estaba con unas garantías para que las tierras revirtieran en los propietarios de Madrid. Esto hizo que en muchos territorios se perdieran partes decisivas del término municipal, a veces eran los propios vecinos que se veían obligados a comprar las tierras que llevaban desde siglos trabajando, les fueron expropiadas, entonces para quedarse con sus tierras tuvieron que comprarlas.&#8221;</p>
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Os dejo una buena entrevista hecha por Karlos Luckas a Félix Rodrigo Mora, un soriano que apoya el derecho de autodeterminación de los pueblos de la península ibérica y que plantea un sistema donde el poder esté descentralizado y que recaiga en los barrios y municipios gobernados por asambleas vecinales como así fue con los concejos abiertos, un sistema de gobierno democrático muy antiguo (desde la Alta Edad Media) basado en asambleas vecinales, propio de los pueblos de la península ibérica. También critica como se está llevando a cabo el derecho de la autodeterminación en Catalunya y apoya que sea algo llevado a cabo por las clases populares y no instrumentalizado por los partidos políticos que hacen demagogia de ello. El derecho de autodeterminación de un pueblo significa que sus gentes autodeterminen sus condiciones de vida y decidan como quieren relacionarse con el resto de territorios, por ejemplo constituyendo una federación de pueblos o como pueblos independientes, etc.
A partir del minuto 23:00 cuando se le pregunta sobre el federalismo da una explicación breve sobre la historia de la península ibérica, sobre la diversidad de territorios (reinos, principados, condados, &#8230;), con su legislación propia, sus sistemas normativos, con organismos de autogobierno, por ejemplo Andalucía estaba dividida en cuatro reinos. A partir del siglo XIX todo esto se pierde, la revolución liberal elimina toda la legislación de tipo local y todos estos territorios se intentan unificar con la Constitución de 1812, con una sola ley, un idioma que es el castellano y sólo un aparato de gobierno, aunque en cierta medida se consigue esto es un fracaso, algunos idiomas desaparecen y otros sobreviven, hay una resistencia popular que fue aplastada por el ejército liberal, la gente se aferra a lo local, una constante en la historia de la península ibérica es la adhesión a lo local (caseríos, aldeas, municipios, comarcas, &#8230;). Lo que se valoraba sobretodo era el lugar donde uno había nacido, el municipio y la comarca.
En la segunda parte del vídeo, entre otras cosas, se habla sobre el comunal, cuando se le pregunta si el Estado tendría que retornar todo el comunal que expropió, sobretodo en el siglo XIX con la desamortizaciones y se comenta que en la actualidad el comunal no sólo son tierras, también tendría que incluirse industria, etc. Os dejo una transcripción de un fragmento de esta segunda parte y a continuación las dos partes en vídeo de la entrevista:
&#8220;Desamortización significa venta de las tierras que eran propiedad de los pueblos, de la gente de los comunales, estas tierras estaban amortizadas. Amortizadas significa muertas, muertas para el mercado, muertas para la circulación mercantil, amortizadas significa muertas porque no se podían vender, entonces como no circulaban no se podían cambiar por dinero o por otros bienes, no se podía tampoco hacer trueque con ellas, eran tierras muertas, entonces desamortizarlas es revivirlas para el mercado, es decir meterlas en el circuito mercantil, convertirlas en mercancía y darles un precio, eso es lo que se hizo en la revolución liberal en el siglo XIX. La revolución liberal crea un mercado de tierras que hasta entonces era débil, había poca tierra que se pudiera comprar y vender porque la tierra se consideraba un bien de uso (no un bien de cambio), algo que la gente tenía derecho a utilizar por nacer en un pueblo y es lo lógico, si se piensa, si vives en un pueblo la mayoría del término municipal debe estar al servicio de quienes viven en ese pueblo y no un bien de mercado que puede llegar alguien de cuatrocientos kilómetros de allí y comprar tus tierras, ¿entonces como vives tu?. Esto sucedía, entonces la mayoría de tierras que se desamortizan las compra gente de Madrid directamente o por testaferros interpuestos, gente que tenían dinero en Madrid en cada provincia se dotaban de un testaferro que luego iban a las subastas de tierras y se quedaban con las tierras aparentemente para él, luego todo ello estaba con unas garantías para que las tierras revirtieran en los propietarios de Madrid. Esto hizo que en muchos territorios se perdieran partes decisivas del término municipal, a veces eran los propios vecinos que se veían obligados a comprar las tierras que llevaban desde siglos trabajando, les fueron expropiadas, entonces para quedarse con sus tierras tuvieron que comprarlas.&#8221;


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		<title>Derechos y deberes</title>
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		<pubDate>Sun, 30 Dec 2012 11:03:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David</dc:creator>
				<category><![CDATA[Humanidades y ciencias sociales]]></category>

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		<description><![CDATA[La sociedad libre significó para Simone Weil un ideal del cual sería posible alcanzar una aproximación real. Abolir la opresión, en efecto, transformando las condiciones materiales de la existencia humana: provocando un cambio en la concepción misma del trabajo que caracteriza a la civilización industrial. Construir un régimen social que se acercara a este ideal [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;margin-bottom: 5px"><a href="http://www.upaya.es/wp-content/uploads/seguid_robando.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1197" title="Seguid robando. Pero dadnos trabajo" src="http://www.upaya.es/wp-content/uploads/seguid_robando.jpg" alt="" width="450" /></a>La sociedad libre significó para Simone Weil un ideal del cual sería posible alcanzar una aproximación real. Abolir la opresión, en efecto, transformando las condiciones materiales de la existencia humana: provocando un cambio en la concepción misma del trabajo que caracteriza a la civilización industrial. Construir un régimen social que se acercara a este ideal supondría, pues, modificaciones no sólo en el ámbito de la producción, sino también a nivel cultural, principalmente en lo que se refiere a la separación existente entre trabajo manual y trabajo intelectual.<span id="more-1195"></span></p>
<p style="text-align: justify;">La causa de la opresión es la separación entre los que piensan y los que hacen, entre los que dirigen y los que obedecen, entre los que tienen el control de los medios de producción y los que reciben un salario, entre los que presuntamente administran los recursos &#8220;públicos&#8221; y los que pagan los impuestos, etc.</p>
<p style="text-align: justify;">Si alguien tiene el poder omnímodo de dar, tienen también el poder omnímodo de quitar o de dejar de dar.</p>
<p style="text-align: justify;">Ante la servil frase, cómplice de la degradación humana: &#8220;Seguid robando! pero dadnos trabajo&#8221;, sería más liberador y autoconstructor de lo humano un &#8220;Quitaros de en medio. Vamos a construir un mundo nuevo sin separación entre los que deciden y los que hacen&#8221;.</p>
<p style="text-align: justify;">
<div id="_mcePaste">“La noción de obligación está por encima de la de derecho, la cual le está subordinada y es relativa a ella. Un derecho no es eficaz por sí mismo, sino sólo por la obligación a la que corresponde; el cumplimiento efectivo de un derecho proviene, no de quien lo posee, sino de los demás hombres, que se reconocen obligados en algo hacia el portador del derecho&#8230;</div>
<div>&#8230;Un hombre, considerado en sí mismo, sólo tiene deberes, entre los que se encuentran deberes hacia sí mismo. Tiene derechos, por su parte, cuando es considerado desde el punto de vista de los otros, que reconocen obligaciones hacia él. Un hombre que estuviera solo en el universo no tendría ningún derecho, pero tendría obligaciones” (L’Enracinement &#8211; Simone Weil)</div>
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La causa de la opresión es la separación entre los que piensan y los que hacen, entre los que dirigen y los que obedecen, entre los que tienen el control de los medios de producción y los que reciben un salario, entre los que presuntamente administran los recursos &#8220;públicos&#8221; y los que pagan los impuestos, etc.
Si alguien tiene el poder omnímodo de dar, tienen también el poder omnímodo de quitar o de dejar de dar.
Ante la servil frase, cómplice de la degradación humana: &#8220;Seguid robando! pero dadnos trabajo&#8221;, sería más liberador y autoconstructor de lo humano un &#8220;Quitaros de en medio. Vamos a construir un mundo nuevo sin separación entre los que deciden y los que hacen&#8221;.

“La noción de obligación está por encima de la de derecho, la cual le está subordinada y es relativa a ella. Un derecho no es eficaz por sí mismo, sino sólo por la obligación a la que corresponde; el cumplimiento efectivo de un derecho proviene, no de quien lo posee, sino de los demás hombres, que se reconocen obligados en algo hacia el portador del derecho&#8230;
&#8230;Un hombre, considerado en sí mismo, sólo tiene deberes, entre los que se encuentran deberes hacia sí mismo. Tiene derechos, por su parte, cuando es considerado desde el punto de vista de los otros, que reconocen obligaciones hacia él. Un hombre que estuviera solo en el universo no tendría ningún derecho, pero tendría obligaciones” (L’Enracinement &#8211; Simone Weil)
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